viernes, 12 de abril de 2024

Sea discreto

Pero deténgase por un instante a mirar la pupila desvestida del otro, allí está la alegría o la angustia, la verdad o el disfraz, la franqueza de los que miran de frente o la esquiva de los que buscan el suelo para esconder los engaños...

Julio Cesar Sánchez Guerra en Exclusivo 22/02/2024
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Mafalda, caricatura creada por Joaquín Salvador Lavado, Quino
Tengo ante mis ojos el significado de la palabra discreción: sensatez para formar juicio y tacto para hablar u obrar.

Tengo ante mis ojos el significado de la palabra discreción: sensatez para formar juicio y tacto para hablar u obrar. No siempre somos tan sensatos. ¿Se ha encontrado usted con personas que te miran de abajo hasta arriba como si fueras una especie rara o como si te hicieran un examen médico más detallado que el que realizan a un joven antes de entrar al servicio militar?; mientras usted les habla, estudian los zapatos, la ropa, modelo del reloj, apenas tienen tiempo de mirarte a los ojos cuando ya cae la despedida.

Otros inician el saludo con un “¡Pero qué flaco estás!” o “¡Cómo has engordado!”. No se detienen a pensar si la persona está padeciendo una enfermedad o si intenta desesperadamente bajar de peso; tales comentarios podrían dañar la autoestima o un proceso de recuperación. A una misma persona le pueden decir que está muy gorda y muy flaca, entonces hay que recordar el cuento del viejo, el joven y el burro, nunca se queda bien.

“¡Oye, ¡qué viejo estás!” Venga acá, ¿y el tiempo no pasa? A veces lo dicen quienes también están viejos; para esos casos la mejor respuesta es esta: “Es que a veces soy un espejo”.

“¡Qué calvo estás!”, le comentan a un descabellado. A propósito, ser calvo es algo extraordinario; por aquí tengo unos versos de un poeta argentino, Eduardo Platero: “Estoy esperando/ que la lluvia cese/ para ver en los charcos/ el cielo a mis pies”. Pues bien, la plenitud de una calvicie permite el reflejo de todo lo que pasa allá arriba. Por el techo superior de un calvo pasan cirros, fugaces golondrinas y no hay que esperar por la lluvia porque el cielo está al alcance de las manos, sin mencionar que se puede prescindir de los espejos y los peines.

Algunos comentan con otros acerca de la que es “tremenda pesá”; y así van sembrando prejuicios y antipatías; son una especie de mensajeros de la mala fama; después, cuando usted conoce a la persona resulta que es todo lo contrario: buena compañera, franca, comprensiva, tierna y como todos, con su dosis de defectos humanos.

No faltan los que cuando van a casa ajena hacen verdaderos inventarios, observan todo con poca discreción, al mismo tiempo sacan cuentas de cómo va la economía doméstica; claro que usted puede decir, “¡qué bonita está la casa!”, pero no cargue con todos los muebles, prefiera el verso de Vicente Huidobro: “Amueblo el mundo con mis ojos”.

Qué me dice del vecino que toca la puerta con la última noticia: “¡Te enteraste de lo que le pasó a fulano!”. Y allá va la curiosidad de hurgar en la vida privada de la gente. Hay un proverbio que Samuel Feijóo incluye en el Cantar y el saber de Juan sin Nada: “Las personas pequeñas discuten las personas, las medianas los sucesos y las grandes discuten las ideas”. Es preferible que el vecino, tras la tacita de café, traiga una taza de buena compañía.

Si usted se encuentra con alguien en una esquina, no olvide nunca el consejo del Principito: “Lo esencial es invisible a los ojos, se ve solo con el corazón”.

Pero deténgase por un instante a mirar la pupila desvestida del otro, allí está la alegría o la angustia, la verdad o el disfraz, la franqueza de los que miran de frente o la esquiva de los que buscan el suelo para esconder los engaños. En los ojos está el mejor espejo que nos habla del alma que reside en las entrañas del hombre. Sea discreto.


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Julio Cesar Sánchez Guerra

Pinero de corazón. Pilonero de nacimiento. Cubano 100 por ciento. También vengo de todas partes y hacia todas partes voy. Practicante ferviente de la fe martiana. Apasionado por la historia, la filosofía y la poesía.


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