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lunes, 8 de junio de 2026

Infancias atrapadas dentro de zonas en conflicto

Los niños que viven en zonas en conflicto se convierten en blanco directo de la violencia...

Sheila Moten en Exclusivo 08/06/2026
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Gaza
Una mujer sostiene a su hija mientras esperan durante una revisión nutricional en una clínica apoyada por UNICEF en la Franja de Gaza. (ONU)

Los últimos informes de las Naciones Unidas muestran que los niños que viven en zonas en conflictos no solo son víctimas colaterales, sino que están siendo blanco directo de violencia, explotación y abusos sistemáticos. La infancia adquiere tonalidades más oscuras en aquellos países que ven su vida cotidiana afectada por las guerras y otros conflictos que derivan en la pobreza extrema de los pueblos. En estas naciones, que muchas veces coinciden con los llamados países del tercer mundo, las infancias se ven atrapadas entre las partes beligerantes.

El Informe Anual del Secretario General de las Naciones Unidas sobre los niños y los conflictos armados, publicado en junio de 2025,  revela que la violencia contra los niños en los conflictos armados alcanzó niveles que representan un aumento del 25 % en las violaciones graves en comparación con el año anterior. 

Muchas de las víctimas sufren las consecuencias de artefactos explosivos, incluidos restos explosivos de guerra, minas y bombas improvisadas, así como de fuego cruzado y del uso de armas explosivas en zonas pobladas. Estas consecuencias incluyen tanto daños físicos como psicológicos que pueden permanentemente alterar la trayectoria de estas vidas. En el mundo miles de niños son reclutados y utilizados por fuerzas y grupos armados para participar en combate o realizar tareas de apoyo, aumentando aún más el riesgo contra sus vidas.

Situación en Gaza

Según recoge Amnistía Internacional España la situación de los niños y niñas en Gaza es extremadamente crítica debido a una violencia sostenida, la falta de recursos esenciales y el colapso de la infraestructura básica. Millones de personas se han visto obligadas a huir de sus hogares y, entre ellas, casi la mitad son menores, que sobreviven en refugios improvisados y hacinados, expuestos a enfermedades, desnutrición y frío extremo.

Los reportes de Naciones Unidas han documentado el uso reiterado de armas explosivas en áreas densamente pobladas, lo que multiplica las víctimas infantiles y destruye hospitales, escuelas y viviendas. Las restricciones a la entrada de ayuda humanitaria, la escasez de medicamentos y la saturación del sistema de salud ponen en peligro la vida de los niños y las niñas heridos o con enfermedades crónicas, mientras que el acceso limitado a agua potable y saneamiento agrava aún más los riesgos sanitarios.

Dos años después del inicio de la ofensiva a gran escala, UNICEF estima que más de 64.000 niñas, niños y adolescentes han sido asesinados o mutilados en Gaza. Paralelamente se calculan más de 123.000 estructuras destruidas y decenas de miles con daños severos o moderados, confirmando un nivel de devastación masiva del tejido urbano y residencial. La mayoría de la población sigue desplazada y al menos 1,3 millones de personas sobreviven en más de 970 emplazamientos, en condiciones extremas de hacinamiento y precariedad, en un contexto en el que organizaciones humanitarias insisten en que en Gaza no existe un lugar seguro.

El conflicto ha interrumpido por completo la educación de unas 625.000 niñas y niños, que llevan al menos un curso escolar entero sin poder ir a clase debido a la destrucción de escuelas, al uso de centros educativos como refugios y a la violencia constante. La falta de un entorno educativo seguro no solo vulnera su derecho a la educación, sino que perpetúa ciclos de pobreza y falta de oportunidades futuras.


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Sheila Moten


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