viernes, 19 de julio de 2024

El VII Congreso del Partido entre principios, expectativas y mitos (I)

La población confía en la unidad y la ideología del Partido que dirige nuestra sociedad, en su fidelidad a los principios, capacidad para buscar soluciones y enfrentar sus propios errores...

Frank Agüero Gómez en Exclusivo 29/03/2016
2 comentarios

Pocas semanas nos separan para que comiencen las sesiones del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), anunciadas para el histórico mes de abril.

No se trata de una ordinaria reunión partidista, sino del máximo evento que delinea las políticas de la sociedad cubana, cuyas reflexiones y acuerdos reflejan la decisión del pueblo expresada en la Constitución de la República y recogida en los Estatutos del PCC.

La Constitución es la Ley de leyes del país, define como principio cardinal que la soberanía radica en la voluntad expresada por el pueblo cubano, asegurada y protegida por las instituciones de la República, y en ella se asienta con palabras claras el papel político rector del Partido Comunista de Cuba.

Precisamente, el pueblo de la mayor de las Antillas aprobó en 1992 y ratificó más de una vez su reconocimiento a la Constitución socialista de la República, virtualmente por unanimidad. Como han expresado los máximos dirigentes de la Revolución, todo cuanto se “ate o desate” en la sociedad cubana tiene que regirse por la constitución socialista del país y por las leyes de la República y el partido asume la responsabilidad de ser el garante de eso, tal es su papel fundamental como fuerza dirigente superior de la sociedad cubana.

Desde el 16 de abril de 1961 la Revolución definió su carácter socialista, comprometida a defender ante todo los intereses de clase de los humildes, por los humildes y para los humildes, y bajo ese concepto fueron al combate los trabajadores, campesinos, combatientes, estudiantes, intelectuales, salidos muchos de ellos de miles de familias cubanas que cifraban la esperanza de vida mejor en los cambios iniciados en 1959.

Con sangre de cientos de vidas jóvenes se patentizó el derecho a proseguir ese destino, en días y años de fieras batallas frente a la invasión mercenaria en Girón y en lucha contra los peones del imperio que no aceptaban el cambio de protagonismo en el poder del país.

Entonces no existía el Partido que hoy tenemos —constituido en gran parte por militantes con formación profesional, técnica o con más de doce años de enseñanza sistemática, pertenecientes a varias generaciones de cubanos y cubanas— ni eran adultos la mayoría de sus actuales afiliados, y, por supuesto, serían muy pequeños o no habían nacido las decenas de miles que ganaron con honor merecer el carné que acredita su compromiso formal con la obra de la Revolución y su futuro.

Los más viejos y los recién llegados, así como los que se preparan para serlo, tienen en común como filosofía de vida lo que está inscripto en la carátula interior del documento rojo partidario, donde se afirman principios vitales de la organización política de vanguardia.

Estos son: la unidad y la ideología que identifica a la militancia partidista, virtudes revolucionarias por las cuales se ingresa a sus filas, vinculación con las masas, amén de otros principios de organización que sustentan aquellos y se traducen en normas disciplinarias internas, acatados voluntariamente por todos los que entran y se mantienen dentro de la vanguardia política del pueblo cubano.

Remarcando el valor y la dialéctica interna de estos principios, el Comandante en Jefe Fidel Castro, fundador de la Revolución y del Partido que la dirige, señalaba:

“Que nuestra autoridad no emane de ser el Partido de la Revolución o de la autoridad que nos da el Partido por si mismo, sino que nuestra autoridad emane siempre de la idea, del concepto que el pueblo tenga de los militantes y de los cuadros del Partido”.

Estos conceptos están tan vigentes como cuando se formularon, no porque se pretenda sacarlos del baúl de los recuerdos, sino por la confianza que la población deposita en sus instituciones políticas y las organizaciones que la representan.

Aquel pueblo humilde que se liberó a sí mismo de la tiranía usurpadora y obediente del imperio del norte, como todos los gobiernos de la república mediatizada, que desde 1959 pudo ocupar el poder real en todos los ámbitos de la nación, espera del Partido y de sus militantes la luz confiable para orientar su futuro ante falsos destellos y promesas ilusorias.

Fue así desde que se decidió construir el socialismo, atenazado el poder de la joven Revolución por la amenaza militar externa, bandas contrarrevolucionarias en todas las montañas del país y las primeras medidas de guerra económica mantenida e incrementada durante más de seis décadas.

A lo anterior, suman el aislamiento internacional complementando el criminal bloqueo y, además, con una población carente de los profesionales necesarios para gobernar y crear un nuevo Estado democrático, popular y socialista. 

MANTENIENDO LA TEA ENCENDIDA

Cada época requirió nuevos conceptos, implementar soluciones y mantener la tea encendida alumbrando hacia el socialismo, con el pueblo como protagonista y garante de la Revolución, empeñado el soberano en preservar su propia obra independientemente de las condiciones externas y los inevitables tropiezas en un proyecto delineado para conquistar la felicidad del ser humano.

No es necesario adentrarse demasiado en tiempos pretéritos, sino solamente tomar como ejemplo los tres eventos anteriores ocurridos en un lapso de poco más de dos décadas:

*1986: el Tercer Congreso del Partido formuló un recuento de los avances de la sociedad cubana, pero dedicó mayor énfasis a exponer las causas y denunciar, con toda claridad, los errores y deficiencias que habían venido afectado la construcción del socialismo, irritaban a la población y destruían valores éticos de la moral socialista, en formación y con sólidas raíces en la historia cubana.

Fidel profundizó el proceso de crítica recién iniciado días antes, precisó las orientaciones para acometerlo con serenidad y firmeza, analizando ante el pueblo la naturaleza de los errores y desviaciones, no sólo en la dirección de la economía, sino también de carácter político-ideológico.

Con sus principales dirigentes e instituciones al frente, el pueblo enfrentó los problemas y comenzaron a verse los primeros frutos, interrumpidos abruptamente por factores extraterritoriales: el derrumbe del socialismo en Europa y la desaparición de la Unión Soviética, posibilidad advertida por el líder de la Revolución cubana en público desde mediado de 1989. 

El Partido, con Fidel y Raúl en la vanguardia, llamaron a resistir, enseñaron a trabajar en las más precarias condiciones, abrir nuevas fuentes de ingreso para la economía del país, salvar las conquistas históricas de la Revolución, estrechar aún más la unidad de la población y la conciencia de los trabajadores, asegurar la defensa del país con la doctrina de la preparación para la guerra de todo el pueblo, apoyada en la integridad de la dirección político-militar y económica y la autosostenibilidad de los territorios.

Se hizo popular la consigna: Si, se puede, que recorrió campos, ciudades y se adueñó de la voluntad de la mayoría de patriotas, renuentes a traicionar la independencia y soberanía nacional, a pesar de los peligros y amenazas externas, ni renunciar a los compromisos internacionales propios de la ideología revolucionaria, exigencia del imperio del norte para torcer el rumbo hacia la dirección por ellos deseada.

Con el concurso de decenas de miles de combatientes cubanos, junto a unidades angolanas, namibias y zimbabuenses, se logró frenar definitivamente las ambiciones racistas en el continente africano, garantizar la independencia de la República Popular de Angola, la liberación de Nelson Mandela y, más tarde, la sustitución del régimen del Apartheid, y la proclamación como repúblicas independientes de Namibia y de Zimbabue.

*El Cuarto Congreso, ( 1991), preparó al Partido, a las instituciones y a la población para enfrentar el inicio de la crisis económica derivada de aquellos trágicos acontecimientos, que conllevaron a la pérdida del 70 por ciento del producto interno bruto y de más del 90 por ciento del comercio exterior del país, dependiente de los abastecimientos de procedencia socialista europea.

Un llamamiento formulado en la primera etapa del evento, discutido por millones de cubanos, dejaba claro que no había otra solución sino seguir luchando, esta vez prácticamente solos y con amigos de la solidaridad, quienes con el inmenso valor moral del apoyo de los oprimidos del mundo alentaba a fomentar relaciones económicas y políticas en la nueva correlación internacional de fuerzas.

En palabras de Fidel, durante la clausura del evento, quedó claro cuáles eran los caminos y quiénes los protagonistas de las batallas futuras:

“Nosotros, y solo nosotros, podemos y debemos resolver nuestros problemas, enfrentar y resolver este desafío porque, ciertamente, si el imperialismo pudiera poner de rodillas a nuestra patria e instaurar de nuevo aquí el capitalismo, no quedaría ni el polvo de los huesos de nuestros héroes, de nuestros mártires, de nuestros combatientes internacionalistas, de aquellos que nos precedieron en esta lucha, de aquellos ante los cuales nos inclinamos respetuosos para rendir tributo cada día de nuestras vidas.

”¡Esto es lo que significa nuestra lucha, esto es lo que significa salvar la patria, la Revolución y el Socialismo!”.

El Partido, el Gobierno y el Estado eliminaron barreras artificiales que disgregaban la fuerza de la unidad del pueblo, por razones de creencias religiosas o preferencias sexuales, convirtiéndose de hecho y derecho en el Partido Comunista de la nación, y la Constitución redefinió la condición de estado laico de todos los cubanos.  

La batalla contra el criminal e injusto bloqueo desarrollada desde la ONU comenzó a tener resultados sorprendentes de apoyo a la isla irredenta, demostrativos de que la comunidad internacional comprendía cada vez mejor la inmoralidad de los bloqueadores y no cejaría de luchar junto a Cuba hasta su eliminación definitiva. (Continuará)   


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Frank Agüero Gómez

Se han publicado 2 comentarios


Ifrain D. Ruiz Jimenez
 7/4/16 14:11

  Sin olvidar el  ejemplo de nuestros heroes, de nuestros martires y  de nuestros combatientes internacionalistas, me gustaría mucho que el congreso del partido tratara  los temas más candentes de la vida diaria de los cubanos que, a mi vista, desde que se aprobaron los lineamientos de la politica economica del pais, lejos de mejorar, han empeorado de una manera alarmante, temas como la corrupcion, la indiciplina social, la vagancia, o más bien la gente que vive sin aportarle al estado y se veneficia de salud y educacion gratis, el deterioro de la salud, la suciedad en toda cuba , los bajos salarios, etc, son cuestiones que necesita una agenda de solución visible que el pueblo confíe en ella.

mim
 29/3/16 15:07

No encuentro razones suficientes para que los documentos, o al menos el de la conceptualización no haya sido llevado a debate antes del congreso. Esta decisión es inadecuada y aleja a las personas de su compromiso con lo que se apruebe.

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