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domingo, 1 de febrero de 2026

Un compromiso con la historia

Conversamos con el historiador santiaguero Israel Escalona Chadez...

Arnaldo Alfredo Delgado Fernández en Exclusivo 01/02/2026
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Historiador santiaguero Israel Escalona Chadez
Historiador santiaguero Israel Escalona Chadez (CMKC Radio Revolución)

Con una obra centrada en la historia intelectual de la Universidad de Oriente, la recepción martiana, la historiografía cubana, y los estudios en torno a la familia Maceo Grajales, destaca el historiador santiaguero Israel Escalona Chadez. Publicando numerosos artículos y libros, entre ellos José Martí y Antonio Maceo: la pelea por la libertad, texto que recientemente tuvo una nueva edición bajo sello de la Casa Editorial Verde Olivo. Ha sido reconocido en numerosas ocasiones por su labor de investigación y por su papel activo en la formación de historiadores en el país.

-Profesor Escalona, ¿Cómo describiría los momentos decisivos que marcaron su vocación por la historia?

He pensado mucho en las razones por las cuales surgió la motivación de la historia como profesión y creo que en esto tiene que ver en primer lugar el entorno en el que uno se desarrolla. Considero que la ciudad de Santiago de Cuba, que ha sido llamada “La ciudad de la historia”, la leyenda, aunque también es de los poetas, de los músicos, de los trovadores, de los héroes, de tantas cosas. Es una ciudad en la que se respira la historia y surgen motivaciones, esto puede haber tenido que ver con mi vocación.

Lo otro es la familia, aunque no tengo antecedentes intelectuales en la familia. Mi padre era un humilde trabajador de comercio, trabajaba en una peletería, pero siempre me motivó mucho a la lectura. A la lectura diversa, a veces sin discriminar lo que me recomendaba leer o lo que ponía en mis manos para leer, en ocasiones eran libros que no estaban directamente acordes a mi edad, yo lo notaba. Pero siempre me motivó a que leyera y porque conociera la historia.

De la mano de mi padre, conocí todos los museos de Santiago de Cuba y muchos lugares históricos. Si se iba a un lugar a cualquier cuestión, pero había un lugar histórico cerca, no faltaba la referencia de ese lugar. Si iba al Caney, pasamos por el Viso, si íbamos a un barrio donde había algún museo se llegaba al museo. También había visitas dirigidas que él hacía tanto al Museo de Ciencia, el Museo Emilio Bacardí y prácticamente todos los museos de Santiago de Cuba.

Lo otro debe haber sido por la propia escuela, la primaria en Santiago de Cuba donde tuve el honor de tener una profesora que era una gran historiadora, aunque yo no estaba consciente de eso, después lo supe con los años y estreché mis vínculos con ella. Me estoy refiriendo a Rebeca Rosell Planas, una de las grandes estudiosas de Martí, que escribió Las Claves de Martí y el Plan de Alzamiento para Cuba, que participó en los Congresos Nacionales de Historia. Tenía amistad personal con Joaquín Llaverías, con Emilio Roig de Leuchsenring, con todas estas personalidades y que mereció la orden Carlos Manuel de Céspedes durante la república, o sea que creo que es un factor importante haber tenido esa profesora. Aunque había profesores de muy diversa formación, se trabajaba mucho la temática histórica, la motivación histórica y eso creo que influyó.

-Su libro José Martí y Antonio Maceo: la pelea por la libertad acaba de recibir una nueva edición bajo sello de la Casa Editorial Verde Olivo. ¿Qué significó para usted este relanzamiento y qué aporta esta versión respecto a la original?

Ha sido una posibilidad excepcional la reedición del libro José Martí Antonio y Macedo la pelea por la libertad. Muchos colegas me insistían en que debía reeditarlo perfeccionándolo, por supuesto una edición ampliada, anotada y bueno se logró. Entre los que más insistían estaba Manuel Fernández, que fue prologuista de su primera edición, Damaris Torres, Ricardo Hodelín el médico historiador, José Abreu que tanto se preocupa por las conmemoraciones de las obras que uno publica, que hay que conmemorarla, y María Luisa García Moreno, editora de Ediciones UNHIC y de la Casa Editorial Verde olivo, quien hizo todos los esfuerzos porque esta casa editorial acogiera el libro y bueno es una edición ampliada y anotada.

Lo primero fue incluirle un estudio que actualizara acerca de cómo el tema se había comportado en los últimos veinte años porque salió en el 2004 y se reditó en el 2024 con una corrección y ampliación, con notas adicionales y la inclusión de temas que no habíamos desarrollado y que con el tiempo pudimos desarrollar también. Para mí ha sido una satisfacción que se haya publicado el libro, que se haya reeditado el libro y con una un trabajo editorial muy bueno. He tenido la suerte de que fuera editado primero en la Editorial Oriente por Natividad Alfaro y después en la Casa Editorial Verde Olivo, por María Luisa García Moreno, que son dos de las editoras que más respeto en este país y que hicieron un trabajo excelente.

Para mí es un libro de mucha satisfacción porque es la Tesis Doctoral, por supuesto despojada de todo el aparato teórico conceptual, o sea ajustado a un texto como libro y por otra parte es un libro que obtuvo el premio Martiano de la Crítica premio de la Academia de Ciencias de Cuba y como diría nuestro colega Giovanni Villalón que, en un libro sobre resultados científicos en Santiago de Cuba, dice fue un resultado muy provechoso, muy productivo. Creo que sí, que es un libro que sigue motivando mucho interés por el tema de los vínculos entre Martí Maceo, tema muy atractivo del que se ha fabulado mucho también y en el que trato de aportar para desentrañar el intríngulis de ese comportamiento que fue desde muchos años antes de lo que se supone y fue muy intenso, además. Es un libro que a mí me satisface y espero que en esta nueva edición encuentren nuevos elementos para la comprensión de ese proceso histórico.

-¿Qué significó para usted ser galardonado en 2024 con el Premio Nacional de Historia?

Recibir el premio nacional de historia en 2024 fue de gran satisfacción en el momento en el transitaba por un momento importante en la trayectoria intelectual de años de trabajo. Pero realmente las propuestas que se venían haciendo son importantes, de personalidades vinculadas a la historia con aportes sustanciales, y que el tribunal reconociera el trabajo que uno hace es siempre un gran motivo de alegría.

Yo planteaba allí en el discurso de recepción del premio, que lo recibí en nombre también de una generación. Porque a veces se critica que los premios se dan a personas de una muy avanzada edad, obtenerlo a los sesenta y dos años es casi ya asombroso y de una persona que hace su labor fundamentalmente fuera de los sitios capitalinos en el oriente cubano y por eso le expresaba que era un reconocimiento a la a la carrera de Historia de la de la Universidad de Oriente a la generación de jóvenes que nos graduamos en los años ochenta.

Es muy importante y significativo, porque recibí el aprecio de los colegas, en primer lugar, del tribunal constituido que con algunos he estrechado lazos de amistad y profesionales durante muchos años. Como por ejemplo María Caridad Pacheco, compañera del Centro de Estudios Martianos y que hemos compartido muchos proyectos, nos consultamos constantemente. Hay otras personas, pero con todas de alguna manera me había relacionado, por ejemplo Alberto Prieto, profesor de la Universidad de La Habana, integró el tribunal para mi defensa de doctorado y es una persona con la que no tenemos vínculos más estrechos, pero siempre que no nos encontramos, disfrutamos la conversación, el intercambio, etcétera. También estaba en ese tribunal, bueno, una profesora de las más queridas de la Universidad Oriente que es Olga Portuondo que nos satisfizo mucho.

Recuerdo cuando defendimos el doctorado, se pedían muchos avales para la persona que iba a defender su tesis y cuando llegó el momento de leer los avales recibidos se escogieron para darle lectura a lo que había mandado Olguita y lo que había mandado Cintio Vitier, que es un símbolo para los estudios mercados en Cuba, paradigma como también Pedro Pablo Rodríguez, y yo me sentí muy satisfecho de que se leyeran esos tres avales en el acto de defensa de la tesis.

Como me sentí muy alagado cuando me llamaron ahora todos estos colegas, ya mencioné a Caridad Pacheco, a Alberto Prieto, a Olga Portuondo, y además estaba en el tribunal José Abreu Cardet, que quizás sea el más entusiasta de los historiadores cubanos, que constantemente tiene proyectos, que se preocupa porque se conozca la obra de la de los historiadores cubanos. Recientemente publicó el libro El Pequeño Cocodrilo, con entrevista a historiadores cubanos al cual le hice una reseña para la Revista de la biblioteca nacional José Martí porque me parece un libro excepcional y ahora está gestando otro libro que me ha convocado para que esté con él como coordinador. Y bueno Abreu siempre está trabajando con todos los historiadores cubanos, con entusiasmo, participando y con un sentido muy amable, muy afable, además, una gente muy jaranera, siempre el criollo con una frase oportuna y chivando, como decimos los cubanos.

También integraba el tribunal un joven al que he visto crecer, incluso tuve la oportunidad de ser miembro de su tribunal de defensa del doctorado, que me satisfizo mucho que se hiciera doctor, porque lo era hace mucho tiempo y solamente le faltaba el título que es Félix Julio Alfonso López. Me llamaron por el teléfono y me comunicaron la decisión y fue muy muy agradable.

Las palabras de elogio en el acto de entrega fueron de Pedro Pablo Rodríguez, quizás el historiador martiano que más influyó en que yo llevara esto adelante, sin olvidar aquí en Santiago a Manuel Fernández Carcassés; él y Pedro Pablo del Centro Estudio Martiano impulsándome, siempre alentándome a que desarrollara los estudios sobre la vida y obra de Martí, sobre la recepción del legado martiano.

Por tanto, el recibir el premio fue una gran satisfacción y un gran compromiso, que fueron las palabras con las que terminé. Que podrían encontrar en Santiago de Cuba una persona siempre dispuesta, una persona siempre atenta a todo y dispuestos a seguir desarrollando la historiografía nacional y la labor de los historiadores cubanos. Porque es tarea también de promover las nuevas generaciones, los estudios de los más jóvenes. Y por supuesto, obtener un premio de esta connotación compromete, compromete y pone retos, pone retos a la persona que lo obtiene, porque el problema no es llegar solamente, es también mantenerse activo. A veces la salud pone retos, afecta, los años pasan, pero uno trata de continuar el camino que ha defendido durante tanto tiempo.

-Un consejo a la nueva generación de historiadores que pretende continuar investigando la recepción de la vida y obra del Apóstol.

El consejo para los investigadores jóvenes, bueno tendría yo que dar el consejo que siempre daban los grandes maestros. En el año 1969 cuando salió el primer Anuario Martiano, que se creó en la Biblioteca Nacional, fueron consultados los grandes estudiosos de Martí: Manuel Isidro Méndez, Manuel Pedro González, Juan Marinello; y ellos insistían en lo importante que era estudiar la vida y la obra de Martí por el propio Martí, y bueno después lo que se ha interpretado de Martí. Las visiones que se han dado sobre Martí, que es la parte que tiene que ver con la recepción. Pero hay que ir a la mina inagotable, que es José Martí. Como decía Gabriela Mistral, conocer la obra de Martí, estudiarla. Uno por mucho que estudie, siempre encuentra novedades, siempre encuentra elementos nuevos, y hacerlo de una manera consagrada, con respeto, con entusiasmo, conscientes de que siempre va a haber nuevos horizontes para los estudios de Martí.

Por otra parte, no dejarse tentar por ninguna de estas tendencias extremas, que en algún momento se le convirtió como un ser sobrenatural o idealizar al hombre. Verlo en su dimensión, verlo como hombre, estudiarlo en su contexto, entenderlo, interpretarlo.

Los que se decidan hacerlo, tratar de que sea en la esfera de trabajo donde más posibilidades tenga. Por ejemplo, para trabajar la música si no tienes conocimientos musicales, te cuesta mucho más trabajo o en cualquier esfera de las manifestaciones artísticas y literarias, acercarlo lo más posible a la esfera del conocimiento de cada cual y continuar el camino que creo que vale la pena. 


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Arnaldo Alfredo Delgado Fernández

Universidad de Oriente


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