Otra vez la arpía llamada OEA (+Línea de tiempo)
Fiel a su génesis e historia, la Organización de Estados Americanos coadyuva a hundir a los pueblos...
- Organización de los Estados Americanos:
Organización internacional panamericanista de ámbito regional y continental creada el 30 de abril de 1948 cuando se subscribió, en Bogotá, Colombia, la Carta de la OEA que entró en vigencia en diciembre de 1951. Su objetivo es ser un foro político para la toma de decisiones, el diálogo multilateral y la integración de América. El 31 de enero de 1962 aprobó una resolución que excluyó a Cuba del sistema interamericano donde se pronuncia a favor de la política de hostilidad de la Casa Blanca, oficializó el bloqueo económico, comercial y financiero y estipuló la obligatoriedad de que los países miembros rompieran relaciones con Cuba. El Canciller de la Dignidad, Raúl Roa la calificó como "Ministerio de Colonias Yankis". Cuba, con todo el derecho soberano y de autodeterminación que le pertenece, ratifica que no regresará a la OEA.
¿Que se podía esperar de la carroñera Organización de Estados Americanos (OEA) con sede eterna en Washington, y cargada de figuras y acciones obscenas a lo largo de su historia?
Convocada por las legítimas autoridades de Bolivia a esclarecer la validez de los resultados de las elecciones presidenciales del pasado octubre que dieron el triunfo a Evo Morales, y con poder vinculante sus análisis y conclusiones, era casi una muerte anunciada la que esperaba al gobierno popular que sacó de la pobreza a los mayoritarios bolivianos preteridos, potenció su dignidad, relanzó al país a destacado miembro activo de la comunidad regional y mundial, y logró de forma sostenida los mayores índices económicos del Sur del Hemisferio en los últimos años.
Bien lo había advertido Ernesto Guevara muchos decenios atrás: “Al imperialismo…ni tantico así…nada.”
Y la OEA cumplió su rol. Tanto, que a horas de ponerse en marcha el golpe de estado contra Evo Morales, el Departamento gringo de Estado y los dos o tres figurines de la mafia cubano-gringa que al amparo de Donald Trump conducen la política regional estadounidense, transmitieron su ardiente felicitación a semejante engendro por su “encomiable tarea en La Paz a favor de la democracia”.
Era solo más de lo mismo para una entidad que nació en 1948 como instrumento oficial de Washington para concretar, bajo el fantasma de la Guerra Fría, el control norteamericano sobre sus vecinos del Sur y eternizar la etiqueta de “traspatio inamovible” que se nos impuso.
Nunca desde entonces a acá la OEA defendió derecho de pueblo alguno en esta parte del planeta. Instrumento gringo, ministerio yanqui de colonias, cancerbero del imperio, son apenas algunos de los “títulos honoríficos” que le “adornan” en el decir de las mayorías de la región.
- Lea también: La tradicional política de la OEA en América Latina
Así, nada condenó y mucho apoyó la agresión armada de la década del cincuenta del pasado siglo a la Guatemala del presidente progresista Jacobo Arbenz para mantener a ese espacio centroamericano como una de las tantas “repúblicas bananeras” bajo el control de la omnipotente United Fruit Company.
En l962, la Cuba revolucionaria fue expulsada de su odioso andamiaje acusada de “instrumento de Moscú en el Hemisferio” con la sola honrosa oposición de México.
En 1965, la OEA santificó la invasión militar gringa a República Dominicana para decapitar el movimiento nacionalista que había tomado las calles en esa nación.
En su expediente se acumulan además “méritos” por complicidad y silencio ante la conversión de América Latina y el Caribe en un entramado de dictaduras militares cunas de torturadores, adictos a la desaparición de personas y otros muchos crímenes de lesa humanidad.
Por demás, en tiempos más recientes, y sobre todo en los días del flamante secretario general Luís Almagro Lemes, acciona como uno de los principales deslegitimadores de las administraciones progresistas y de izquierda que llegaron a tomar gobiernos en muchas de nuestras republicas con el deseo de independencia, autodeterminación y progreso propio por bandera.
Como buen brazo Made in USA la OEA ataca hoy a Venezuela y criminaliza a su gobierno Chavista, al tiempo que acoge con beneplácito a todo títere local que se sume a los planes desestabilizadores de Washington contra Caracas.
Secunda y comparte la agresividad contra Nicaragua y Cuba, se abraza a los nuevos aspirantes a dictadores neoliberales regionales, aplaude las sanciones gringas a sus “oponentes” en el área, y hace total silencio ante las justas protestas de los movimientos populares y sociales en Ecuador y Chile y la represión inaudita que han debido y deben enfrentar.
Fidelidad, sí…a todo lo oscuro, sucio, tenebroso, hostil, sangriento, brutal y violatorio que suma nuestra historia hemisférica…si no, no sería la OEA.
¿Que se podía esperar de la carroñera Organización de Estados Americanos, OEA, con sede eterna en Washington, y cargada de figuras y acciones obscenas a lo largo de su historia?
Convocada por las legítimas autoridades de Bolivia a esclarecer la validez de los resultados de las elecciones presidenciales del pasado octubre que dieron el triunfo a Evo Morales, y con poder vinculante sus análisis y conclusiones, era casi una muerte anunciada la que esperaba al gobierno popular que sacó de la pobreza a los mayoritarios bolivianos preteridos, potenció su dignidad, relanzó al país a destacado miembro activo de la comunidad regional y mundial, y logró de forma sostenida los mayores índices económicos del Sur del Hemisferio en los últimos años.
Bien lo había advertido Ernesto Guevara muchos decenios atrás: “Al imperialismo…ni tantico así…nada.”
Y la OEA cumplió su rol. Tanto, que a horas de ponerse en marcha el golpe de estado contra Evo Morales, el Departamento gringo de Estado y los dos o tres figurines de la mafia cubano-gringa que al amparo de Donald Trump conducen la política regional estadounidense, transmitieron su ardiente felicitación a semejante engendro por su “encomiable tarea en La Paz a favor de la democracia”.
Era solo más de lo mismo para una entidad que nació en 1948 como instrumento oficial de Washington para concretar, bajo el fantasma de la Guerra Fría, el control norteamericano sobre sus vecinos del Sur y eternizar la etiqueta de “traspatio inamovible” que se nos impuso.
Nunca desde entonces a acá la OEA defendió derecho de pueblo alguno en esta parte del planeta. Instrumento gringo, ministerio yanqui de colonias, cancerbero del imperio, son apenas algunos de los “títulos honoríficos” que le “adornan” en el decir de las mayorías de la región.
Así, nada condenó y mucho apoyó la agresión armada de la década del cincuenta del pasado siglo a la Guatemala del presidente progresista Jacobo Arbenz para mantener a ese espacio centroamericano como una de las tantas “repúblicas bananeras” bajo el control de la omnipotente United Fruit Company.
En l962, la Cuba revolucionaria fue expulsada de su odioso andamiaje acusada de “instrumento de Moscú en el Hemisferio” con la sola honrosa oposición de México.
En 1965, la OEA santificó la invasión militar gringa a República Dominicana para decapitar el movimiento nacionalista que había tomado las calles en esa nación.
En su expediente se acumulan además “méritos” por complicidad y silencio ante la conversión de América Latina y el Caribe en un entramado de dictaduras militares cunas de torturadores, adictos a la desaparición de personas y otros muchos crímenes de lesa humanidad.
Por demás, en tiempos más recientes, y sobre todo en los días del flamante secretario general Luís Almagro Lemes, acciona como uno de los principales deslegitimadores de las administraciones progresistas y de izquierda que llegaron a tomar gobiernos en muchas de nuestras republicas con el deseo de independencia, autodeterminación y progreso propio por bandera.
Como buen brazo Made in USA la OEA ataca hoy a Venezuela y criminaliza a su gobierno Chavista, al tiempo que acoge con beneplácito a todo títere local que se sume a los planes desestabilizadores de Washington contra Caracas.
Secunda y comparte la agresividad contra Nicaragua y Cuba, se abraza a los nuevos aspirantes a dictadores neoliberales regionales, aplaude las sanciones gringas a sus “oponentes” en el área, y hace total silencio ante las justas protestas de los movimientos populares y sociales en Ecuador y Chile y la represión inaudita que han debido y deben enfrentar.
Fidelidad, sí…a todo lo oscuro, sucio, tenebroso, hostil, sangriento, brutal y violatorio que suma nuestra historia hemisférica…si no, no sería la OEA.
La OEA debe independizarse de Estados Unidos y conformar una nueva Organización OELA Organización de Estados Latino Americanos. O sea sin Estados Unidos ni Canadá, quitarse el yugo de los gringos que solo utilizan los países latinos para explotarlos, empobrecerlos, endeudarlos manipularlos y saquear las riquezas de sus recursos naturales.
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Sigo sin entender por qué se le confió el conteo y verificación de los votos de las elecciones nada menos que a un organismo tan desprestigiado. ¿Acaso se esperaba que se ajustara a la verdad? Tiene razón el periodista, al Che hay que volver a cada minuto: «Al imperialismo ni un tantito así...»
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