sábado, 13 de julio de 2024

¿Por qué y para qué una Cumbre de las Américas? (+Video)

La cita regional organizada por Washington enfrenta el reto de atraer a los países hartos del paternalismo político promovido desde la Casa Blanca...

Haroldo Miguel Luis Castro en Exclusivo 06/06/2022
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Biden con duda
La exclusión de Cuba, Venezuela y Nicaragua del cónclave le ha supuesto un enorme problema a Biden (Foto: Asocciated Press).

Lo podemos asegurar ya. Sin importar cuanto ocurra o se diga durante los próximos días, la IX Cumbre de las Américas pasará a la historia como un auténtico fracaso para sus organizadores. Uno que se ha fraguado bajo la sombra de los anacrónicos presupuestos del panamericanismo norteamericano.

Joseph R. Biden y su administración pagarán en California un alto coste político por haber abordado la región desde narrativas erradas. No solo por tener la osadía de repetir las fórmulas de dominación imperial de antaño, sino también por mostrar un enorme desconocimiento sobre el contexto latinoamericano y caribeño actual.

Hablamos de una cita que, a horas de comenzar, transmite serias dudas con relación a la agenda a discutir y ni siquiera ha confirmado la lista de naciones participantes. La estrategia de encarnar el rol de abusador de colegio para “liderar” y “establecer orden”— ha quedado claro— fue el peor de los movimientos posibles para un gobierno que con la reunión buscaba, a priori, contrarrestar la influencia económica de China en el área, reparar las relaciones dañadas en la era Trump y frenar el flujo ilegal de emigrantes.

La decisión de excluir a Cuba, Nicaragua y Venezuela del cónclave por transgredir los cánones democráticos establecidos en los círculos de poder de EE.UU. resultó la señal decisiva para anticipar un acercamiento incapaz de abordar con seriedad temas medulares. Situación que provocó el rechazo de la inmensa mayoría de los países y la duda de sus asistencias al encuentro.

El presidente estadounidense dedicó, en vano, semanas para solucionar el entuerto; y hasta la Primera Dama, Jill Biden, realizó una gira por Ecuador, Panamá y Costa Rica con el objetivo de garantizar cuórum ante la posibilidad real de echar en falta a Bolivia, Honduras, El Salvador, Guatemala, el bloque de los 14 territorios caribeños y otros tantos   

Con el carácter discriminatorio y exclusivo del concilio, Biden arruina la opción de encontrar soluciones efectivas a la crisis migratoria. Y si el mandatario mexicano, Andrés Manuel López Obrador, rechaza la invitación, o envía a un funcionario de menor jerarquía, se vería imposibilitado de conseguir acuerdos importantes. 

En cualquier caso, la actitud asumida por casi la totalidad de los estados habla de un nuevo escenario para América Latina y el Caribe, alejado de los destinos manifiestos y del tóxico paternalismo de EE.UU. Una realidad que parte del reconocimiento de las diferencias entre los miembros de la región y de la voluntad de diálogo y el consenso en pos de la coexistencia pacífica y, por supuesto, el desarrollo.

La postura reconoce, además, los años de lucha de los pueblos enfrentados de manera directa al entramado imperial. Sobre todo, el de Cuba, símbolo moral del continente a fuerza de resistencia y principal obstáculo para la materialización de la política hegemónica prevista por Washington.

En la Casa Blanca saben que manejan una bomba de relojería a punto de estallar. Esta vez parece haber, en definitiva, demasiado circo para muy poco público.  


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Haroldo Miguel Luis Castro

Periodista y podcaster


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