lunes, 5 de diciembre de 2022

Fidel y José Antonio: palabras empeñadas

Fidel no dejó de cumplir ni uno solo de los sueños de juventud que entre ambos tejieron para convertirlos en realidad...

Frank Agüero Gómez en Exclusivo 13/03/2014
6 comentarios
palacio
Cuba toda rinde cada año homenaje a José Antonio Echeverría.

Cuentan sus más cercanos compañeros que para José Antonio Echeverría, máximo líder del estudiantado universitario, no hubo preocupación mayor, en su momento, que cumplir la palabra empeñada con Fidel Castro en el verano de 1956, durante el encuentro de ambos en México.

En el exilio obligado para continuar la lucha, el ya prestigioso líder del asalto al Moncada y jefe del Movimiento 26 de Julio, surgido de aquella acción, y el también secretario general  del Directorio Revolucionario, habían pactado a nombre de la juventud cubana la acción conjunta de ambas organizaciones para derrocar por vía armada la sangrienta tiranía que se adueñó del poder en Cuba.

El compromiso, conocido como la Carta de México, debía combinarse con el levantamiento de Santiago de Cuba dirigido por Frank País para sustraer las fuerzas represivas del régimen del escenario donde se produciría, a finales de ese año, el desembarco de la expedición armada.

Fidel no defraudó a quienes creyeron en su consigna de hallarse en tierra cubana en 1956, pese a los avatares de la organización y traslado de los combatientes en aquella cáscara de nuez que era el yate Granma.

Para José Antonio y los demás líderes del Directorio, la búsqueda de armas se hizo más urgente. De ahí surgió la idea del ataque al Palacio Presidencial y de la toma de la popular emisora Radio Reloj, hechos ocurridos el 13 de marzo de 1957 y que resultaron en heroico pero fracasado intento de acabar con el máximo responsable del sufrimiento que padecía toda Cuba.

En la Sierra Maestra, los guerrilleros conocieron por radio esas heroicas acciones lideradas en la capital por Manzanita, sobrenombre del  carismático líder revolucionario, y la pérdida de numerosos revolucionarios, incluido el propio José Antonio, y se afincaron todavía más en la estrategia de derrocar al régimen desde la lucha en las montañas.

Una vez obtenido el triunfo de las armas rebeldes, que precipitó la huida del dictador y de gran parte de su cohorte, se produjo la explosión del júbilo de la gran mayoría de la población, expresado en el respaldo a la huelga revolucionaria convocada por Fidel; en la toma de las ciudades de toda Cuba, secundando a las fuerzas del Ejército Rebelde, y en las gigantescas concentraciones en todas las provincias, al paso de la Caravana de la Victoria hacia la capital.                 

Ya en la víspera de su entrada a La Habana el 8 de enero de 1959, luego de siete arduas jornadas con un mínimo de descanso, el jefe de la Revolución le habló en extenso al pueblo de Matanzas, luego de lo cual sacó fuerzas para vencer el sueño y partir hasta Cárdenas, donde tuvo palabras de homenaje a su entrañable amigo y compañero de las luchas universitarias, José Antonio Echeverría, allí en su tumba, que sería desde entonces tribuna de combate para líderes estudiantiles.   

No sería exagerado decir que Echeverría siguió acompañando a Fidel desde su gloriosa caída el 13 de marzo de 1957, hasta que la fragilidad física obligó al reposo al Jefe de la Revolución. Este, además, no dejó de cumplir ni en uno solo de los sueños de juventud que entre ambos tejieron, para convertirlos en realidad.

Culminada la guerra, para Fidel, enfrentado a las intrigas, calumnias y distorsiones de los enemigos de clase, cumplir con José Antonio fue, ante todo, cuidar la unidad de las fuerzas revolucionarias que lucharon contra la tiranía, como lo venía haciendo desde las montañas insurrectas, e inculcar ese sentimiento en los jefes, combatientes y en el pueblo cada vez más consciente de la proeza que tendría que llevar adelante.

Rara vez faltó Fidel a las conmemoraciones del 13 de marzo. En ocasiones estuvo el mismo día en los distintos escenarios del homenaje: el cementerio de Cárdenas, Radio Reloj, el Palacio Presidencial y la escalinata universitaria, desde donde partían habitualmente las manifestaciones estudiantiles encabezadas por José  Antonio contra el régimen proimperialista.

LÁTIGOS CONTRA MALES MORALES

El líder de la Revolución escogió más de una vez la conmemoración para fustigar oportunismos de última hora y actuaciones desacertadas, el burocratismo o el sectarismo, enseñando al pueblo y al estudiantado universitario, que constituía su principal auditorio, cómo entender las leyes y medidas que el Gobierno iba tomando para enfrentar los problemas heredados de la vieja república.       

“(…) Estas veladas, estos actos conmemorativos debieran ser como un látigo contra los males morales, contra la hipocresía, contra la simulación y contra todo aquello que tienda a mixtificar, falsear o enervar el espíritu revolucionario y la verdad revolucionaria”.

“(…) Precisamente en días como hoy, en que se habla de los mártires, en que se habla de los muertos gloriosos, en que se recuerda a los que todo lo dieron, en que se homenajea a los que quedaron en la mitad del camino, debe ser la ocasión para fustigar con látigo de acero a los simuladores, a los farsantes, a los oportunistas, a los arribistas, a los descarados; a los que, incapaces de sacrificarse en la hora del sacrificio, quieren venir de descarados a llevarse las glorias en las horas de triunfo (…)”

En defensa de las primeras leyes revolucionarias que favorecían a los más desprotegidos, Fidel proclamó el 13 de marzo de 1959 la doctrina de clase de la Revolución, en este caso refiriéndose a la rebaja de alquileres y la edificación de viviendas populares:

“(…) Pues hicimos una ley bien sencilla y bien clara y que la entendiera todo el pueblo. ¿Que disminuyen las ganancias de algunos propietarios? ¿Y por qué nadie protestó mientras la ganancia de 700 000 cubanos, que estaban sin trabajo, estaba disminuida por completo aquí?  ¿Y por qué nadie protestó cuando cientos de miles de familias estaban pagando el 25% y el 30% de sus ingresos en alquileres? ¿Y por qué nadie protestó aquí de los latifundios, por qué nadie protestó aquí de los niños enfermos y descalzos en nuestros campos? (…)”

El jefe de la Revolución denunció acremente la hipocresía de quienes pretendían capitalizar el descontento de la población humilde con la situación de la vivienda, que solo entonces comenzaba a preocupar a los gobernantes del país, mientras los magnates, antes, no tuvieron escrúpulos en hacer cola ante la oficina del tirano para desearle larga vida luego de haber escapado del asalto a Palacio. 

Respecto a los consejos de moderación del espíritu revolucionario, que hipócritamente exigían los sectores reaccionarios de la burguesía nacional y proclamaban los medios de prensa en su defensa, Fidel declaró enfáticamente que la República solo podía salvarse con la Revolución:

“(…) ¿Qué quieren?, ¿que no cortemos por lo sano? A la República hay que hacerle una operación quirúrgica, y si nos ponemos a untar mercurocromo la República se muere. Si aquí todo está al revés, si aquí todo está arruinado. ¡Ah!, van a dar consejos para que no vayan a andar mal las cosas. No, no, si peor de lo que están no pueden andar de ninguna manera… Esto lo único que puede es salvarse, pero hundirse no puede, porque más de lo que estaba no puede hundirse (...)”

LA DEMOCRACIA DE LAS MAYORÍAS

Sobre el derecho de la Revolución a crear nuevas leyes con el respaldo mayoritario del pueblo, afirmó que este es el verdadero sentido de la democracia.

“(...) ¿Qué es la democracia? La democracia es el gobierno de las mayorías, dijeron unos; y es verdad. La democracia, dijeron otros, es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo; y es verdad también. Pues aquí gobierna una mayoría del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Así que si se llaman demócratas empiecen por tener muy presente que democracia es el respeto a la mayoría y que las mayorías son las que mandan, las que determinan su propio destino, y que este no es un gobierno de minoría, este es un gobierno de mayoría. (…)”

También explicó a los estudiantes los cimientos de la política de favorecer la educación de todos los niños sin importar las posibilidades económicas de la familia.

“(..) Bueno, me piden una cosa: “Soy un niño pobre que trabaja y deseo una beca para el Cívico Militar.” ¿De cuándo Cívico Militar? No, a eso hay que cambiarle el nombre ya. Bueno, si precisamente es lo que yo digo. Yo me encuentro muchos niños que nos piden; necesitamos tiempo para hacer las escuelas y las ciudades escolares. Ya están los planos de la primera de todas, la vamos a hacer en lo que era Columbia. No, a él no, se la prometo a todos los niños de Cuba. (…)”

En otra parte ejemplificó el papel que desempeñaban los medios de difusión (y aún desempeñan en otras latitudes), envenenando al pueblo con teorías y consideraciones ajenas a sus verdaderos intereses.

“(...) Les voy a explicar una cosa que el pueblo debe tener muy presente.  Para mantenernos explotados y para mantenernos oprimidos nos mantuvieron siempre en la ignorancia. ¿Por qué? Porque un pueblo bruto, un pueblo mantenido en la ignorancia, un pueblo inculto, es un pueblo víctima de todos los abusos, de todas las injusticias y de todos los engaños.

“¿Saben ustedes lo que pasa aquí cuando se habla de una ley revolucionaria?  Pues que a la carrera los intereses creados van a los periódicos, o van a las estaciones de radio, o a las estaciones de televisión a hablar. ¿A hablar para qué? A hablar para tupir a la gente, a hablar para confundir a la gente, a hablar para engañar a la gente. Si no, ¿a quién le hablan, a quién, para quién hablan y por qué hablan? Le hablan al pueblo para confundir al pueblo y para que el pueblo teja soga para su propio pescuezo… Le escriben una serie de teorías económicas, que son las teorías de los intereses creados para tener al pueblo en la ignorancia.  Por eso al pueblo hay que hablarle de estas cuestiones económicas, y bien claro para que las entienda, para que no lo tupan con esos editoriales que parecen todos escritos en el mismo molde, que parecen como si todos los escribiera una misma mano, para que cuando el pueblo lea por la mañana, esté tupido al mediodía, para que el pueblo lea por la mañana, y al mediodía esté tupido, al otro día vuelva a leer y esté más tupido todavía, al otro día vuelva a leer y esté más tupido y termine diciendo: esto se hunde, esto se arruina; para que termine diciendo lo mismo que dicen ellos. ¿Comprenden bien? (…)”

LA GRAN RESERVA DE VALORES

Acerca de la formación y el relevo de generaciones en la dirección de la Revolución, expresó:

“(…) No importa que todos los valores revolucionarios no hayan estado en el poder desde el primer momento, ¡mejor!, el poder desgasta. Lo que necesitamos es tener, como tenemos, una gran reserva de valores jóvenes… Y aquí, en el Directorio Revolucionario, en la Federación Estudiantil Universitaria, en nuestra juventud, tenemos una gran reserva de valores que irán a colaborar en la tarea creadora de la Revolución en la misma medida en que la Revolución se desarrolle, y en la misma medida en que los hombres que hoy ocupan los primeros puestos se desgasten. Por eso yo digo que el que se pone a empujar para que lo coloquen en una posición, ese es un hombre mediocre, ese nunca será un buen revolucionario…El hombre que vale por sí mismo, el hombre que tiene méritos, sabe esperar, porque esta tarea es larga, esta jornada es larga (…)”

Desde la escalinata universitaria, y más de una vez en la intimidad de la Plaza Cadenas, reunido con cientos o miles de estudiantes, el Comandante en Jefe diseñó y les encargó tareas especiales en la economía, la defensa o la incipiente ciencia que desarrollaba la Revolución; debatió con sólidos argumentos, como mismo hizo cuando, en esos mismos escenarios, se enfrentó, a veces en solitario, contra gángsters y aventureros que pululaban entre grupos juveniles deseosos de cambiar el país.

Sobre el sentido último del sacrificio de los caídos y la lealtad a sus ideales y pensamientos, reiteró ante los jóvenes de la bicentenaria casa de estudios:

“(…) Nosotros no estamos dispuestos a permitir que las cosas sigan como estaban en Cuba; porque para que siguieran como estaban no valía la pena que hubiese muerto un solo cubano, no valía la pena que hubiese caído un José Antonio Echeverría, un Menelao Mora, un Pelayo Cuervo, un Frank País, un Pepito Tey, un Rubén Batista; no valía la pena que cayera esa lista interminable de hombres que lucharon por la libertad. (…)”

Más adelante subrayó cuál es el concepto de libertad e igualdad que defendieron los líderes principales  de la Revolución, entre ellos los mártires gloriosos de la colina:

“(…) Pero la libertad no es el derecho a poder hablar y a morirse de hambre, porque en definitiva el que pasa hambre no puede ni hablar, el que pasa hambre no puede ni escribir; al analfabeto no se le puede hablar de libertad de prensa, porque no sabe escribir; al que está enfermo no se le puede hablar de ninguna libertad, sino de la libertad de morirse (…) Aquí la libertad para nosotros no es una simple ficción. Para que haya libertad tiene que disponer el hombre de una serie de elementos sin los cuales no hay libertad posible. El hombre bajo el hambre no es libre jamás: o se vende, o claudica, o no escribe, o no habla.

“Libertad no es la palabra solamente; con la palabra libertad y con la libertad que puedan dar todas las leyes no se come, no se come con libertad. ¡Libertad con hambre no es libertad!  ¡Queremos una libertad con pan!; queremos una libertad sin hambre, queremos una libertad sin miseria, queremos una libertad sin privilegios. Queremos la igualdad, sí, queremos la libertad y queremos la hermandad entre los hombres.(..)

El mejor homenaje a los combatientes del 13 de marzo, expresó ese día, sería cumplir con su legado y marchar unidos junto al pueblo desde el Palacio hasta la Universidad, compromiso que encabezó Fidel como un estudiante más, como si tuviese a su lado a José Antonio Echeverría, vistiendo el verde olivo de la Sierra, mientras por el camino tantas veces recorrido por la calle San Lázaro fraguaban nuevos asaltos al Moncada y al Palacio Presidencial

Acerca del valor internacional del ejemplo de la Revolución cubana, profetizó ese día lo que pocos años después los pueblos reafirmarían.

“(…) Lo que hacemos aquí no lo hacemos solo por nosotros. Nuestro triunfo lo desean y lo necesitan otros pueblos, porque si fracasamos la fe de los pueblos recibirá un duro golpe (...) En los pueblos oprimidos se despierta el sentido de la dignidad. No es una obra de frailes, no es una obra internacional, es una obra universal la que está llevando a cabo la Revolución Cubana. (…)”

Más tarde, al concluir ya en la madrugada su conversación con los asistentes al acto,  exteriorizó su opinión sobre la calidad de las generaciones que en el futuro integrarían la comunidad universitaria.

“(…) Esa generación que tendrá el ejemplo de gobiernos buenos, de hombres leales, de patriotas enteros que no se humillarán ante nada ni ante nadie, esa generación es la generación con que soñamos nosotros, es la generación donde —como decía el poeta, en los versos que fueron aquí declamados— “crecerán los niños que serán como imágenes de los hombres que han caído”; los niños que serán como Manzanita, los niños que serán como Fructuoso Rodríguez, los niños que serán como Frank País, como Pepito Tey, como Joe Westbrook, como Ciro Redondo, como Abel Santamaría, como Renato Guitart y como tantos otros, cuya lista sería interminable(...)”

Las innumerables pruebas de madurez y estoicismo protagonizadas por la juventud cubana, dentro y fuera de la patria, a lo largo de seis décadas de Revolución triunfante, confirmaron la certeza de las previsiones de Fidel y la estrategia correcta de educarlos para enfrentar los retos de los siglos por delante.


Frank Agüero Gómez

Se han publicado 6 comentarios


Ricardo
 13/3/14 19:06

A Eduardo Espinoza Fernández, quiero decirle que estoy de acuerdo con él y que nos hubiese gustado poder conocer el Museo de la Revolución, cuando en diciembre pasado estuvimos ( mi esposa y yo ) en La Habana . Lamentáblemente no somos turistas acaudalados, ese deseado viaje a Cuba fueron años de ahorros con ese fin ,de tal modo que no pudimos ingresar debido a que nos cobraban la entrada a cada uno 8 CUC . Estimo que con esa tarifa, solo las personas con billetera más abultada pueden acceder sin ver menguada su economía vacacional . Y creo que es un error por parte de los responsables de esos sitios: ¡ todo lo que hable de la Revolución, debería tener acceso casi libre para que las juventudes de todo el planeta que visiten Cuba, sepan in situ sobre la ENORME EPOPEYA que es la Revolución Cubana !!

Susana Mansuk
 13/3/14 15:11

Yo me pregunto q hubiera echo Fidel en mi pais cuando hacen paro los maestros y dejan a tantos chicos sin clase y ver como los hijos de esos mismos docentes concurren a escuelas privadas

Gladys Corral desde FB
 13/3/14 15:08

Fidel y la Revolucion Cubana ha cumplido cada uno de sus sueños.en los que nos involucramos todos los que con los mismos ideales,no hemos dejado de la lado ,la ardua lucha en nuestras vidas.Hasta La Victoria Siempre,Comandante ,estamos construyendo un sueño,largamente tratado,la creacion de la PATRIA GRANDE

Ediesbel González desde FB
 13/3/14 15:04

Pues si asi es, nuestro querido comandante Fidal Castro Ruz, seguiremos tu ejemplo y tu luz.

Mercy
 13/3/14 12:18

Qué buena selección de citas de discursos. Apenas se conocen y tienen mucha vigencia.

Eduardo Espinosa Fernandez desde FB
 13/3/14 11:22

El hoy Museo de la Revolución, quien no lo ha visitado, no ha estado en La Habana, Cuba.

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