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domingo, 7 de junio de 2026

Cuando un hijo se va (+Fotos)

A través de la historia de una madre marcada por la partida de su hijo, el espectáculo explora la pérdida, la memoria, los sueños truncados y la capacidad de resistir ante la separación familiar...

Reynaldo Zaldívar en Exclusivo 07/06/2026
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Cuando un hijo se va
Cuando un hijo se va (Reynaldo Zaldívar / Cubahora)

La emigración ha dejado de ser únicamente un fenómeno demográfico para convertirse en una herida emocional que atraviesa a miles de familias. Detrás de cada partida quedan habitaciones vacías, fotografías que cobran nuevos significados y despedidas que, muchas veces, no tienen fecha de regreso. Entre quienes cargan con mayor intensidad ese dolor están las madres, obligadas a convivir con la ausencia, la incertidumbre y la esperanza persistente de volver a abrazar a sus hijos.

Esa realidad, tan presente en la sociedad cubana contemporánea, es el eje de Cuando un hijo se va, obra dramática de la autoría de Fermín López e interpretada por la Compañía de Narración Oral Palabras al Viento, de Holguín. A través de la historia de una madre marcada por la partida de su hijo, el espectáculo explora la pérdida, la memoria, los sueños truncados y la capacidad de resistir ante la separación familiar.

Fermín López, autor de la obra.

Conversamos con Fermín López sobre el origen de la obra, su proceso de creación y los símbolos que conforman una puesta en escena que dialoga con una experiencia tan íntima como colectiva. Estas son sus palabras:

La obra surge a partir de una experiencia profundamente humana y universal: la partida de un hijo. Inicialmente nació como un primer texto escrito con la intención de homenajear y recordar ese momento tan significativo para las familias, especialmente para las madres. La historia se centra en esa realidad que ha acompañado a la humanidad durante siglos: los hijos parten, ya sea hacia la guerra, en busca de nuevos horizontes o persiguiendo sueños. Algunos regresan, otros no”.

La protagonista es una madre que, al conocer la partida de su hijo, toma una decisión radical: abandonarlo todo para salir a buscarlo. Incluso está dispuesta a regresar sin él. La obra refleja cómo estos acontecimientos marcan profundamente a las familias y cómo, en el contexto actual de nuestro país, la emigración y la separación familiar han convertido esta experiencia en una realidad especialmente cercana. Se trata de familias desmembradas que muchas veces no logran recuperar lo que han perdido, sino que van dejando fragmentos de sí mismas en el camino”.

La estructura dramática se construye a partir de tres etapas de la misma madre, interpretadas por tres actrices diferentes. La primera representa a la mujer que recibe la noticia de la partida de su hijo; la segunda encarna a la madre que decide emprender la búsqueda; y la tercera muestra a quien regresa sin haber podido reencontrarse con él”.

Uno de los elementos más emotivos del montaje fue incorporado posteriormente mediante un trabajo colectivo: una carta que el hijo escribe a sus padres. En ella se reflejan las ilusiones con las que partió y cómo esas expectativas se derrumban al enfrentarse a una realidad que termina absorbiéndolo. A través de este texto también se quiso representar a tantas personas que abandonan todo llenas de sueños y que, por diversas circunstancias, nunca pueden volver al regazo de sus seres queridos”.

El espectáculo funciona como un collage de diferentes elementos artísticos. La música en vivo, interpretada por Yanko León, ocupa un lugar fundamental dentro de la puesta en escena, al punto de considerarse uno de los grandes tesoros de la obra. Incluso una de sus canciones forma parte del espectáculo. Asimismo, el vestuario evita cualquier referencia temporal específica: combina prendas de distintas épocas para reforzar la idea de que la historia puede ocurrir en cualquier tiempo. Lo mismo sucede con el mobiliario, compuesto por sillas y banquetas diferentes entre sí”.

La representación comienza en una especie de sala doméstica llena de recuerdos dispersos por el suelo. Una línea marcada en el piso funciona como una barrera simbólica que indica el único camino posible para transitar. Este espacio recibe el nombre de “centro de control” y constituye la primera de las tres grandes escenas de la obra. Allí se plantea la necesidad de conocer detalles sobre quienes llegan y quienes parten”.

En este punto también se involucra al público. Durante cada función se selecciona a una madre entre los asistentes y, en cuestión de segundos, se la caracteriza para que pregunte por el nombre de alguien que ha partido. Esta interacción permite conectar la ficción con las experiencias reales de quienes presencian la obra. El espectáculo continúa en proceso de crecimiento y transformación, capaz de incorporar o modificar elementos según los acontecimientos que ocurran en el entorno social”.

Otro momento importante del montaje es una escena dedicada a tres figuras femeninas emblemáticas: Yerma, Madre Coraje y Lucía, junto con un texto de la Madre Teresa de Calcuta. Esta secuencia, aunque breve, tiene potencial para desarrollarse como una obra independiente”.

La presencia de Yerma (Obra teatral escrita por Federico García Lorca en 1934) responde a su condición de símbolo de la maternidad frustrada, de la mujer que anheló tener hijos y nunca pudo cumplir ese deseo. Lucía, personaje histórico, madre del Mayor General Calixto García Íñigez, representa el valor y la determinación de una mujer capaz de proteger a sus hijos a cualquier precio. El fragmento utilizado muestra el momento en que disfraza a uno de ellos de mujer para evitar que sea llevado a la guerra por los soldados españoles. Madre Coraje, por su parte, encarna la fuerza necesaria para defender a los seres queridos frente a la devastación de los conflictos bélicos. Finalmente, la Madre Teresa de Calcuta aparece a través de sus palabras, elegidas por la firmeza y profundidad de su mensaje, más allá de las distintas opiniones que puedan existir sobre su figura”.

Desde la llegada del público al espacio escénico, la obra busca crear una atmósfera inmersiva. Mientras los espectadores atraviesan el centro de control, escuchan voces y discusiones domésticas. Estas conversaciones cotidianas representan los conflictos familiares que, en muchos casos, impulsan a las personas a marcharse. Al mismo tiempo, los asistentes observan fotografías antiguas y elementos escenográficos cuyo significado descubrirán más adelante. Los diálogos que se escuchan varían de una función a otra y pueden remitir tanto a problemas contemporáneos como a situaciones de épocas pasadas, estableciendo un vínculo directo con los acontecimientos que posteriormente se desarrollarán en la escena”.

En conjunto, la obra constituye una reflexión sobre la maternidad, la emigración, la pérdida, la memoria y la esperanza. A través de múltiples lenguajes artísticos y referencias culturales, rinde homenaje a todas aquellas madres que han tenido que enfrentar la partida de sus hijos y convivir con la incertidumbre de su regreso”.

 


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Reynaldo Zaldívar

Escritor y martiano. Papá de Salma.


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