domingo, 27 de noviembre de 2022

Londres 2012: Cuchilla a la hora del té

La pareja cubana de José Antonio Guerra y Jeinkler Aguirre concluyó en la quinta posición en la plataforma sincronizada del clavados, durante los Juegos Olímpicos de Londres...

Abdul Nasser Thabet Teijero en Exclusivo 30/07/2012
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Guerra y Aguirre

Acúsenme ya de chovinista, xenófobo (¡ojo, no lo soy!), loco, de lo que quieran, pero no pude apreciar otra cosa, aunque confieso, traté de no cegarme por la pasión. Mi histeria colapsó como una úlcera ablandada a puros mandarriazos, durante la discusión de medallas de la plataforma sincronizada de los XXX Juegos Olímpicos, acaecida este lunes en Londres, donde los jueces sacaron la cuchilla, cerraron los ojos y afeitaron como carniceros a unos, mientras le pasaban la mano a otros.

Y sí, trataré inicialmente el caso de los cubanos, a quienes los encargados de impartir ¿justicia? llevaron corriendo y a latigazos limpios, como si tomaran el té a la hora de evaluar cada salto.

Ya se que debería abordar la noticia, hablar de los campeones, como dictan las reglas del ¿buen? periodismo, pero en definitiva la prioridad y lo importante es tan subjetivo como el mismo sistema de calificación que impera en este bello deporte.

Entonces, amén de la medalla de oro lograda por la pareja china Yuan Cao y Yanquan Zhang (486,78 puntos), soberbia, casi celestial en cada ejecución, hablaré de los cubanos José Antonio Guerra y Jeinkler Aguirre.

En definitiva, nuestros muchachos concluyeron quintos con 450, 90 unidades, pero después de un gran primer salto, evaluado equilibradamente (54,00 con casi todas las notas de 9 y una de 9,5 eliminada por discriminación pautada en la reglamentación), los árbitros comenzaron a apretar el cinturón y le pasaron factura en el segundo (51,60- tercera peor evaluación del grupo-) y tercer brincos (81,60 -la más baja calificación entre todos los competidores-).

En mi opinión se excedieron con los antillanos, quienes en sentido general no presentaron un programa de saltos muy complejo, obligados pues, a estar más finos y engranados que un reloj suizo.

Por suerte el calambre arbitral cesó en lo adelante, lo que les ayudó a escalar desde la séptima hasta la quinta plaza, bien cerca del podio, pero fuera de este. Otra vez quedó Guerra saboreando una presea, pero con las ganas de asirla, morderla y digerirla.

No obstante, la actuación fue harto destacada, digna de aplausos. Nada hay que reprocharles a nuestros muchachos, al contrario.

A los británicos, por estar en casa, claro está, le pasaban la mano una y otra vez, hasta que al final fue muy evidente un error cometido en el cuarto salto, que ni un médico chino disfrazado de juez podía arreglar. Así, quedaron sepultados en la cuarta plaza, con la sola esperanza de una pifia colosal de algunos de los punteros. Milagro que no sucedió.

Precisamente los de la Gran Muralla, salían como favoritos y así terminaron, con la corona bien ceñida, a pesar de sus 17 (Yuan) y 18 años (Yanquan). Y es que el clavados es deporte para algunos, pero para los chinos es algo genético, inefable, divino.

La plata adornó los cuellos de la dupla mexicana García-Sánchez (468,90) y el bronce fue para los estadounidenses David Boudia y Nicholas McCrory (463,47).

Los dos cubanos competirán nuevamente el viernes 10 de agosto, cuando pugnen individualmente a diez metros de altura.


Abdul Nasser Thabet Teijero


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