jueves, 18 de abril de 2024

El día de los barcos

Las costas de la ciudad de Baracoa, en Guantánamo, también fueron escogidas por los mercenarios para invadir nuestro país en abril de 1961...

Raquel Marrero Yanes en Exclusivo 17/04/2012
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Baracoa
Baracoa, fue también escenario de la decisión de todo un pueblo de defender la Revolución Socialista

Muchos son los que no recuerdan nada de aquel abril, pero si los que han escuchado en su propia familia repetir una y otra vez la historia de cuando en Baracoa, el 15 de abril de 1961 pasó a la historia como “el día de los barcos”.

La digna respuesta del pueblo frente a las hostilidades del gobierno de los Estados Unidos, no fue solo en Baracoa. El patriotismo crecía, los cubanos forjaban la historia diariamente: no les cabía en el pecho tanto coraje. Con Fidel había llegado aquel amanecer victorioso y cada hijo de esta tierra estaba dispuesto a mantener viva la luz de aquella alborada.

Precisamente a partir del primero de enero de 1959, el imperialismo avivó la contrarrevolución. La Cordillera de los Órganos, en Pinar del Río, sufría las barbaries de inescrupulosas bandas de alzados. El verde silvestre pagaba con vidas inocentes, la valentía ganaba héroes y los primeros milicianos “peinaban los montes”.

El día 15 de abril de 1961, aviones yanquis violaron el espacio aéreo cubano y bombardearon los aeropuertos de Santiago de Cuba, San Antonio de los Baños y Ciudad Libertad. El preludio de la invasión mercenaria aceleró la declaración del carácter socialista de la Revolución.

MEMORIAS DE UNA ACCIÓN

En Guantánamo cuentan que aquel día el amanecer “pintaba” húmedo y apacible, como otros tantos en la ciudad de Baracoa, a no ser por la inusual señal detectada por un telegrafista que trabajaba en la Marina y que inmediatamente comunicó la anomalía al mando superior, ubicado en esa época en la fortaleza militar El Castillo.

Fue aprovechada la estratégica geografía de este terruño para llamar la atención del mando cubano y distraerlo así del objetivo fundamental en Bahía de Cochinos, en Matanzas.

Pero eso aún no lo sabían los pobladores de la ciudad bendecida cuando decidieron hacer frente a la invasión mercenaria dirigida por el traidor Higinio “Nino” Díaz Anné y orquestada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

Elexis Fernández-Rubio Navarro, presidente de la Unión de Historiadores en Baracoa, dialoga con Cubahora y rememora cuando los barcos comenzaron a acercarse a las costas simulando una expedición de mayores proporciones y aunque casi todos los buques pertenecían a la Marina de Guerra Norteamericana, los marines de abordo venían camuflados con el uniforme del Ejército Rebelde.

Pero a los baracoenses nada les tomó por sorpresa. Se movilizaron masivamente para defender la ciudad ante la amenaza de los buques en sus costas. “Si no se puede mantener la defensa de la ciudad hay que quemarla”, corrió de boca en boca la orden entre el pueblo, mas, no fue necesaria semejante hazaña.

Cuentan antiguos testimonios, refiere Fernández-Rubio, que el miedo ante un pueblo dispuesto a defender su terruño hasta la última gota de sangre, pudo más que la esmerada preparación recibida por los mercenarios en una instalación naval en Belle Chase, Louisiana, para cumplir misiones especiales de la CIA.

La historia recoge además que, ante este fracaso, quienes reclutaron a los mercenarios no les permitieron regresar a La Florida, por lo cual tuvieron que navegar hasta las instalaciones norteamericanas de la isla de Vieques, Puerto Rico, lugar donde fueron aislados. En Miami, esta acción fue bautizada sarcásticamente como “el bojeo a Cuba”.

Aquel 15 de abril de 1961, fue un día, entre tantos otros, en que los habitantes de la Primada de Cuba, al igual que los de toda Cuba, demostraron ser dignos representantes de su historia.

Pero no falló la previsión del Comandante en Jefe Fidel Castro cuando dijo que Playa Girón era un lugar ideal para el desembarco. Unas horas después invaden la Bahía de Cochinos, los cubanos no escatiman esfuerzos para vencer, los yanquis solo lograrían su primera gran derrota en tierras latinoamericanas.

Desde entonces el tiempo trascurrido no ha oxidado aquellos fusiles enarbolados por el pueblo humilde en la céntrica calle de 23 y 12, en el Vedado capitalino, es una larga historia de relevo generacional que mantiene viva sus tradiciones patrióticas y sustenta la certeza total de que cualquier intento agresor contra la patria será victoriosamente rechazado.

No hubo agua bendita en su primer bautismo de fuego en medio del combate contra los enemigos de la nación, sino sangre de patriotas, una vez más derramada por sus bravos hijos, en su prolongada lucha por la libertad, en su largo camino por la independencia.


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Raquel Marrero Yanes


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