miércoles, 7 de diciembre de 2022

El camino a la integración del Caribe

Con varios retos aún por sortear, la Asociación de Estados del Caribe (AEC) ha logrado sentar las bases para la cooperación efectiva...

José Armando Fernández Salazar en Exclusivo 25/07/2016
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La llegada de Cristóbal Colón el 12 de octubre de 1492 a la isla que denominaría San Salvador es el primer registro de la región del Caribe para la historiografía occidental. Con una naturaleza exuberante y una posición geográfica estratégica, ese conjunto de ínsulas, caprichosamente distribuidas, serían el escenario de otros hechos no menos importantes en el devenir de la humanidad, en contraste con la aparente simplicidad y pequeñez de sus culturas.

La esclavitud, la piratería y el contrabando y los choques entre las grandes potencias coloniales del siglo XVII y XVIII tuvieron lugar en esta porción del hemisferio, donde también se sucedieron las primeras revoluciones anticoloniales y antiesclavistas de América. Muchas de estas naciones adquirieron tardíamente su independencia, algunas de ellas incluso aún tienen un estatus que limita su soberanía.

Esta historia y fenómenos más contemporáneos como la migración, el cambio climático y lo resultados de un tratamiento comercial y financiero injusto, conforman el contexto de una zona multicultural y multilingüística y que a pesar de ello ha descubierto que en la unión y cooperación regional está el camino para avanzar en el desarrollo sostenible.

Luego de varios intentos en este sentido, el 24 de julio de 1994, con la firma del convenio constitutivo, queda oficialmente fundada la Asociación de Estados del Caribe (AEC), la cual es considerada una de las iniciativas más efectivas en pos de establecer espacios de intercambio y cooperación en la región.

Integrada por 25 Estados, esta organización regional se ha hecho eco de los principales desafíos del Caribe, aportando marcos regulatorios, programas de cooperación y mecanismos de concertación con otras organizaciones internacionales y regiones geopolíticas.

Bajo su anuencia han surgido iniciativas como la Zona de Cooperación del Gran Caribe y sus consecuentes áreas estratégicas de trabajo, entre ellas el comercio, el turismo sostenible, la preservación del patrimonio, el transporte y la Reducción del Riesgo de Desastres.

Un importante punto de inflexión en ese devenir fue la celebración en Cuba, el pasado mes de junio, de la VII Cumbre de la AEC. La declaración de La Habana puso en blanco y negro propuestas generadas por la propia organización y otras regionales y globales para asumir los retos del presente sin comprometer el futuro. El documento puso su mirada en temas como el impacto que tuvo la esclavitud en la cultura y el desarrollo económico de estos países y apoya los mecanismos para la indemnización a estas naciones por los perjuicios causados.

Desde el punto de vista económico, la declaración rechaza las tendencias globales mundiales de aumentar la desventaja de estas economías mediante el comercio injusto, el endeudamiento y un tratamiento financiero discriminatorio, lo que impide establecer políticas coherentes para el desarrollo sostenible de los Estados insulares.

Teniendo en cuenta la vulnerabilidad de estas naciones a los efectos del cambio climático, se precisa de mecanismos de cooperación que propicien el cumplimiento del marco regulatorio actual para la disminución y gestión del riesgo ante desastres y su enfrentamiento.

El documento también aboga por la preservación de los valores ecológicos del Mar Caribe y denuncia su utilización para el transporte de material tóxico nuclear, e insta a establecer el marco regulatorio necesario para convertirlo en Zona Especial en el contexto del Desarrollo Sostenible.

Respecto al contexto político de la región, saluda el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre EE. UU. y Cuba, las conversaciones de paz entre el gobierno colombiano y las FARC-EP y los esfuerzos para superar la crisis electoral en Haití.

Dicha declaración señala oportunidades en la región, como la ampliación del Canal de Panamá, la expansión de rutas marítimas y aéreas entre los países para facilitar el comercio y el desarrollo de la tercera fase de la Zona de Turismo Sostenible del Caribe.

A pesar de sus resultados concretos en áreas estratégicas, la Asociación aún debe consolidar más su gestión para erigirse como un ente de diálogo político y económico intrarregional y global. En ese sentido, se erigen como espacios estratégicos para las negociaciones con organismos financieros y comerciales internacionales, y de esta manera lograr un comercio que tenga en cuenta las necesidades de desarrollo de la región, la creación de un mercado único del Caribe y el diálogo bilateral para la reestructuración de la deuda externa.

Al mismo tiempo, el ente integracionista puede convertirse en un interlocutor viable para representar los intereses caribeños ante organizaciones similares, como la Unión Europea, el Sistema de Integración Centroamericana (SICA), la Alianza Bolivariana para las Américas, la Unión de Naciones Suramericanas y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños.

Se trata de una tarea ardua si se tiene en cuenta la diversidad política y sociocultural de los Estados miembros de la Asociación y la subestimación hacia la región; sin embargo, los resultados de estos años de trabajo de la AEC evidencian que es un mecanismo viable y necesario para la integración del Caribe, la única vía para que estos países puedan contar con los recursos necesarios para su desarrollo sostenible.


José Armando Fernández Salazar

Para mí no hay nada mejor que estar con los que quiero, riendo y escuchando a los Beatles


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