domingo, 27 de noviembre de 2022

José Martí santificado por la historia

Las ideas del Apóstol de la Independencia de Cuba han sobrepasado las fronteras de su tiempo para llegar al nuestro cada vez más vitales y necesarias...

Narciso Amador Fernández Ramírez en Exclusivo 18/05/2018
0 comentarios
Inauguración estatua ecuestre José Martí

Cuál es el misterio que acompaña a José Martí que cada día penetra más profundo en el corazón cubano. Cuánta grandeza hay en este hombre que ha sobrepasado las fronteras de su tiempo para llegar al nuestro cada vez más vital y necesario.

Ahora, cuando se cumplen 123 años de su caída en combate en Dos Ríos, “el hombre más poderoso de su raza”, al decir de la poetisa chilena Gabriela Mistral, conserva una actualidad que asombra, y su ideario emancipador resulta un arma de combate formidable contra la ola neoconservadora que nos inunda y las apetencias crecientes del “gigante de las siete leguas”, como denominara al imperialismo de los Estados Unidos de Norteamérica.

Y es que este cubano que apenas rebasó los 42 años, la mayoría de ellos radicado lejos de su Patria, fue grande en la vida y en la muerte, y todo lo inmoló por un ideal: la redención de un pueblo, dicho con palabras del filósofo y pedagogo Enrique José Varona.

Todavía circulan criterios contrapuestos acerca de lo sucedido aquel nefasto 19 de mayo de 1895, cuando el mayor general del Ejército Libertador José Martí Pérez cayó mortalmente herido montado en su caballo blanco Baconao, regalo del general José, el hermano de Antonio, en el lugar donde los ríos Cauto y Contramaestre confluyen.

Si “suicidio heroico”, tesis que la propia vida del Apóstol y lo escrito en su carta inconclusa a Manuel Mercado, la noche anterior al desastre, lo refuta de manera irrebatible; que si impericia de jinete inexperto, lo que también niega las tantas veces que Martí desde niño montó a caballo; si ímpetu de soldado inhábil que le ordena al joven Ángel de la Guardia acompañarlo al centro del combate, donde las balas eran más peligrosas.

Lo real es que en Dos Ríos se perdió a la figura insigne de la Revolución de 1895,“al maestro que enseñó doctrinas de libertad, lecciones de concordia, ejemplos de dignidad moral”, según el propio Enrique José Varona.

Cuba perdió con la muerte de José Martí a un genio de la política, la literatura y el pensamiento latinoamericano y universal; cuya prematura desaparición física hizo exclamar al nicaragüense Rubén Darío: ¡oh, maestro, qué has hecho!”, sin darse cuenta que Martí, como el carbón blanco irradiaba luz, pero a costa de consumirse él mismo, un resultado al que estaba predestinado.

Nada estaba por encima de la Patria esclavizada: ni familia, ni trabajo, ni talento literario. Nada. Su obsesión era Cuba y su libertad, cuyo sagrado nombre tenía grabado en el anillo de hierro hecho con los grilletes que llevara en las canteras de San Lázaro, durante su presidio político.

Tuvo siempre Martí vocación de sacrificio, unido a una extraordinaria inteligencia, talento superior y vasta cultura. Ahí están las claves de la presencia cada vez más arraigada de sus ideas en el alma de Cuba. Ninguno de los revolucionarios que le sucedieron, ni los que vendrán, han podido sustraerse de su pensamiento y clarividencia política.

El primero fue Julio Antonio Mella en sus famosas Glosas al pensamiento de José Martí, en la medianía de los años 20; luego serían Villena y Guiteras hasta llegar a su discípulo mayor, Fidel Castro, quien no vaciló en afirmar que fue precisamente Martí el autor intelectual del asalto al Cuarte Moncada y que en su corazón llevaba las doctrinas del Maestro.

Hoy José Martí sigue vigente y pleno, y no habrá suceso trascendente de la Patria en que sus ideas y ejemplo de eticidad revolucionaria no estén presentes y sirvan de inspiración para seguir adelante.

Máximo Gómez, compañero de armas en aquel infortunado combate, escribió: “Allí, en Boca de Dos Ríos, y de esa manera gloriosa, murió José Martí. A esa gran altura se elevó para no descender jamás, porque su memoria está santificada por la Historia y por el amor, no solamente de sus conciudadanos, sino de la América toda también”.


Narciso Amador Fernández Ramírez

Periodista que prefiere escribir de historia como si estuviera reportando el acontecer de hoy


Deja tu comentario

Condición de protección de datos