lunes, 15 de abril de 2024

Pulmón del planeta en peligro

Presidente de Brasil ignora llamados de movimientos ambientalistas...

Clara Lídice Valenzuela García en Exclusivo 29/10/2020
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Incendio en Brasil
Politólogos consideran que las políticas contra el medio ambiente de Bolsonaro serán derrotadas, pues el colapso del llamado pulmón verde del planeta sería un brutal golpe contra la supervivencia humana.

Uno de los sitios emblemáticos de Brasil es la región de la Amazonía, y muy en especial el Pantanal, donde conviven ejemplares de flora y fauna únicos en el mundo y un reservorio de agua dulce que garantizaría ese preciado elemento para generaciones futuras. A la Amazonía se le llama el pulmón del mundo, un epíteto a punto de ser sacrificado por los grandes capitales.

Aunque las quemas en la riquísima zona en recursos naturales ocurren con regularidad en épocas de sequía, la política neoliberal del presidente Jair Bolsonaro entregó miles de hectáreas a empresas privadas y terratenientes que incendian los terrenos impulsados por la ambición monetaria.

Tras su asunción el 1 de enero de 2019, Bolsonaro dejó clara su posición de retirar a Brasil el Acuerdo de París, redujo un 24 % del presupuesto de la Agencia para el Ambiente y declaró que “todos los años hay incendios y solo ahora los izquierdistas protestan”. Gran error.

En una de sus desafortunadas declaraciones dijo que los ambientalistas buscan derrocarlo, en tanto desautorizó la lucha contra la tala ilegal.

Bolsonaro minimizó la gravedad de la pérdida de miles de hectáreas de selva tropical y la atribuyó a las condiciones meteorológicas adversas, según indicó durante su intervención en los debates de la Asamblea General de la ONU.

“Son consecuencias inevitables de la alta temperatura local, sumado al cúmulo de masa orgánica en descomposición”, dijo en un discurso poco creíble.

El mandatario se pronunció en pro de la actividad agropecuaria y denunció que Brasil es víctima de una “campaña brutal de desinformación” sobre su política ambiental.

La realidad es que existe una fatal combinación del cambio climático, que acentúa grandes sequías, y la acción depredadora humana, que desde que asumió Bolsonaro intensificó el proceso de destrucción y deforestación en la Amazonía. En un año, la deforestación en la región aumentó un 278 %, indicó el sistema de detección de deforestación en tiempo real del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE). El gobierno neoliberal selló un escenario que ya era grave. En mayo se recortaron 187 millones de reales del presupuesto de Ministerio del Medio Ambiente. El Instituto Chico Mendes para la Conservación de la Biodiversidad (ICMBio) perdió el 26 % del dinero planeado para invertir en el manejo de las Unidades Federales de Conservación. El Instituto Brasileño del Medio Ambiente (IBAMA) sufrió un bloqueo del 38 % en las acciones de prevención y control de incendios forestales.

Brasil posee una población indígena de unos 817 000 personas, de 305 etnias diferentes. Un 61 % de esa masa vive en zonas rurales, la mayoría en el norte, noroeste y mediooeste. Nueve Estados (de los 27 en que se divide el país, de más de 8 500 000 km2), conforman la Amazonia, un área de 5 000 000 de km2 donde se ubican las áreas selváticas y bosques de transición, donde son repuestos los árboles cortados.

En esa zona hay 567 tierras indígenas, siempre en peligro de ser intervenidas y robadas a sus legítimos propietarios, aun cuando fuera violada la Constitución Federal de 1988, que les otorga propiedad por derechos originales y de usufructo.

Los Estados que conforman la llamada Amazonia Legal poseen un 80 % de los terrenos donde viven los pueblos autóctonos, en especial en Amazonas y Mato Grosso, segundo y tercer espacios más afectados por la devastación..

Los pueblos originarios contribuyen a la conservación de una cuarta parte de los bosques, el Pantanal y el Cerrado (sabanas o altiplano brasileño). En el Pantanal, la mayor región inundable del mundo y reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco (su territorio equivale a la suma de Bélgica, Suiza, Portugal y Países Bajos) pueden avistarse hasta 650 tipos de aves y felinos. Esa riqueza natural puede desaparecer si Bolsonaro mantiene su política de venta de esos extraordinarios espacios a particulares.

En defensa de sus planes de desalojar estas tierras que ya tienen dueño, y de negar su responsabilidad en el actual desastre, el presidente declaró que los indígenas suelen hacer grandes quemas anuales.

Sin embargo, esos pueblos han usado históricamente técnicas de fuego para preparar los plantíos. Lo hacen con poca intensidad, en áreas pequeñas, con una rotación anual, para que el bosque se regenere.

Para el investigador Antonio Oviedo, por el contrario, “esas compañías incendian para limpiar la tierra, y el fuego entra a las demarcaciones indígenas”, en lo que consideró una actividad criminal alrededor de áreas protegidas.

Según el ingeniero forestal Vinícius Silgueiro, del Instituto Centro de Vida (ICV), “la sustitución de muchas plantas nativas por otras destinadas a pastoreo debilitó la resistencia de la vegetación”.

Silgueiro indicó que muchas quemadas para limpiar el terreno dan lugar a incendios y que esa práctica se mantiene debido a la “sensación de impunidad” que les brinda el gobierno de Brasilia.

Para Bolsonaro, connotado racista, los indígenas en áreas de reservas solo son “animales de zoológicos” y prometió que no habría un centímetro más de tierra demarcada en el país, por lo que, según estimaciones, alrededor del 30 % de esos territorios estarán desprotegidos por el Estado. Las invasiones crecieron un 150 % en 2019.

SALUD HUMANA EN PELIGRO

Está comprobado que no solo la flora y la fauna sufren los estragos de las llamas. Las familias indígenas ven afectadas su alimentación y su salud.

Reportes del INPE muestran que hasta el 26 de septiembre pasado se identificaron 73 459 puntos calientes solo en la Amazonía. Es decir, un 12 % más de lo registrado en 2019, que ya había tenido el peor resultado en más de una década.

El mayor incremento en 2020 se observa en el Pantanal, donde se detectaron 16 667 focos. El número es más de tres veces el saldo del pasado año (5 891). El escenario en el Cerrado también es impactante: se confirmaron 42 921 entre enero y septiembre últimos.

Para el investigador en política y conflictos ambientales Felipe Milanez, profesor de la Universidad Federal de Bahía (UFBA), ni los datos sobre la destrucción de biomas brasileños dan la dimensión de la “tragedia” que se vive en el gigante de Suramérica.

El humo resultante de la deforestación en la Amazonía brasileña el año pasado, dijo, llevó a la hospitalización de más de 2 195 personas y provocó un “impacto negativo significativo en la salud pública” en la región.

Una investigación independiente del Health Effects Institute, una organización sin fines de lucro, financiada por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, hizo un examen sobre los daños que la contaminación del aire causa a la salud, en especial en adultos mayores, personas con problemas pulmonares y las consecuencias fatales en fetos.

Expertos médicos declararon que en 2019 cerca de 500 000 bebés fallecieron en el mundo en su primer año de vida al ser expuestos a la contaminación del aire, considerada la cuarta causa más importante de muerte a nivel mundial, por debajo del tabaquismo y la mala alimentación.

En Brasil, de las hospitalizaciones por enfermedades respiratorias, casi 500 en la zona amazónica fueron de niños de menos de un año, y el resto mayores de 60 años.

Casi tres millones de personas en 90 municipios de la región de la Amazonía estuvieron expuestas a niveles nocivos de contaminación del aire que superan los límites máximos recomendados por la Organización Mundial de la Salud. En septiembre, la cantidad aumentó a 4,5 millones de personas en 168 municipios. 

Mientras Brasil no combata con eficiencia la deforestación, las personas vivirán con un aire tóxico. El fracaso del gobierno Bolsonaro para frenar esta crisis ambiental tiene consecuencias inmediatas para la salud de los residentes en la Amazonía y efectos a largo plazo para el cambio climático global.

En un informe, el Instituto de Investigaciones Ambientales de la Amazonía (IPAM) afirmó la posibilidad de que la situación empeore, pues las invasiones de tierras protegidas crece por día con la anuencia oficial.

Miguel Lago, director ejecutivo del Instituto de Estudios de Políticas de Salud de Brasil, dijo que el norte del país es el área más grande de “desiertos clínicos”, con disponibilidad limitada de atención médica.

La región amazónica alrededor de Manaos, por ejemplo, tiene solo 8.8 camas de cuidados intensivos por cada 100 000 personas, por debajo de lo recomendado por el Ministerio de Salud de Brasil, que es de 10 camas, recordó Lago, para quien la situación es aún más grave debido a la pandemia de la COVID-19. Hasta el pasado día 26 se contabilizaron 157 397 pérdidas humanas, y había 5 409 854 infestados. El Amazonas sufre el peor brote de COVID-19 en Brasil, el segundo país más afectado por la pandemia a nivel global y sin una estructura sanitaria para enfrentarla. Los pueblos indígenas utilizan, para tratar de frenar la enfermedad, solo medicina tradicional.

Politólogos consideran que las políticas contra el medio ambiente de Bolsonaro serán derrotadas, pues el colapso del llamado pulmón verde del planeta sería un brutal golpe contra la supervivencia humana.


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Clara Lídice Valenzuela García

Periodista


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