martes, 6 de diciembre de 2022

El misterio de la cubanidad en el 10 de octubre

Hay quienes lo recuerdan porque es una jornada no laboral, otros lo asumen como un acto de reflexión sobre lo que significa ser cubano...

José Armando Fernández Salazar en Exclusivo 10/10/2016
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Como nos enseñan en la escuela, Carlos Manuel de Céspedes se vio en la obligación de adelantar la fecha del primer alzamiento independentista cubano para el 10 de octubre de 1868 (estaba previsto que fuera al concluir la zafra azucarera) por la intercepción de un telegrama del alto mando español en el que se ordenaba su detención.

Sin embargo, Ludín Fonseca García, historiador de Bayamo, revela argumentos que envuelven en un misterio las verdaderas causas de esta decisión. Primeramente porque dicho telegrama nunca se encontró en los archivos cubanos ni españoles.

El investigador sostiene que tampoco es desdeñable el deseo de Céspedes de vincular el grito independentista con las celebraciones que iban a tener lugar en la isla ese mismo día, para celebrar el cumpleaños de la reina María Isabel Luisa. “Intencionalmente el Padre de la Patria dota al 10 de octubre de evocaciones diferentes. Mientras la dinastía Borbón festejaba por la monarca, los cubanos lo hacían por el inicio del fin de la dominación colonial española en América”, explica Fonseca García.

Más allá de conjeturas históricas, el 10 de octubre es una fecha que lleva intrínseca el misterio de la cubanidad. Cuba fue de las últimas colonias en alzarse contra el yugo español, pero aquel grito independentista fue el más radical en un asunto tan complejo y polémico en aquel entonces como la esclavitud.

Ni siquiera entre los propios conspiradores llegaron a un acuerdo, pero Céspedes liberó a sus esclavos, los llamó hermanos y los convidó a unirse a la lucha.

Siendo aún un adolescente, José Martí se sintió atraído por el misterio del 10 de octubre. Con 16 años publica en el Siboney un soneto libertario en el que se entreveía al poeta y el patriota. Luego, en el exilio, entre 1887 y 1891, pronunciaría cada año un discurso conmemorativo por la fecha.

En uno de ellos exclamó: “…los misterios más puros del alma se cumplieron en aquella mañana de La Demajagua, cuando los ricos, desembarazándose de su fortuna, salieron a pelear, sin odio a nadie, por el decoro, que vale más que ella; cuando los dueños de hombres, al ir naciendo el día dijeron a sus esclavos: ‘¡Ya sois libres!’”.

Cuando se cumplieron 100 años de aquel suceso, Fidel Castro, que en aquel entonces emprendía el esfuerzo de llevar a buen término el proyecto de Céspedes, reflexionaba: “Hace 100 años no existía esa conciencia, hace 100 años no existía la nacionalidad cubana, hace 100 años no existía un pueblo con pleno sentido de un interés común y de un destino común”.

Ese parteaguas que fue el levantamiento cespediano ha sido calificado por Armando Hart como “…la fecha del natalicio de nuestra nación, marca los límites de dos épocas. Antes, esclavitud, anexionismo y reformismo eran corrientes que se imponían; después desapareció la esclavitud, naufragó el anexionismo e históricamente el reformismo devino una concepción política cada vez más reaccionaria”.

Céspedes borró los prejuicios hacia los esclavos, ondeó una bandera, leyó una proclama independentista que situó al proyecto revolucionario cubano entre los más avanzados del continente, y pocos días después legó el himno nacional cubano. En aquel acto de acendrado simbolismo, la campana del ingenio La Demajagua resonó, no para llamar a los hombres a trabajar, sino para levantar a la Patria y hacerla libre.

Hay quienes recuerdan el 10 de octubre porque es una jornada no laboral, otros lo asumen como un acto de reflexión sobre lo que significa ser cubano, más allá de estereotipos y lugares comunes.

¿Por qué Céspedes se alzó precisamente el 10 de octubre? Sus razones no han sido discernidas aún por la historiografía. Quizás, aquel sábado, el Padre de la Patria sintió venir sobre sí la revelación del misterio de la cubanidad, y salió, como dijo Martí, a echar en su espalda un pueblo.


José Armando Fernández Salazar

Para mí no hay nada mejor que estar con los que quiero, riendo y escuchando a los Beatles


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