domingo, 16 de junio de 2024

Trump contra el mundo

La proyección externa del presidente Donald Trump provoca la oposición de varios actores políticos estadounidenses...

Dalia González Delgado en Exclusivo 15/07/2018
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Trump
Miembros del Congreso estadounidense, donantes, organizaciones de derechos civiles y gobiernos locales han condenado la forma en la cual Trump está manejando la política hacia otros países y las repercusiones que eso podría tener para los estadounidenses (Foto: clarin.com).

Donald Trump no está solo en Washington, aunque sea el centro de las noticias. Más allá de que ocupe titulares en la prensa o sea tendencia en la red social Twitter, el magnate-presidente no es el único que toma decisiones en Estados Unidos, y no es poca la oposición que está enfrentando.

Desde que se conoció su victoria electoral en noviembre de 2016, varios actores de peso se han sumado al enfrentamiento a la agenda política del mandatario. Miembros del Congreso estadounidense, donantes, organizaciones de derechos civiles y gobiernos locales han condenado la forma en la cual Trump está manejando la política hacia otros países y las repercusiones que eso podría tener para los estadounidenses.

Recientemente, General Motors (GM) advirtió que si el presidente sigue adelante con su ola de aranceles, la medida podría ser contraproducente, puesto que generará “menos inversión, menos empleos y menores salarios” para sus trabajadores.

El gigante automovilístico dijo que la amenaza de imponer aranceles sobre las importaciones de automóviles y repuestos podría elevar los precios de los vehículos y afectar a los estadounidenses. Los autos “más golpeados —dijo GM en una nota enviada al Departamento de Comercio— serán los comprados por los consumidores con menos recursos; la demanda sufriría y la producción se ralentizaría”.

Según el discurso del mandatario, su intención es “proteger” a las empresas y a los trabajadores, apuntando a decenas de naciones con aranceles a los metales, y aplicando gravámenes más amplios contra los productos chinos. Esa política, que podría desencadenar una guerra comercial, ha concitado la reacción de varios sectores de negocio en Estados Unidos, especialmente de aquellas empresas que dependen de mercados externos para la producción y venta.

La realidad es que el gobierno de Trump comenzó a aplicar impuestos del 25 % a una larga lista de productos chinos. Asimismo, impuso aranceles sobre el acero y el aluminio importados de la Unión Europea, Canadá y México.

“Es difícil ver cómo vamos a salir bien de todo esto”, dijo a The Washington Post el economista Douglas Irwin, experto en las políticas comerciales de Estados Unidos. “No tiene precedentes haber perseguido a tantos aliados y socios comerciales, obligándolos a tomar represalias”, señaló.

Por su parte, la Business Roundtable  —grupo de directores ejecutivos de las principales corporaciones— emitió una declaración contundente: “La decisión de la Administración de eliminar las exenciones arancelarias al acero y el aluminio para los aliados de Estados Unidos empeora una herida autoinfligida en nuestra economía y expone innecesariamente a los exportadores estadounidenses a represalias extranjeras”. Mientras, la Cámara de Comercio señaló que 2,6 millones de empleos están en riesgo de perderse a causa de las políticas comerciales de Trump.

En el Capitolio también se alzaron las voces. Bob Corker (Republicano por Tennessee), presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, acusó al presidente de “abuso de autoridad” y presentó un proyecto de ley bipartidista que otorgaría al Congreso autoridad para controlar los movimientos comerciales del mandatario. El proyecto requeriría la aprobación del Congreso cuando el presidente promulgue aranceles bajo la excusa de proteger la “Seguridad Nacional”, como hizo Trump.

El senador Lamar Alexander (Republicano por Tennessee), presidente del Comité de Salud, Educación, Trabajo y Pensiones, alertó que los aranceles aumentarán los precios y destruirán los empleos en el sector de la manufactura, especialmente en el automovilístico, que representan un tercio de todos los trabajos de manufactura en Tennessee.

En tanto, el senador Ben Sasse (Republicano por Nebraska) calificó la medida como “tonta”. “Europa, Canadá y México no son China, y no se trata a los aliados de la misma manera que se trata a los oponentes —dijo—. El proteccionismo es una de las causas por las cuales Estados Unidos tuvo una Gran Depresión. 'Make America Great Again' no debería significar 'Make America 1929 Again'”, dijo en referencia a uno de los slogans preferidos de Trump.

Del lado demócrata también hubo condenas. El senador Patrick Leahy (Demócrata por Vermont), emitió una declaración escrita donde expresó que “las acciones temerarias del presidente nuevamente demuestran que no tiene ideas reales sobre cómo aumentar los empleos de manufactura en Estados Unidos”. A su juicio, Trump está actuando “sin ningún plan” para resolver los problemas de los trabajadores estadounidenses. “Canadá es el socio comercial más grande de Vermont. Estas acciones no son un camino hacia el comercio justo, son un camino hacia el comercio fallido”, añadió.

Muchas son las decisiones de Trump que han generado el rechazo de actores clave en Washington: la política de “tolerancia cero” con la cual ha separado a niños inmigrantes de sus padres, la retirada del Consejo de Derechos Humanos de la ONU y de la reunión del G7, por solo citar algunos ejemplos recientes de lo que parecería una política exterior caótica.

¿A qué responde el caos? ¿Por qué tomar decisiones que afectan a sectores económicos de peso? La mayoría de los expertos coinciden en que la pérdida de poder relativo de Estados Unidos se va consolidando, en un mundo cada vez más multipolar. Aunque siguen siendo la primera potencia a nivel global, ahora se ven obligados a negociar con otras. China, por ejemplo, respondió a la política arancelaria de Trump con medidas similares contra los productos estadounidenses, especialmente los agrícolas.

¿Aceptará Estados Unidos no llevar siempre la voz cantante en el coro de las naciones? Parecería que una parte de las élites de poder en ese país quieren ajustarse al nuevo contexto, mientras otras luchan por mantener su supremacía aunque sea a costa de guerras comerciales o militares. De cómo respondan a esa interrogante —a partir de la interacción entre los diferentes actores— dependerá no solamente el legado de la presidencia de Trump sino el futuro de las relaciones internacionales.


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Dalia González Delgado

Profesora e investigadora del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU) de la Universidad de La Habana.


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