jueves, 8 de diciembre de 2022

Un asalto de juventud

Como los protagonistas de los sucesos del 13 de marzo de 1957, las nuevas generaciones de hoy deben defender sus ideas con la impronta, la rebeldía y la pasión que los caracteriza...

Yuniel Labacena Romero en Exclusivo 13/03/2017
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Palacio Presidencial
El Directorio Revolucionario bajo la dirección de José Antonio Echeverría organizó el asalto al Palacio Presidencial el 13 de marzo de 1957.

Solo seis meses separaron de aquel encuentro en tierra azteca y las acciones de la tarde del 13 de marzo de 1957 evidenciaba la muestra más consecuente que había tenido hasta entonces el movimiento estudiantil con la Revolución, el pueblo y su líder Fidel. Los jóvenes asumieron la disposición de vencer o morir antes de salir al combate y La Habana toda se estremeció con su coraje, patriotismo y ganas de hacer.

Lo hicieron como demostración de ese compromiso que José Antonio Echeverría, en representación de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), había contraído con Fidel, el guía del Movimiento 26 de Julio, al firmar en 1956 la Carta de México. Era un pacto unitario que sellaba el deber de la juventud patriótica de insertarse en la pelea por derrocar la sangrienta dictadura batistiana y llevar a cabo la Revolución cubana.

Así, la toma de la emisora Radio Reloj, el asalto al Palacio Presidencial —entonces guarida del tirano—, y la funesta caída en combate de Echeverría y otros combatientes, revisten importante significado en la historia de luchas de nuestro pueblo, porque si bien este hecho no logró sus propósitos, sí ungió con la sangre de hombres valerosos la senda de victoria que dio paso al triunfo definitivo de enero de 1959.

Y es que como escribiera en su Testamento Político José Antonio Echeverría, si ellos caían su sangre señalaría el camino de la libertad. “Porque, tenga o no nuestra acción el éxito que esperamos, la conmoción que originará nos hará adelantar en la senda del triunfo. Pero es la acción del pueblo la que será decisiva para alcanzarlo”, expresó el líder, cuyo ejemplo y el de sus compañeros se convirtió en otro detonante de rebeldía.

Quienes protagonizaron los sucesos del 13 de marzo apenas rebasaban los 20 años cuando se lanzaron a tamaña empresa, no estaban apartados de los andares juveniles de la época, como los de hoy habían ido a la universidad en busca del conocimiento y la cultura, practicaban deportes, degustaban de lo más bello de las artes, sentían la presión de un examen, y las horas de insomnio por las largas jornadas de estudio y feroz combate, y por si fuera poco, no dudaban en lanzar un piropo a quien lo mereciera.

Cuando se evocan los 60 años que han trascurrido de aquel acontecimiento vienen a la mente muchos sufrimientos que la Revolución borró para siempre, pero también se piensa que los tiempos actuales han de seguir teniendo a la juventud como una trinchera muy fuerte. Ese sector debe pensar hoy cuál es su 13 de Marzo, precisamente allí, donde interactúa con lo cotidiano, donde siente que es más útil a la Patria. Debe defender sus ideas con la impronta, la rebeldía y la pasión que caracteriza a las nuevas generaciones.

Guía y sostén de la nación son los jóvenes de hoy y deben encarnar el pensamiento de Echeverría cuando alegó que “es preciso mantener viva la fe en la lucha revolucionaria aunque perezcamos todos sus líderes, ya que nunca faltarán hombres decididos y capaces que ocupen nuestros puestos, pues, como dijera el Apóstol, cuando no hubiera hombres se levantarían las piedras para luchar por la libertad de nuestra Patria”.

Eso lo señaló el 13 de Marzo, eso lo demostraron los jóvenes que siguieron abriendo fuego a la tiranía hasta que se conquistó la justicia y los que han continuado las mejores tradiciones de nuestro pueblo y lo han acompañado resueltamente estos años difíciles, de carencias y de supervivencia de la nación frente a la voracidad del imperio. “Esta Revolución es afortunadamente una Revolución de hombres jóvenes. Y hacemos votos porque sea siempre una revolución de hombres jóvenes”, como afirmó Fidel, el 13 de marzo de 1966.


Yuniel Labacena Romero


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