Muchas son las virtudes que distinguen a Camilo Cienfuegos Gorriaran como un hombre excepcional: revolucionario cabal, hombre de pueblo, guerrillero incansable. Existen además características físicas que lo hacían un ser inigualable: su sonrisa amplia, su sombrero alón, existen pocas imágenes publicadas en las que se perciba al Señor de la Vanguardia sin esta prenda singular.
En una entrevista publicada en el Periódico Escambray realizada al ya desaparecido combatiente Orestes Guerra González, jefe del Pelotón de Vanguardia de la Columna No. 2 Antonio Maceo, se conoció de la procedencia del primer sombrero que usara el Héroe de Yaguajay, a finales de junio de 1958.
Cuenta que aquel día Camilo vio a su primo Joaquín con el sombrero tejano, muy bonito, de un gris oscuro, y enseguida se enamoró de la prenda.
“Estábamos conversando. Camilo ve el sombrero, lo coge en sus manos, se lo prueba y dice: ‘Este sí me gusta. Está bueno para los soles esos de los llanos. Me queda bien, ¿verdad?’. Entonces Joaquín le contesta: ‘Si a usted le gusta y le conviene, es suyo’. Camilo añade: ‘No, eso es una jarana que yo tuve con usted, ¿cómo yo le voy a quitar su sombrero?’, y Joaquín insistió: ‘Yo soy ahora el que quiere regalárselo’. Entonces él se empezó a reír y se lo puso, agregando: ‘Bueno, si tú me lo regalas, yo no te lo voy a despreciar’, y se quedó con el sombrero”.
Desde ese momento la pieza acompañó al jefe rebelde por largo tiempo, acompañado de una estrellita de oro en la porción delantera de la copa, que había sido encargada por unos campesinos para que Camilo la portara en el sombrero alón que empezó a integrarse a su imagen guerrillera. “Cuando entró a La Habana, luego del triunfo revolucionario, aún lo llevaba”
Después vendrían otros, por ejemplo el donado por Rafael Verdecía Lien, campesino de Sierra Maestra, colaborador del Ejército Rebelde:
Un día llegué yo a caballo a donde ellos estaban: era el día que llevaba en animal para ensillárselo a Camilo, para que se trasladara de un lado a otro, y él coge y se pone mi sombrero y me dice que a mí no me lucía ese sombrero, que le lucía, por ejemplo, al capitán Camilo, y se lo pone, se miró en un espejito y me dice:
- ¿Qué chico? Ponte la gorra esta.
Le digo:
- Bueno, me la llevaré para la casa y me pondré otro sombrero que tengo allá, que inclusive es mejor que este que tengo puesto, que tiene unos cuantos años ya.
Él se quedó con el sombrero y yo lo miraba y me reía y él luego miraba que yo le estaba mirando el sombrero y él se reía y guiñaba un ojo y les hacía señas a los otros compañeros. Y él luego les hacía señas a ellos que yo estaba mirando el sombrero; parece que él pensaba que yo quería el sombrero, pero era mirando que le lucía bien. Ese sombrero que Camilo traía era mío. Era mío y a mí me era orgullo que a él le luciera bien, lo trajera, y que Camilo con ese sombrero luce más bonito todavía. Ese sombrero se lo regalé yo, se lo regalé yo en el sentido que él lo cogió y se lo puso y le quedó bien, me miró y me dijo que le lucía más a él que a mí y se quedó con él.
Sin embargo, dos de los más importantes se conservan en el capitalino Museo de la Revolución.
Según Gerónimo Besánguiz Legarreta, director del Museo Nacional Camilo Cienfuegos, de Yaguajay, uno de ellos lo llevaba Camilo el 26 de octubre de 1959, cuando habló al pueblo en La Habana, y lo lanzó al aire. La persona que lo alcanzó lo hizo llegar luego a Raúl Castro.
El segundo es el que usaba el propio día de su desaparición. Según informa, antes de abordar la avioneta que lo trasladaría a Camagüey el Comandante Félix Torres conversó con él e intercambiaron sombreros, el de Camilo, se quedó en tierra y fue donado igualmente al museo, agregó.

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