jueves, 1 de diciembre de 2022

Dos símbolos del patriotismo cubano

Mariana Grajales y Juan Gualberto Gómez representan la lucha de los cubanos por la libertad de la patria y la igualdad racial...

Narciso Amador Fernández Ramírez en Exclusivo 12/07/2018
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Mariana Grajales-Juan Gualberto Gómez
Mariana y Gualberto son Paradigmas de una unidad indisoluble de ideas y sentimientos. (Diseño: Alejandro Fábregas Pombo/Cubahora).

Mariana Grajales Coello y Juan Gualberto Gómez Ferrer de manera coincidente nacieron el mismo día: 12 de julio, pero de años diferentes. La madre de todos los cubanos lo hizo en Santiago de Cuba, en 1815, y el amigo de José Martí y hombre del levantamiento armado del 24 de febrero de 1895 en 1854, en un lugar llamado Sabanilla del Encomendador (Unión de Reyes, provincia de Matanzas).

Ambos son paradigmas de patriotas cubanos y personas íntegras que dieron toda su vida a favor de la independencia de la Patria oprimida y por la igualdad racial.

MARIANA GRAJALES, LA MADRE DE LOS MACEO

Basta decir Mariana Grajales para que su nombre se asocie a lo más puro y noble del alma cubana. Ella, la patriota, la que no admitía lágrimas, la mujer que con 53 años cumplidos se lanzó a la manigua detrás de su numerosa prole para darle a Cuba lo más preciado: la libertad.

Ella, la mujer estoica que ante Cristo hizo arrodillar a todos sus hijos y hacerles jurar luchar o morir por la independencia. Ella, Mariana, la del pañuelo en la cabeza y la ropa pulcra, que sirvió de enfermera durante la Guerra de los Diez Años y soportó todas las penurias con la sonrisa en los labios y las palabras de consuelo para los heridos y necesitados.

Mariana, la madre de los Maceo. La progenitora de aquella tribu heroica que aportó tantos héroes a la causa de la independencia y que supo sobreponerse al dolor de ver caer a su esposo y a varios de sus hijos por un ideal del cual era abanderada.

Ella, la de la frase célebre al ver llegar a su Antonio, herido de gravedad de siete balazos en el cuerpo, y exclamar: “…¡fuera, fuera faldas de aquí, no aguanto lágrimas!”, y refiriéndose a su hijo Marcos, apenas un niño, expresó “…¡y tú empínate porque ya es hora de que te vayas al campamento!”.

Cuando Marcos, su esposo, cayó en combate en el año de 1869, apenas empezada la Guerra Grande. Él solo dijo una frase, una frase que lo simboliza todo: “Díganle a Mariana que cumplí con ella”. Era el testamento de un hombre a la mujer amada y madre de sus hijos. A ella, quien le había inculcado el sentimiento libertario y a la que no podía defraudar.

No tuvo muchas letras Mariana, pero su inteligencia y dones naturales le permitieron entender que su Cuba padecía dos esclavitudes: la que le imponía la Metrópoli española y la del color de la piel. Y luchó contra ambas.

Sus familiares allegados contaban sobre aquella balada de cuna que gustaba cantarle a sus hijos: “Si nace libre la hormiga,/ la bibijagua y el grillo/ sin cuestiones de bolsillos/ ni español que los persiga/ a ir a la escribanía/ a comprar su libertad/ y yo, con mi dignidad/ ¿No seré libre algún día…?”.

José Martí la conoció ya venerable anciana en el exilio de Jamaica. Varias veces el Apóstol de nuestra independencia la visitó en su casa y supo aprehender el alma generosa y noble de la patriota santiaguera y cubana: “…Es la mujer que más ha movido mi corazón”. “¿Qué epopeya y misterio había en esa humilde mujer, que santidad y unción hubo en su seno de madre, qué decoro y grandeza hubo en su sencilla vida, que cuando se escribe de ella es como de la raíz del alma, con suavidad de hijo, y como de entrañable afecto?”. “Muchas veces, si me hubiera olvidado de mi deber de hombre, habría vuelto a él con el ejemplo de aquella mujer”.

Murió en el exilio jamaiquino, el 28 de noviembre de 1893, pero pidió como última voluntad tener descanso eterno en su Cuba amada. Hoy, los restos de Mariana, la Madre de los cubanos, reposan en un lugar sagrado: en el cementerio patrimonial de Santa Ifigenia, junto a José Martí, José Maceo, Carlos Manuel de Céspedes y el Comandante en Jefe, Fidel Castro, entre otros ilustres patriotas.

JUAN GUALBERTO GÓMEZ

Juan Gualberto Gómez nació libre de vientre esclavo, pues sus padres se encargaron de comprarle la libertad antes de nacer. Esa cercanía con la horrorosa institución de la esclavitud y el desprecio que conociera en carne propia por el color de la piel hizo que el ilustre cubano luchara toda la vida por dos cosas para él sagradas: la independencia de Cuba y la igualdad racial.

Pudo estudiar, y en París, la Ciudad Luz, se hizo patriota y periodista. El propio Gualberto solía afirmar que había abrazado las ideas libertarias gracias al bayamés Francisco Vicente Aguilera, a quien conoció en la capital francesa, hombre que le inculcara el amor por la independencia.

En 1879 conoció en La Habana al joven José Martí y de inmediato surgió entre ellos una profunda amistad. Una comunidad de intereses hizo que fuera escogido por Martí como su hombre de confianza en la isla para el levantamiento armado que sucedería finalmente el 24 de febrero de 1895: “Es joya grande y el único que prepara en masa la opinión. El excelente Juan Gualberto Gómez”, escribiría el Apóstol.

Antes, durante el período de Tregua Fecunda o Reposo Turbulento, Juan Gualberto Gómez, en su condición de periodista, se dedicó a abogar por la abolición de la esclavitud y la igualdad entre los hombres. Un deber que puso a igual altura que la independencia de su Cuba, pues el hijo de esclavos sentía una deuda con sus hermanos de raza. Por el bien de ellos libró enconados debates que le hicieron ganar justa fama de polemista brillante.

Cumpliendo la palabra empeñada con Martí, se lanzó a la manigua el 24 de febrero de 1895 en Ibarra, Matanzas. Luego sería capturado y enviado preso a Ceuta. A su regreso a Cuba fue Gualberto uno de los mejores representantes de los intereses patrios en la Constituyente de 1901 y ferviente opositor de la Enmienda Platt.

Y hasta su muerte, el 5 de marzo de 1933, a los 79 años, resultó su figura ejemplo para las nuevas generaciones de cubanos, que veían en el anciano venerable a un mentor y amigo.

Mariana y Gualberto son símbolos de cubanía y patriotismo. Paradigmas de una unidad indisoluble de ideas y sentimientos que fueron más allá de la coincidencia fortuita del nacimiento.

En ambos, la Patria tiene dos buenos puntales.


Narciso Amador Fernández Ramírez

Periodista que prefiere escribir de historia como si estuviera reportando el acontecer de hoy


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