sábado, 18 de mayo de 2024

Mildred de la Torre: Yo me siento cubana, porque creo en Cuba

Sobre la enseñanza de la historia, y su importancia en la formación de valores e identidad conversamos con la Premio Nacional de Historia 2016…

Jessica Mesa Duarte en Exclusivo 17/08/2021
2 comentarios
Mildred de la Torre Molina
Agasajo a Mildred de la Torre Molina en Cienfuegos, luego de merecer el Premio Nacional de Historia (2016)

La historia local es nuestra historia más cercana, nuestra vida. A diario pasamos por lugares históricos, por estatuas y monumentos y no sabemos cuán importante es su esencia, cuál es el motivo de su creación.

Debemos conocer las costumbres y tradiciones que se transmiten a través de las generaciones y que son tan nuestras aunque a veces las perdemos de vista: nuestras comidas típicas, los bailes que nos identifican…

Así habla Mildred de la Torre Molina, Premio Nacional de Historia 2016, cuando se le pregunta por la historia local y su rol en la enseñanza de nuestros valores.

“Yo soy de tal lugar no solo porque he vivido allí sino porque conozco ese lugar. Yo defiendo y preservo lo que quiero. Cuando hablamos de historia local también nos referimos al sentido de identidad, de pertenencia, de cercanía. Es importante porque es cultura, es orgullo, valor, espiritualidad”, agrega.

Sobre la enseñanza de la historia, y su importancia en la formación de valores e identidad conversamos en exclusiva con la destacada investigadora.

—Una de las deficiencias que persisten en la enseñanza de la historia es la manera en que muchos profesores imparten la materia. ¿Qué opinión le merece?

Donde más se perciben las deficiencias es en ese aspecto, pero son mucho más marcadas en otros ámbitos. Se responsabiliza a una asignatura de la ausencia o poca afluencia de valores, pero va mucho más allá.

El problema radica en todo el sistema social, es la sociedad en su conformación misma e incluye las políticas que se pueden desarrollar. Si de deficiencias se trata se nota también en la enseñanza del español, las matemáticas, la física, la química, etc.

Creer que los valores patrióticos, morales y de otro tipo sea responsabilidad de una asignatura es un error peligroso ya que las demás materias se excluyen de jugar el papel que les corresponde en la educación integral de los jóvenes.

La gran formadora de valores es la sociedad en su conjunto. Los seres humanos establecen identidad con aquello que les proporciona felicidad. En la medida en que seamos capaces de mostrar una sociedad equilibrada y justa, sin deudas o contradicciones antagónicas, percibiremos mayor bienestar.

Cuando tú te sientes mal dentro, buscas horizontes fuera. Yo me siento cubana porque Cuba es así, porque creo en Cuba. No se trata de una asignatura. Esa es una cuestión importante.

Por otra parte, creo que la historia es la historia de la vida. Se desarrolla en la medida en que los hechos suceden; es la ciencia que estudia críticamente el pasado, lo que no significa juzgarlo, pero como toda ciencia debes someterla a la consideración de un pensamiento crítico.

La historia es todo y es total, no parcial; no abunda solamente sobre la vida de los héroes y mártires, de los líderes, de los inalcanzables. La historia es también la de la vida de la gente, de cómo resuelve sus problemas. Es el aliento de la sociedad, su vida espiritual, su cultura.

— ¿Cómo, entonces, llevar una historia a las aulas que sea certera y atractiva al mismo tiempo?

Naturalmente, nunca enamorarás a nadie si das la historia como un discurso político, si la impartes como consigna y te limitas a decir “José Martí, el autor intelectual del Moncada” y lo repites y lo repites o te refieres, por ejemplo, al 26 de Julio como el día más feliz de la historia, cuando en esa acción murieron muchos cubanos; sí fue un punto de partida para el movimiento revolucionario, pero al final desembocó en una tragedia.

Muchas veces vemos entonces la historia como una tragedia y quién quiere saber de la historia si solo se aprecia como algo negativo, una sucesión de guerras y muertes, un campo de batalla sin tregua.

Sí, eso forma parte de nuestros recuerdos patrios pero no solo eso es la historia de Cuba. También podemos hablarles a los estudiantes sobre el pensamiento, el teatro, las costumbres y tradiciones, el lenguaje, el paisaje, la arquitectura. Todo ello forma parte de nuestra identidad.

Si desde que somos pequeños nos enseñan que todos murieron y nos hablan de los santos sacrosantos José Martí, Félix Varela, Antonio Maceo y vemos siempre el bronce sobre el caballo gritando Independencia o Muerte, esa historia se nos vuelve tan lejana que casi nos es extraña.

Ellos también tuvieron una vida previa hermosa, amaron y nunca dejaron de hacerlo, tuvieron hijos, esposas, se divirtieron, bailaron, pasearon, escribieron, lloraron, se rieron.

Esa es la historia que hay que llevar a las aulas, la que es realmente, con todas sus divinidades, su altruismo, sus sueños, su belleza y claro, también con sus tragedias porque así es la vida.

—Hay quienes creen que mostrar la parte humana de nuestros héroes, desvirtuaría el paradigma que significan para las generaciones actuales. ¿Aconseja usted presentar a esos hombres y mujeres como seres quiméricos?

Es que esas no son sombras sino conductas humanas. Mis padres, tus padres, nuestros abuelos, bisabuelos, tatarabuelos cometieron errores. Hay que eliminar esos prejuicios.

Otra cosa en meternos en la vida privada de la gente, creernos con derecho a sacar las amantes o los hijos que tuvieron, con morbo o con el fin de enjuiciarlo. Lo que tenemos que hacer es mostrarlos como realmente fueron y como ellos mismos se autodenominaron porque allí están su correspondencia, sus artículos, los testimonios de quienes los conocieron.

Por ejemplo Maceo era un hombre muy educado, refinado en grado superlativo, había que hablar despacio delante de él, no se podía fumar ni gesticular porque se ponía nervioso, irritante, agresivo a veces, no se le podía gritar. Tuvo un hijo fuera del matrimonio, pero quiso muchísimo a María Cabrales. Era un hombre frente al cual las mujeres quedaban hipnotizadas. Se equivocó también, son conocidas sus contradicciones con Martí. Ese es un Maceo humano, alcanzable.

Ninguno de ellos era perfecto ¿Y quién se atreve a juzgarlos? Si yo tengo delante a una persona polivalente, como somos todos los seres humanos, puedo imitarla; al que no puedo imitar es a un mármol. La perfección absoluta nunca será un referente para nadie. Tenemos que enseñarles a los muchachos a las personas de carne y hueso, con sus angustias y agonías, sus diversiones y alegrías. En los campamentos mambises se cantaba y se bailaba, no todo el tiempo estaban combatiendo.

Nuestros héroes eran personas imperfectas. Hay que pensar en las contradicciones que existieron entre ellos, existe un anecdotario inmenso de todo lo que fueron capaces de comprender y lo que no, porque la vida no les alcanzó o porque las circunstancias los llevaron a ello.

Es importante salir de las clases “ladrillosas”, discursivas, de reiteraciones escolásticas para que los alumnos se metan en la cabeza las cosas en las que yo creo que deben creer; el pensamiento no puede ser dirigido sino que se construye sobre la base de la cultura. Estoy hablando de una historia real, creíble para mí, posible de entender y amar.

— ¿Cuán peligrosa resulta la manipulación de nuestra historia por parte del gobierno de Estados Unidos a través de su desmontaje para demeritar a los héroes y mártires, los hechos históricos?

Muy importante en las condiciones actuales es tener conciencia de ese desmontaje al que haces referencia. Nosotros insistimos siempre en que nuestro referente son las guerras por la independencia. Ellos lo que intentan es desmontar los valores que llevaron a esas guerras a través del evolucionismo pacífico para destruir el referente de nuestro proceso revolucionario.

Para ello se basan en una visión parcializada de los enfoques que le damos a la historia. No entraré en análisis sobre si es una sola Revolución o no, yo tengo mis puntos de vista y los he manifestado abiertamente.

Hemos vivido un proceso inmenso de lucha por nuestra soberanía y todo es válido en ese proceso de defensa: las guerras son válidas al igual que el pensamiento y la creación porque a través de la preservación de la cultura defendemos ideas.

Como nosotros hemos sido, en cierta medida, parcializados acerca de que la línea conductual ha sido única y exclusivamente la lucha armada, ellos ingresan en otras esferas que hemos descuidado en nuestros análisis y estudios para combatir el soporte de la Revolución.

Es como el caso de la lucha armada en la Sierra Maestra y en la ciudad. Como la vanguardia revolucionaria estuvo en la Sierra, nos enfocamos en la lucha en la Sierra y olvidamos la extraordinaria importancia de los combatientes en las ciudades porque en ellas estaba el poder. También era muy difícil luchar en esas condiciones. ¿Cuántos hombres no cayeron en nuestras ciudades?

Muchas veces escuchamos que hay que estudiar tal contenido porque el enemigo se empeña en manipular la historia, pero no, hay que estudiarlo porque tenemos que saberlo, porque es la historia que nos pertenece y debemos conocerla a cabalidad.

El objetivo del imperialismo es destruir la Revolución y nuestra filosofía independentista y para eso es que tratan de desmontar nuestras tradiciones y valores, aprovecharse de las ausencias, de los silencios y los vacíos. Nosotros solo podemos enfrentar esos desafíos llevando la verdad a nuestras aulas.


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Jessica Mesa Duarte

Periodista y escritora de guiones radiales.

Se han publicado 2 comentarios


KH
 14/8/22 13:56

Hola, me gustaría contactar con Mildred, sobre un asunto relacionado con Miguel Angel de la Torre. Muchas gracias de antemano!

dd
 17/8/21 17:16

Primeramente quiero felicitar a Mildred por el premio. Me ha gustado este artículo las preguntas y las excelentes respuestas porque es importante hoy revolucionar la forma de impartir las clases de Historia sobre todo la Historia de Cuba, creo pertinente la necesidad de cambiar y mejorar la calidad de los libros de textos a partir de 7mo grado en adelante, nuestra juventud debe conocer con imagenes claras los horrores que vivió este país desde el 1900 hasta el 59, debemos presentar los documentales, testimonios y películas que sobre esta etapa tenemos como clases y debatirlas con los estudiantes, pudieramos hacer una encuesta y casi seguro un gran porciento de nuestros jóvenes no han visto estos importantes audiovisuales que junto a un buen debate y explicación del profesor podría despertar un mejor jucio a nuestra juventud sobre que pasaría si perdieramos un día la Revolución. El tema es amplio y ojála tengan reuniones sobre el tema. Saludos

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