miércoles, 29 de noviembre de 2023

Cuando el pueblo estrenó el uniforme verde olivo

Hace 61 años, el pueblo de Santiago de Cuba salió a luchar a las calles en apoyo al desembarco del Granma...

Narciso Amador Fernández Ramírez en Exclusivo 30/11/2017
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El 30 de noviembre de 1956 pasó a formar parte de las fechas gloriosas de la Historia de Cuba, como anteriormente había sucedido con el 10 de octubre de 1868 y el 24 de febrero de 1895. Ese día en Santiago de Cuba, y en cumplimiento del plan acordado previamente con Fidel, más de un centenar de revolucionarios del M-26-7 (Movimiento 26 de Julio), liderados por Frank País García, salieron a las calles vestidos con el uniforme verde olivo para apoyar el desembarco de los 82 expedicionarios que en yate Granma habían zarpado del puerto mexicano de Tuxpan, la noche del 25 de noviembre.

Si José Martí le había enviado la orden de alzamiento a Juan Gualberto Gómez envuelta en un tabaco, desde México, inmediatamente que el yate puso proa a la isla, salieron para Cuba cinco telegramas con la frase clave: “Obra pedida agotada”.

El destinado a los santiagueros llegó a la casa de Arturo Duque de Estrada; el de La Habana fue dirigido a Aldo Santamaría, el hermano de Abel; y el de Santa Clara, a Santiago Riera, coordinador provincial del 26 de Julio en Las Villas, aunque, realmente llegó a la casa de Haydée Leal. Los restantes dos telegramas fueron a nombre del líder estudiantil José Antonio Echeverría y de Raúl García Peláez, coordinador del M-26-7, en Camagüey.

Era la orden de levantarse en armas contra el tirano para distraer a las fuerzas de la tiranía y facilitar el desembarco de Fidel y sus hombres. Lamentablemente, la simultaneidad planificada no fue posible, a pesar de lo cual hubo acciones revolucionarias en La Habana y Santa Clara, y sangre cubana derramada en varios lugares del país.

No obstante, sería en Santiago de Cuba, cuna de la Revolución, donde realmente la efervescencia patriótica fuera mayor y en donde fueron llevadas a cabo las principales acciones contra el tirano Fulgencio Batista.

Ese día, la capacidad organizativa y combativa del joven Frank País fue puesta a prueba, y salió airosa, a pesar de que no pudo coincidir el levantamiento armado con el arribo de la expedición, debido al mal tiempo y el exceso de peso del yate Granma, que retrasó su llegada a costas cubanas. “¡Quisiera tener la capacidad de tener alas!”, se lamentó Fidel, al escuchar por la radio de la embarcación que en las calles santiagueras se luchaba por la libertad de Cuba.

La hora escogida para comenzar las acciones fue las siete de la mañana. Un morterazo al cuartel Moncada indicaría el inicio, pero no sucedió al ser capturados Léster Rodríguez y Josué País, al frente de esta operación. Esa eventualidad provocó un inicial desconcierto, pero enseguida los revolucionarios se sobrepusieron y en varios puntos de la ciudad se generalizó el tiroteo.

La acción de mayor envergadura fue el ataque a la Estación de Policía, encomendada a la célula de Otto Parellada y donde combatieron hasta morir Pepito Tey, Tony Alomá y el propio Parellada. También hubo combates en el Instituto de Segunda Enseñanza y la Policía Marítima, y se llevó a cabo la fuga de varios presos en la cárcel de Boniato.

El recién fallecido revolucionario Armando Hart Dávalos, quien tuvo una activa participación en estos sucesos, en su libro Aldabonazo, escribió: “Aquel histórico día estrenamos el uniforme verde olivo”.

Mientras, María Antonia Figueroa —entre las mujeres participantes junto a Vilma Espín Guillois, Haydée Santamaría y Asela de los Santos— rememoraba: “Frank (País) y Taras (Domitro) trajeron los uniformes verde olivo. Estos uniformes fueron confeccionados en Palma Soriano por las hermanas Durruty. El color verde olivo fue elegido por Frank —al igual que la bandera y el brazalete— y aprobados por Fidel en México”.

Las horas que le sucedieron a estos hechos fueron bien difíciles. Hart, en su mencionado libro, así las recuerda: “...vivimos momentos inciertos e inquietantes por la falta de noticias de la expedición. Llegamos a temer que se había producido un naufragio, porque para nuestros cálculos por esa fecha ya debían estar en tierra cubana. Había fracasado la operación del 30 de noviembre, (…) y seguíamos sin noticias de Fidel. A pesar del revés, continuamos nuestra lucha. Sabíamos que eran contratiempos tácticos y estábamos obteniendo victorias estratégicas”.

En Santa Clara también se realizaron acciones contra la tiranía: lanzamiento de cocteles Molotov, quema de gomas, distribución de proclamas, incendio de vehículos. Asimismo hubo hechos revolucionarios en otros lugares de Oriente y en La Habana.

Frank País, su artífice principal, al evaluar lo sucedido, enalteció al pueblo santiaguero y su comportamiento en esas horas de lucha desigual: “La ciudad amaneció bajo un tiroteo general. Armas de todos los calibres vomitaban fuego y metralla. La población entera de Santiago, enardecida y aliada a los revolucionarios, cooperó unánimemente con nosotros. Cuidaba a los heridos, escondía a los hombres armados, guardaba las armas y los uniformes de los perseguidos; nos alentaba, nos prestaba las casas y vigilaba el lugar, avisándonos de los movimientos del ejército. Era hermoso el espectáculo de un pueblo cooperando con toda valentía en los momentos más difíciles de la lucha”.

Dos días después, el 2 de diciembre, desembarcaría por Los Cayuelos, en playa las Coloradas, el yate Granma con su preciada carga de hombres. El camino a transitar aún sería largo y costoso en vidas valiosas. La senda marcada por la sangre del los que cayeron ese 30 de noviembre de 1956, en Santiago de Cuba, abonaría y fructificaría el camino de la libertad.


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Narciso Amador Fernández Ramírez

Periodista que prefiere escribir de historia como si estuviera reportando el acontecer de hoy


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