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lunes, 23 de marzo de 2026

La solidaridad con Cuba en acciones y un Día Internacional (+Fotos)

En La Habana, presente el Convoy Nuestra América justo en el Día Internacional de la Solidaridad con Cuba, este 21 de marzo, fecha en la que también hubo movilizaciones en calles, plazas y parques de diferentes ciudades del mundo, para exigir a Estados Unidos que detenga su actual escalada de agresión y amenazas contra la mayor de las Antillas....

Redacción Cubahora en Exclusivo 23/03/2026
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La solidaridad con Cuba en acciones y un Día Internacional (+Fotos)
21 de marzo: Día Internacional de la Solidaridad con Cuba. (Fotos: Leonardo Calas Rojas / Naturaleza Secreta)

A finales de febrero, mientras las dificultades hacían estragos en Cuba a raíz del bloqueo energético impuesto por el gobierno de los Estados Unidos, un grupo de activistas comenzó a hacer en distintas partes del mundo una pregunta incómoda para Washington: ¿y si cruzamos el cerco?

No era una pregunta retórica. Era una convocatoria que, en cuestión de semanas, se convertiría en el Convoy Nuestra América: Más de 650 personas de cerca de una treintena de países, representantes de alrededor de 140 organizaciones políticas, sociales, culturales y sindicales, con un propósito común que desafía a la narrativa del aislamiento. Los valientes portan toneladas de donativos —medicamentos, paneles solares, alimentos, artículos de higiene—, pero también algo más difícil de cuantificar: La decisión de poner el cuerpo contra una política que, desde el gobierno de Estados Unidos, pretende someter a un pueblo por la vía de la asfixia.

El 21 de marzo, esa fecha elegida para la convergencia en La Habana, se convertiría además en el Día Internacional de la Solidaridad con Cuba. La designación, hecha pública apenas días antes en conferencia de prensa en la capital cubana, buscaba articular un Frente Internacional que agrupa el sentir solidario de millones de personas en todo el planeta. Y lo logró. No fue casual: Las manifestaciones estaban previstas ese mismo sábado en calles, plazas y parques de diferentes ciudades del mundo, como eco de lo que ocurría en la mayor de las Antillas.

"Frente al peligro que suponen las ambiciones imperialistas de Washington no se puede ignorar un sistema de castigo colectivo contra todo un pueblo", dijo entonces David Adler, coordinador de la Internacional Progresista, una de las organizaciones convocantes. "Eso es un crimen contra toda la humanidad", agregó.

La cifra, de por sí impresionante, se fue ajustando con los días. Lo que comenzó como una movilización de 500 activistas de 30 países se convirtió en más de 600 personas de 33 naciones. Entre ellos, nombres que cruzaron fronteras: el exvicepresidente del Gobierno español Pablo Iglesias, el exlíder del Partido Laborista británico Jeremy Corbyn, el sindicalista estadounidense Chris Smalls, la eurodiputada francesa Emma Fourreau, y el grupo irlandés de rap Kneecap, entre otros.

Pero también hubo quienes llegaron desde el sur de la Florida. Un grupo de ciudadanos estadounidenses partió desde Miami hacia La Habana el mismo 20 de marzo, desafiando el ambiente de hostilidad que desde la Casa Blanca se ha recrudecido en los últimos meses. Víctor Coronado, residente de Nueva Jersey, declaró a la agencia Prensa Latina que viajaba por primera vez a Cuba: “He escuchado mucho de Cuba, sé de sus luchas, sus desafíos, su solidaridad, su gente linda. Ir ahora es un gran acto de amor y compromiso”.

Un clamor contra el cerco

La víspera del 21 de marzo, en el Palacio de Convenciones de La Habana, el Presidente Miguel Díaz-Canel recibió a los integrantes del convoy. No fue un acto protocolar. Fue, como lo describió Fernando González Llort, presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) y Héroe de la República, un momento que “hace historia para Cuba y para el mundo que se levanta para defender los valores humanistas, la decencia y la moral” .

Desde Uruguay, Fernando Pereira, presidente del Frente Amplio, llevó una visión regional: “Cualquier humanista, independientemente de su pensamiento, debe rechazar la injerencia de Estados Unidos sobre Cuba. Cuba no está sola y no va a estar sola” .

Desde Estados Unidos, Medea Benjamin, cofundadora de CodePink, confesó el pesar de vivir en un país cuyo presidente dice que “puede tomar el país de Cuba y hacer con ella lo que le dé la gana”. Pero aclaró: esa postura “no representa el pueblo de los Estados Unidos” .

Gerardo Pisarello, de la organización Sumar y secretario de la Mesa del Congreso de los Diputados de España, fue contundente: “No solamente vamos a continuar hasta el último aliento enviando toda nuestra ayuda, alimentos, medicina, placas solares a Cuba, sino que también si Cuba es agredida vamos a luchar y no vamos a permitir que nos pongan en la sombra a dormir como traidores” .

Manolo de los Santos, director ejecutivo de The People’s Forum, otra de las organizaciones convocantes, recordó que la solidaridad no se agota en el cargamento material. “Ha llegado la hora de desafiar el bloqueo, poner los cuerpos y vidas de los activistas junto al pueblo cubano y decir que no aceptaremos otra Gaza en el planeta”.

La respuesta del presidente: una definición de época

Díaz-Canel, en su intervención, ofreció un recuento de lo que llamó una “agresión multidimensional”: guerra económica, cerco energético, campaña de desinformación sin precedentes.

Pero también habló de la respuesta cubana. Puso como ejemplo los más de 90.000 pacientes que esperan por una cirugía. “¿Y ustedes creen que en Cuba no sabemos operar? ¿Y no tenemos capacidad para atender a todas esas personas? ¿Pero por qué no lo podemos hacer en las condiciones actuales? Eso es criminal”, denunció .

Recordó la epopeya científica durante la pandemia: pese a las prohibiciones que impedían comprar vacunas, ventiladores pulmonares y oxígeno medicinal, los científicos cubanos desarrollaron sus propias vacunas. “Convoqué a esos científicos y esos científicos hicieron las vacunas. Y las vacunas de los científicos salvaron a Cuba” .

En el plano de la defensa, anunció que todos los viernes son hoy Días Nacionales de la Defensa, y en lo económico, habló de la transición energética hacia fuentes renovables y el programa de autoabastecimiento municipal.

Pero quizás la frase que más resonó fue la que cerró su agradecimiento a los integrantes del convoy: “Ustedes construyen puentes que el imperio no puede destruir” .

"Gracias infinitas por no dejarnos solos" —dijo el mandatario—. "Estamos en tiempos difíciles, sí, pero también estamos en tiempos de definiciones. Y aquí en esta isla se define el coraje de un pueblo que prefiere morir de pie a vivir de rodillas".

El día de la solidaridad

El 21 de marzo amaneció con movilizaciones en distintos puntos del mundo. En La Habana, la jornada incluyó un acto de solidaridad en la sede del ICAP y un concierto en el Pabellón Cuba, donde confluyeron influencers, comunicadores, diputados y activistas . La consigna, repetida en varios idiomas, era la misma: “Cuba sí, bloqueo no” .

En la conferencia de prensa que días antes había dado a conocer la designación de esta fecha, David Adler había insistido en que el principal aporte del convoy no era cuantificable solo en toneladas. Era, sobre todo, político: ir en contra de la propia política de Estados Unidos, cambiar el relato hacia lo interno del imperio, posicionar a la opinión pública contra lo que llamó un crimen.

Emma Fourreau, la eurodiputada francesa, resumió el espíritu de aquellos días con una fórmula que bien podría servir de epígrafe para lo vivido: “Frente a la ofensiva del imperialismo, es la amistad y solidaridad entre los pueblos”.

Y al cierre de la jornada, mientras los activistas se preparaban para regresar a sus países con la imagen de un pueblo que resiste ese mismo pueblo que en medio de la sequía, del apagón, de la espera, sigue levantándose cada mañana, quedó la sensación de que algo había cambiado. No porque el bloqueo se hubiera roto, sino porque el puente tendido entre La Habana y el mundo se había hecho más ancho, más visible, más difícil de ignorar.

Como dijo Ada Galano, presidenta de la Coordinadora Nacional de Cubanos Residentes en Italia, con la emoción a flor de piel: “Los cubanos residentes en el exterior no estamos ahí por los obligados. Estamos aquí cumpliendo la parte de deber que nos corresponde”.

El deber, tal vez, sea no acostumbrarse. No acostumbrarse al cerco, no acostumbrarse a la idea de que un pueblo puede ser sometido por la vía de la asfixia. Y construir, cada día, puentes que resistan.

 


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