En la historia intelectual de Cuba existen acontecimientos que, aunque menos conocidos que los grandes sucesos políticos, dejaron una huella significativa en la vida cultural de la nación. Uno de ellos fue el Primer Seminario Martiano celebrado entre noviembre de 1941 y mayo de 1942. Las memorias conservadas de aquel Seminario permiten acercarnos a una experiencia singular que reunió a profesores, estudiantes y estudiosos en torno a la figura de José Martí, con el propósito de profundizar en el conocimiento de su vida y su obra.
La iniciativa estuvo encabezada por Gonzalo de Quesada y Miranda, quien dejó constancia de sus propósitos en la introducción de la memoria. Allí explica que uno de sus mayores deseos era llevar a la juventud cubana un conocimiento consciente del Apóstol y contribuir a la formación de un ambiente de alta y útil cubanidad. No se trataba únicamente de recordar a Martí, sino de estudiarlo a través de un programa organizado de conferencias y actividades académicas.
La memoria refleja además el respaldo que recibió el proyecto. Al concluir su introducción, Quesada y Miranda agradece el apoyo brindado por el rector Rodolfo Méndez Peñate, el vicerrector Roberto Agramonte, el decano Pablo F. Lavín y los profesores Juan M. Dihigo y Raúl Roa, quienes acogieron con entusiasmo la iniciativa. También expresa su reconocimiento a los estudiantes y asistentes que participaron en el curso y su seminario.
El programa desarrollado ofrece una visión de la amplitud temática con que se abordó la figura martiana. Las conferencias estuvieron dedicadas a los aspectos biográficos de Martí, su labor y pensamiento revolucionarios, su visión americanista, su enfoque de los problemas cubanos, sus ideas filosóficas, su poesía y el tema del amor en su vida y su obra. El recorrido concluyó con una sesión dedicada a “La Niña de Guatemala”, antes de la clausura celebrada en mayo de 1942.
Una parte sustancial de la memoria está ocupada por las palabras inaugurales de Gonzalo de Quesada y Miranda. En ellas expone la imagen de Martí que deseaba transmitir a los participantes. Lo presenta como escritor, poeta, periodista, orador, crítico de arte, revolucionario y educador. A través de numerosos ejemplos insiste en la amplitud de sus conocimientos y en la diversidad de sus actividades, destacando la capacidad del Apóstol para adentrarse en distintos campos del saber y de la creación.
Sin embargo, por encima de todas esas facetas aparece una idea recurrente en el discurso: Martí como maestro. Quesada y Miranda sostiene que su vida entera constituyó una lección para los cubanos y para todos aquellos que aspiraran a una sociedad más justa. Por ello subraya constantemente conceptos presentes en la obra martiana como la dignidad, el decoro, el deber y el mejoramiento humano.
La memoria posee además un interés especial porque conserva parte del trabajo realizado por los estudiantes. El seminario no se limitó a las conferencias impartidas durante el curso. Sus participantes elaboraron investigaciones y ensayos que fueron reconocidos al finalizar las actividades.
Entre los textos incluidos destaca “Para amar a Martí”, de Lolita Rodríguez Ortega. El ensayo reflexiona sobre la relación de Martí con las mujeres y el amor, abordando figuras como Carmen Zayas Bazán, María Mantilla y otras mujeres vinculadas a su vida. El trabajo intenta comprender cómo los compromisos políticos y humanos del Apóstol influyeron en sus relaciones personales y constituye una de las contribuciones estudiantiles reproducidas con mayor amplitud dentro de la memoria.
Junto a este ensayo aparecen fragmentos de otros trabajos premiados. Roberto López Goldarás, en “Martí, filósofo del deber”, destacó la fuerza espiritual y la voluntad del Apóstol. Guillermo Ochoa Penín, en “La fe humana en Martí”, resaltó su confianza en el ser humano. Pedro Méndez Díaz, en “Martí, hombre y apóstol”, reflexionó sobre la utilidad como rasgo común de las grandes figuras históricas. Margarita Vega abordó el tema de la incomprensión de Martí durante su vida, mientras Aníbal Díaz analizó sus concepciones sobre la educación.
La inclusión de estos trabajos permite apreciar algunos de los temas que despertaron mayor interés entre los participantes del seminario. Los ensayos se acercan a Martí desde perspectivas diversas, pero coinciden en destacar aspectos de su pensamiento, su conducta y su influencia moral.
El seminario concluyó el 13 de mayo de 1942 con la entrega de los premios creados por el propio curso. Según recoge la memoria, durante la clausura la conocida recitadora martiana Nena Acevedo declamó versos del Maestro. Con aquel acto finalizaba una experiencia que Gonzalo de Quesada y Miranda deseaba ver convertida en un estudio permanente y cada vez más amplio de la vida y la obra de José Martí.
Más de ocho décadas después, la Memoria del Primer Seminario Martiano continúa siendo un valioso testimonio de aquella iniciativa. Sus páginas permiten reconstruir el programa desarrollado, conocer las ideas expuestas por su organizador y acercarse a los trabajos elaborados por los estudiantes. Gracias a ello, el documento conserva la huella de un esfuerzo dedicado a promover el estudio de José Martí y a fomentar entre las nuevas generaciones un conocimiento más profundo de su vida y su obra.

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