viernes, 23 de febrero de 2024

Haití¿otra vez? (+ Audio)

En medio de crisis absoluta, la posibilidad de una nueva intervención militar extranjera comandada por un jefe africano se torna inminente...

Clara Lídice Valenzuela García en Exclusivo 10/08/2023
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Repulsión del pueblo haitiano
El pueblo haitiano rechaza la intervención militar solicitada por el primer ministro Ariel Henry, liderada por Kenia, nación africana con la que ni siquiera mantiene relaciones diplomáticas. (Tomada de El nuevo diario)

Actores políticos de Haití coinciden en que una nueva intervención militar extranjera no solucionará los problemas heredados o actuales del país. Pero la incapacidad del gobierno de facto de Ariel Henry de resolver la crisis interna, impulsó a su histórico invasor, Estados Unidos (EE.UU.) a planificar de nuevo la ocupación de la tierra caribeña para mantener su dominio sobre los recursos naturales de los ciudadanos más pobres del hemisferio occidental.

El plan está en marcha, con la organización de Naciones Unidas (ONU) como franquicia interventora, apoyada por la Organización de Estados Americanos y otros peleles. Lo que sí sorprendió es que sea Kenia, una nación africana sin siquiera relaciones diplomáticas con Haití, la que se brinde a liderar la invasión, donde también marcaron su deshonra Jamaica, Bahamas y Antigua y Barbudas. Quizás pronto esa lista se incrementará.

La aparición de centenares de pandillas vinculadas a la delincuencia y al narcotráfico empeoró la situación haitiana tras el magnicidio del presidente Juvenal Moïse en 2021. Miles de personas han fallecido por el accionar de estos grupos que secuestran, roban, violan mujeres y hombres.

Militares y policías resultan ineficaces para quebrar el entramado de estas bandas paramilitares que controlan la mayor parte del pequeño país que comparte la isla La Española con República Dominicana.

El pasado octubre, Henry solicitó a la ONU una fuerza multinacional que contribuyeran a exterminar las pandillas, que entonces habían bloqueado la distribución de combustibles en medio de un rebrote del cólera, una enfermedad desconocida en ese país y que fuera introducida allí por un nepalí miembro de las tropas de la ONU –Cascos Azules- en  2010 cuando acudieron a brindar supuesta ayuda luego del terremoto que dejó 10 000 muertos.


Una resolución del Consejo de Ministros de facto dictada el 6 de octubre de 2022, autorizó a Henry a “ (…) obtener de los socios internacionales de Haití un apoyo efectivo para el despliegue inmediato de una fuerza armada especializada (…) para detener la crisis humanitaria”. Pero hasta ahora no se había concretado una respuesta.

Tras el asesinato de Moise en 2021, la lucha interna por el poder empeoró. Su sucesor, nombrado Primer Ministro días antes y autoproclamado presidente, se aferró al poder y está negado a celebrar elecciones generales. La situación nacional se deterioró hasta los límites actuales.

Aunque persisten a lo interno los recelos con la actitud de Henry, ya que las 10 ocupaciones de Haití en 30 años trajeron más desgracias que soluciones, al parecer ya es inminente la entrada de tropas comandadas por Kenia, aliada de Washington y, salvo que se plegó a las órdenes de Washington, nada tiene que ver con los haitianos. En tanto, la Comunidad de Estados del Caribe (Caricom),  también aprobó la iniciativa después que había planteado que los haitianos debían resolver solos sus problemas. Varios de sus miembros están listos para emprender la aventura.

El Consejo de Seguridad de la ONU –que jamás envió un especialista ni un maestro a Haití- autorizó el despliegue inmediato de fuerzas especiales para asistir a la Policía Nacional (con 3 500 miembros mal armados). Decisión tomada tras la visita del secretario general de esa entidad, Antonio Guterres, a territorio haitiano el pasado 1 de julio.

PARTICIPACION DE EE.UU.

La llamada intervención humanitaria en Haití, que es militar, es un hecho, según indican declaraciones de Bárbara A. Feinstein, Subsecretaria de Estado Adjunta de los Estados Unidos para Asuntos del Caribe y Haití, quien anunció la llegada de la fuerza multinacional durante una conferencia de prensa virtual.


Feinstein  reafirmó el compromiso de su gobierno con el éxito de la operación. Una misión keniana llegará a la isla para conocer las necesidades de seguridad, mientras otra viajará a Washington para intensificar conversaciones con autoridades del régimen de Joseph Biden, y de la ONU en Nueva York.

Feinstein aseguró que la Casa Blanca apoyará una campaña de diálogo inclusivo, liderada por haitianos con diversos actores, en particular con Caricom, ¨para alcanzar un consenso, dijo, que concluya en elecciones”.

El próximo día 15, la ONU informará cómo se llevará a cabo el despliegue de esa fuerza en territorio haitiano, con 11 447 569 de habitantes, de ellos casi 2 000 000 en el extranjero, y más de un millón de desplazados internos.

¿POR QUÉ KENIA?

El gobierno de Puerto Príncipe aplaudió la propuesta de Kenia de liderar las tropas intervencionistas y el envío de 1 000 de sus policías, según indicó el ministro de Asuntos Exteriores Jean Víctor Généus.

El anuncio del presidente keniano William Ruto ocurrió el pasado día 28, y de inmediato se encendieron las alarmas sobre los eventuales intereses de la nación africana situada a 12 139 kms (7 543 millas) de distancia de Haití con el interés santificado por la prensa hegemónica de ¨ayudar a formar y asistir a la policía haitiana a restablecer la normalidad y proteger las instalaciones estratégicas¨.

Sin embargo, en círculos políticos internacionales se baraja la hipótesis de que el mandatario africano obedeció órdenes de Washington a cambio de soborno.

Medios de comunicación con acceso a diversas fuentes políticas indican que se está haciendo un teatro para encubrir otra intervención militar imperialista contra la autodeterminación del pueblo haitiano, que incluso organizó brigadas barriales de autodefensa para combatir a las pandillas terroristas.

Se estima que hay más de 400 bandas con miles de miembros, armados por entidades estadounidenses, de la agencia de seguridad de Israel, y el paramilitarismo colombiano, de larga experiencia criminal. En realidad, Kenia carece de liderazgo militar, y lo que fue una presencia negociada puede convertirse en un infierno para los ocupantes.

El interés de Washington en suelo haitiano es conocido. En marzo de 2004, el doctor Georges Michel, publicó un artículo sobre la historia de las exploraciones y las reservas del carburante en el territorio antillano. Ese año, fuerzas especiales extranjeras sacaron del poder al mandatario Jean Bertrand Aristíde, enviado luego a Sudáfrica, con el objetivo de colocar en su lugar a un presidente títere, mantener sus tropas en el país y dominar sus recursos nacionales por largo tiempo.

Leopoldo Espaillat, expresidente de la Refinería Dominicana de Petróleo, aseguró también que investigaciones geológicas realizadas en suelo haitiano, indican que esa nación comparte con su país el yacimiento de oro sin explotar más grande del mundo. A ello se añade que Haití posee reservas de iridio, un mineral poco conocido y escaso, pero básico para la construcción de naves espaciales.


La anunciada invasión, por tanto, no es para eliminar las bandas sino para controlar más la situación y los minerales de valor estratégicos.

Los haitianos recibieron con cautela la propuesta de Kenia, que solo tiene en común con la pequeña nación su raíz africana. La lógica de enviar soldados negros es porque la población de Haití es negra. Ello le permite salir de los reflectores a los blancos supremacistas de EE.UU. y Canadá como agresores y bajarle el tono al colonialismo actual. Paradojas de la historia: aunque fueran los haitianos los primeros en liberarse de su metrópoli europea, siguen siendo tratados como esclavos.

Como terminará este nuevo capítulo de la historia haitiana no se sabe. Pero las bandas paramilitares no se dejarán arrebatar mansamente el control del tráfico de drogas por extranjeros. Y la población haitiana no quiere ni a los asesinos ni a los ocupantes.

Poco le importa a los hambreados pobladores de Haití la hipocresía de Rutto, ni que se haya prestado desde su óptica derechista al sangriento juego que puede producirse en esa islita caribeña.

Jacques Ted Saint-Dic, miembro de la Oficina de Monitoreo del Acuerdo Montana, desestimó que la presencia foránea traiga algún bienestar a su país ni solución a la crisis agudizada en los dos últimos años. Si recibiéramos la asistencia técnica necesaria y se rompen los vínculos entre los gobernantes y los grupos armados, precisó, la inseguridad quedaría resuelta.

La Asociación Militar de Haití (Amidh), organizaciones sindicales del transporte público y docentes, entre otros sectores, califican de  ¨acto delictivo y de traición¨ la solicitud de intervención de Henry.

La Alianza Negra por la Paz (BAP)  exhortó  a la comunidad internacional a rechazar los planes de EE. UU., la ONU y CARICOM. Desde 2004, expresó, fue suprimida la independencia y la soberanía de Haití. Una intervención extranjera armada dirigida por EE.UU. y la ONU  no solo es ilegítima, sino ilegal.

Para Erica Caines, co-coordinadora del equipo Haití/Américas de BAP, EE.UU. tiene solo una agenda, y es mantener su control hegemónico sobre los pueblos y territorios del Caribe y América Latina.

En medio de la escalada de violencia actual, y la que se avecina, con zonas controladas por delincuentes que mataron 1 400 personas solo este año, la Casa Blanca urgió a sus ciudadanos y militares a abandonar la isla cuanto antes debido a la absoluta inseguridad vigente.

Quizás en poco tiempo Rutto y quienes le siguen se arrepientan de viajar más de un millar de kms para encontrar hambre, cólera, asesinos bien armados.

De lejos se puede vender un cuento porque todos los gatos son pardos, pero cerca, muchos se arrepentirán de ocupar una tierra que solo conocen en revistas. Si acaso.


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Clara Lídice Valenzuela García

Periodista


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