sábado, 18 de mayo de 2024

El Camilo del pueblo cubano (+Fotos) (+Video) (+Infografías)

El compromiso de Cuba se basa en el ejemplo de hombres que se han hecho grandes gracias a la entereza de su carácter, uno de ellos es Camilo Cienfuegos...

Dunia Torres González en Exclusivo 28/10/2018
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Camilo Cienfuegos 1
Cada año en Cuba se recuerda a Camilo, y el día 28 ríos y mares de flores reafirman que el valor del país está en sus principios, en sus recuerdos. (Claudia Yilén Paz / Cubahora)

Los pueblos del mundo necesitan muchos Camilos. Se puede luchar contra la injusticia o ser parte de ella; en esa decisión comienza la forja del carácter: definir de cuál lado está la razón y defenderla. Camilo tuvo varias escuelas: la primera fue su hogar, donde aprendió del ambiente obrero y de la entereza de su padre, Ramón Cienfuegos; la segunda, resultó de su experiencia laboral en Cuba y en Estados Unidos, y la tercera, habitó entre sus compañeros de operaciones revolucionarias.

Según las palabras del General de Ejército Raúl Castro, Camilo fue “(…) un fiel exponente del pensamiento avanzado que guiaba el proceso revolucionario cubano, una de las figuras más preclaras desde los tiempos de la lucha armada (…)”. Y esto no fue resultado del azar. Crecería de su madurez política que se evidenció desde su etapa de adolescente, cuando participó en los actos de protesta por el asesinato de Jesús Menéndez como consecuencia de las campañas anticomunistas promovidas por la Segunda Guerra Mundial que trajeron a Cuba una brutal represión contra sus líderes obreros.

Se consolidó su ideología, cuando tuvo que abandonar, en el octavo grado, la Escuela Anexa de San Alejandro, porque su familia no contaba con dinero para sufragar los gastos de sus estudios. Los comienzos de su vida laboral fueron, por ende, realizando las tareas más modestas y peor remuneradas. Experimentó, a muy temprana edad, las penalidades de la clase obrera. Su primer trabajo fue como mozo de limpieza en la tienda de El Arte. Más tarde también sería limpiador de cristales, empacador, y dependiente de bares y restaurantes.

Cuando conoció la vida del emigrante en Estados Unidos se fortaleció su deseo por ver a su país libre; supo cómo era estar lejos de su tierra entre hermanos latinoamericanos que habían perseguido “el sueño americano” y conocieron la explotación de un imperio. En esa etapa comprendió el verdadero significado de las palabras de Martí sobre las entrañas del monstruo.

En una carta escrita en 1956 expresó una fiel convicción: “(…) mi único deseo, mi única ambición es ir a Cuba a estar en las primeras filas cuando se combata por el rescate de la libertad”. Esta idea guio sus pasos a México para formar parte de la lista del yate Granma, a pesar de que solo conocía a uno de los expedicionarios y no había sido enviado por el Movimiento 26 de Julio. Al decir de Raúl, “en honor de la verdad, Camilo se hizo de un lugar en la expedición por su tenacidad y su capacidad de persuasión”.

Luego se fortalecerían sus ideales en medio de hazañas extraordinarias: la Sierra, los llanos del Cauto, la Invasión y la Campaña de Las Villas. Su audacia lo convirtió en un poco más de un año en uno de los Comandantes más destacados del Ejército Rebelde. Su valor y sencillez quedarían sintetizados en estas palabras de su Diario de Campaña: “(…) hemos peleado unas cuantas veces y hemos ganado todas las peleas”.

Entre el duro rigor de las largas marchas y los combates, siempre destinaba tiempo para resolver los problemas sociales en las regiones por las que pasaba. Se convirtió en el látigo que azotaba a los explotadores y en el defensor de los explotados. Realizaba recorridos nocturnos en los que conversaba con los campesinos o “negociaba” con el dueño de una arrocera para que pagara justamente. El Che dijo sobre él que, en dos años y 29 días transcurridos desde que llegó en el yate Granma a Cuba, Camilo se había convertido en “el más grande jefe de guerrillas que dio esta revolución”.

“El recuento de sus actividades en la entonces provincia de Las Villas, como parte de la épica Invasión, sirve quizá como punto decisivo al demostrar la extraordinaria madurez política que en 1958, con apenas 26 años de edad, había alcanzado Camilo”, reconoce Raúl a la hora de valorar la profundidad del pensamiento político del Héroe de Yaguajay.

LA BATALLA DE YAGUAJAY

El combate de Yaguajay constituyó una de las acciones combativas más importantes para alcanzar el triunfo. Por un largo periodo muchos cubanos perdieron la vida en el intento por liberar al país del yugo español, primero, y, luego, de la injerencia extranjera de Estados Unidos. Las enfermedades que aquejaban a la nación eran la desunión, el caudillismo, la indisciplina, la insubordinación…, por estas razones no había sido posible volcar a todo el pueblo en una lucha conjunta y definitiva.

Yaguajay simbolizaba una puerta abierta hacia el occidente, una esperanza que incentivaba las fuerzas de las tropas, también representaba la culminación de un acucioso plan de Camilo para ganar la zona norte de Las Villas (al estar en el centro del país, abría el paso a los cubanos para llegar a la capital). Era una victoria ganada a base de plomo y sangre. Los pronósticos de este combate no eran favorables para los cubanos, pero Fidel había desarrollado una táctica infalible para estos casos: “Una unidad enemiga sitiada era una unidad liquidada, si éramos capaces de cortarles toda ayuda exterior y todo intento de salida”.

Y así lo hizo Camilo. De esta forma describió el histórico hecho: “Como el jefe de las tropas enemigas el 24 de diciembre no aceptaba la rendición, se mantuvo el combate hasta el día 31 en que se recibieron un mortero de 81 mm y una bazuca, además estaba en camino una avioneta. El enemigo fue sometido a un fuerte ataque de mortero y bazuca y al encontrarse en pésimas condiciones, como a las cuatro de la tarde, sacaron banderas blancas y enviaron a dos oficiales a parlamentar con nosotros (...)”.

Es así como la campaña en Las Villas da continuidad a la Invasión y permite abrir una nueva página en la historia del país. Luego, siguió las órdenes de Fidel: “El Comandante Camilo Cienfuegos, con su gloriosa Columna Invasora No.2, debe avanzar sobre la ciudad de La Habana, para rendir y tomar el mando del campamento militar de Columbia (…)”. Como fue el primero en continuar la marcha rumbo a La Habana logra la rendición de la provincia de Matanzas con la ayuda de muchos hombres y mujeres, tarea que se le había asignado al Che, pero que se cumplió antes por la necesidad de continuar la lucha a lo largo de toda la Isla.

COMPROMISO CON LA REVOLUCIÓN CUBANA

Camilo sintió gran respeto por Fidel y la Revolución Cubana, y así se lo expresó: “En mi poder el ascenso a Comandante del Ejército Revolucionario 26 de Julio; al recibir tan alto honor y responsabilidad he jurado cumplir cabalmente dicho cargo y trabajar hasta el límite de mis fuerzas por acelerar el triunfo de la Revolución. Gracias por darme la oportunidad de servir a esa dignísima causa, por la cual siempre estaré dispuesto a dar la vida. Gracias por darme la oportunidad de ser más útil a nuestra sufrida patria. Más fácil me será dejar de respirar que dejar de ser fiel a su confianza. Siempre a sus órdenes”.

Desde enero de 1959 estuvo junto a Fidel en las decisiones que se tomaron en los primeros años de Revolución. Asistió a las reuniones del Consejo de Ministros y de la dirección nacional del Movimiento 26 de Julio. Su opinión era muy escuchada. Con la misma firmeza con la que una vez tomara un arma en el campo de batalla, acompañó el momento en el que, el 22 de octubre de 1959, se dirigió al pueblo de Camagüey ante la televisión para denunciar el contubernio entre Hubert Matos, Díaz Lanz y el ex presidente Manuel Urrutia.

Tenía cabal comprensión de lo que significaba el proceso que se llevaba a cabo: “(…) No es necesario decir aquí hasta dónde va llevar Fidel Castro la Revolución Cubana. Esa Revolución irá hasta sus límites finales. Esa Revolución irá hasta la meta trazada; esa Revolución, como los días de la guerra, solo tiene dos caminos: vencer o morir (…)”.

En la noche del 22, Fidel explicaría por televisión, desde La Habana, los detalles de la traición y del ametrallamiento del 21 de octubre por aviones dirigidos por Díaz Lanz y enviados por Estados Unidos en apoyo a la contrarrevolución. En medio de la intervención Camilo recibe una llamada telefónica, su respuesta fue: “Cuando Fidel está hablando lo único que puede hacer un revolucionario es oírlo”.

Su apoyo lo ratificó en la que fuera una inolvidable intervención ante el pueblo cubano, el 26 de octubre, en la terraza norte del Palacio Presidencial, unas horas antes de su desaparición: “Tan alta como la Sierra Maestra es hoy la vergüenza, la dignidad y el valor del pueblo de Cuba (…)”.

El 28 de octubre, los que despidieron a Camilo en el aeropuerto Ignacio Agramonte no sospecharon que el Cesna no llegaría a La Habana. Fidel, al conocer la noticia, toma partido inmediatamente en las investigaciones, un piloto le explica: “Tan pronto nos enteramos del accidente, nos preparamos para la búsqueda, avisamos a cada compañía, Aerovías Q, Cuba Aeropostal, Expreso Aéreo y Cubana de Aviación (…). Se cubrieron todas estas áreas, que abarcan 43 200 millas cuadradas (…). El segundo día, viendo la posibilidad de que en la Isla no se encontraba, nos extendimos en áreas de 60 millas cuadradas (…)”.

Ya diezmadas las esperanzas, el Comandante en Jefe se dirige a todos los cubanos: “Lo que el pueblo tiene que pensar es esto: ¿De dónde salió Camilo? Y Camilo salió del pueblo. Nadie conocía a Camilo hace cuatro años; tal vez muy pocos, sus amigos. Camilo es, sencillamente, un hombre del pueblo, que salió del pueblo. Es decir, que el pueblo ha dado a los jefes. Y Martí lo decía, que del pueblo saldrían los líderes. El pueblo dio a todos los comandantes, a los que cayeron y a los que sobrevivieron”.

Cada año en Cuba se recuerda a Camilo, y el día 28 ríos y mares de flores reafirman que el valor del país está en sus principios, en sus recuerdos y en sus héroes, esos que dieron su vida por una causa, la de los pobres. Muchos Camilos nacen en Cuba. Muchos Camilos son necesarios en el mundo. Fidel lo dijo claramente: “(…) lo que importa es la continuidad de las naciones; y en definitiva, los hombres tenemos que sacrificarnos para que los pueblos perduren”.

 


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Dunia Torres González

Periodista


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