La semana de receso docente que coincide en abril con el aniversario de la victoria de Playa Girón es en Cuba una pausa bien recibida por estudiantes, profesores y la familia en general. Muchos planes de diversión se encuentran en esos días y, a veces, nada más cambia el lugar, porque es el mismo grupo que salió del aula y va unido a la playa, a una feria de cualquier tipo, al parque más cercano o a la fiesta improvisada que está convocando un camarada.
Por supuesto que antes, esas aventuras de adolescentes y jóvenes tenían mayor efervescencia. Aunque sin un estudio sociológico preciso, vale afirmar que las limitaciones con el combustible en el país mellan sucesivamente la movilidad en transporte público, la sesión programada de karaoke en la que no reparó la electricidad, y la economía familiar que resiste los altos precios que deciden imponer otros porque para su realidad, son las mismas dificultades.
Pero más allá de los desafíos cotidianos, siempre hay una generación que se abstiene de pensar en lo maravilloso de tomarse un descanso incluso durante unos días de receso escolar. Esa generación tiene año tras año un componente relevante en el duodécimo grado, etapa previa al ingreso a la universidad.
Pues, sí. Quienes ocupan el final del Preuniversitario saben por lo general cuánto vale dar el máximo para transitar un camino seguro a la Educación Superior. Quienes todavía creen en la virtud de los exámenes de ingreso han construido desde lo individual o lo colectivo una trinchera para el estudio, donde abrazan la esperanza del éxito.
Como afirman directivos del Ministerio de Educación Superior, el proceso de ingreso mantiene como características el rigor, la transparencia y el respeto al mejor derecho de los aspirantes. De modo que aquellos estudiantes que han repasado minuciosamente los objetivos a evaluar y que pudieran obtener buenos resultados, tienen mayores posibilidades de alcanzar la carrera deseada.
Posteriormente, para quienes obtengan resultados discretos e incluso para quienes decidan no presentarse a los exámenes habrá oportunidades de plazas. Un gesto con rasgos positivos o negativos, dependiendo de donde se mire, pero que no pretende perjudicar a aquellos que por sus resultados se ubican en los primeros lugares y tienen reservado el respeto al mejor derecho.
Si en 2025 los cortes de electricidad ya circundaban a quienes decidieron asumir el proceso de ingreso; en 2026, otros factores derivados de las limitaciones con los combustibles se unen a ese, obligando a pensar si cuanto hacemos vale la pena o no. En todo caso, aunque la batalla por la calidad del aprendizaje nos demande el doble, siempre valdrá la pena el esfuerzo que nace de lo individual para conseguir frutos en ese ámbito y en lo colectivo.
En las actuales circunstancias ninguna esfera del país ha “colgado los guantes”. Varias son las alternativas para continuar con los procesos. Así lo confirma el sector educativo que mantiene vitalidad y en vez de suprimir las pruebas de ingreso, las pospuso de mayo a junio, para facilitar unos días más de preparación y para que cada individuo tenga abierta esa puerta para luchar con actitud y conocimientos por su futuro.

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