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lunes, 5 de enero de 2026

Tejiendo redes para el empoderamiento comunitario

La Red Barrial Afrodescendiente de Cuba es una iniciativa comunitaria que promueve el activismo antirracista y teje redes locales, como forma de resistencia cultural…

Maya Ivonne Quiroga Paneque en Exclusivo 03/01/2026
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Rumba
En 2025, la Academia folklórica La Rumba Soy yo, de los Muñequitos de Matanzas, que contribuye a la formación de las nuevas generaciones de rumberos, celebró su décimo aniversario (Foto: Erick Gómez Toyos)

En un solar, en un pasillo, en el barrio matancero de La Marina, también conocido como “África Chiquita”, la transformación no llega a través de grandes discursos institucionales, sino con el ritmo del tambor, el color de un mural y el sonido de las risas infantiles.

Allí late el corazón de la Red Barrial Afrodescendiente de Cuba, un entramado de proyectos y alianzas que, “de poquito en poquito”, como dice la promotora social Jacqueline Díaz Ayllón, contribuye a la construcción de la resistencia cultural y la conciencia antirracista desde la base comunitaria.

“El emprendimiento afro hoy es una forma de resistencia y de colaboración”. Con esa premisa, Díaz Ayllón, fundadora del proyecto sociocultural AfroArte junto con el artista visual Emilio O'Farrill, articula la filosofía de un movimiento que está transformando la lucha contra el racismo en hechos palpables, desde la economía hasta la educación infantil.

Su trabajo se mueve simultáneamente en el ámbito de AfroArte –laboratorio creativo y tienda de arte con sede en el Castillo San Severino, donde se erige el Museo de la Ruta del Esclavo– y en la Red Barrial Afrodescendiente, estructura comunitaria fundada hace doce años para implementar proyectos de desarrollo local. Esta doble militancia le permite tejer alianzas entre el mundo del arte y la vida cotidiana de los barrios.

Ante la falta de un local físico propio y de financiamiento estable, la Red ha hecho de la colaboración su herramienta principal. Tejen una extensa red de alianzas con artistas independientes o con instituciones como el Centro Memorial Martin Luther King Jr., la Sociedad Cultural Yoruba en Matanzas, líderes comunitarios, proyectos artísticos, autoridades locales de la cultura y la Oficina del Conservador de la Ciudad.

Esas colaboraciones fortalecen la visibilidad del barrio, amplían recursos y permiten que las actividades lleguen a otros públicos, sin perder el liderazgo comunitario. A la vez, refuerzan el mensaje de que el combate al racismo exige articular activismos, cultura popular, academia y nuevas formas de emprendimiento afro, en sintonía con debates más amplios sobre racialidad y políticas públicas en Cuba y la región.

Modelo que hace camino al andar

La Red Barrial Afrodescendiente constituye un modelo donde la conciencia antirracista no se limita a la denuncia. Uno de los logros destacados es la recuperación de un espacio que antes era un basurero, transformado por artistas en un aulita para el trabajo con las nuevas generaciones como eje central de su apuesta de futuro.

A través de talleres de verano, clases, concursos de dibujo y pintura, y participación en eventos como la Bienal Ríos Intermitentes 2024, integrantes de la Red imparten talleres de verano a los niños y niñas de La Marina. Les enseñan sobre sus raíces afrocubanas –a través de la rumba, los orishas, la historia no contada– pero también les dotan de herramientas prácticas: inglés, fotografía, composición artística.

Díaz Ayllón relata una anécdota reveladora: “Pregunté a un niño: ‘¿qué quieres ser cuando crezca?’… Me dijo: ‘presidente’. Y yo le dije: ‘Claro que puedes’. Este enfoque integral busca romper los límites autoimpuestos y sociales. Las actividades concluyen con exposiciones donde los niños muestran sus trabajos, muchas veces portando con orgullo turbantes confeccionados por emprendedoras del barrio, en un ciclo virtuoso que une identidad, educación y economía.

“Aprovechamos todo lo que nos rodea”, subraya Díaz. Esta colaboración se extiende a universidades, escuelas locales e incluye las visitas al Museo de los Bomberos y al Museo de la Ruta del Esclavo, donde realizan actividades conjuntas en saludo al Día de África.

La metodología combina saberes profesionales (como la experiencia de Díaz Ayllón, quien es enfermera de profesión) con un enfoque lúdico y creativo, donde el juego, el dibujo, la fotografía y el baile se convierten en herramientas pedagógicas.

Más allá del folklor

El trabajo de la Red Barrial Afrodescendiente trasciende la mera preservación folklórica. Se trata de un proyecto político-cultural que busca desmontar estereotipos y generar oportunidades económicas desde una perspectiva afrocentrada.

La dimensión de afroemprendimiento aparece vinculada a pequeñas iniciativas de nuevos actores económicos, con sentido social y de justicia racial: colaboración con negocios de la Marina para apoyar a familias vulnerables, diseño de bolsas e identidad gráfica con motivos afrodescendientes, organización de concursos de cocina tradicional, talleres de verano y eventos donde la comunidad participa no solo como público, sino como protagonista y beneficiaria.

Uno de sus pilares es el impulso a los “afroemprendimientos”, la visibilización y el apoyo a pequeños negocios liderados por afrodescendientes, muchos de ellos mujeres, en sectores como la gastronomía tradicional, la moda con identidad (turbantes, ropa con estampados afro) y las artes visuales.

La Red es también custodio del patrimonio inmaterial. Desde La Marina, se defiende la fiesta tradicional de la Quema del Muñeco de San Juan, una práctica cultural, de arte efímero, con profundas raíces en la comunidad.

Junto con la Academia La Rumba Soy yo, liderada por Diosdado Ramos (Figurín) –director artístico de los Muñequitos de Matanzas–, trabajan para que los niños y adolescentes aprendan no solo a bailar rumba, sino a tocar el tambor, cantar y comprender el significado de estos elementos de la identidad cultural matancera.

Desafío de un espacio propio y la búsqueda de financiamiento

Uno de los sueños pendientes, y a la vez un desafío crítico, es la consecución de un espacio físico propio. Actualmente, operan de manera itinerante, ocupando prestados patios, salas de artistas amigos y rincones recuperados.

Cuentan con un proyecto arquitectónico, desarrollado en colaboración con profesionales de Italia, para convertir un local en La Marina en un centro comunitario. “Estamos buscando financiamiento para poderlo comprar… sería un local multiuso donde se puedan dar clases, vender y hacer muchas cosas, todo en función de la comunidad”, explica.

Este anhelo resume la esencia de la Red Barrial Afrodescendiente: crear, desde la autonomía y la autogestión, un lugar que sea reflejo y herramienta de su propia comunidad. Un espacio donde el pasado africano dialogue con el presente cubano, donde el emprendimiento sea una forma de resistencia y donde los niños aprendan que su futuro, se construye con las manos, el corazón y la conciencia de un pueblo que se niega a ser invisible.

La Red Barrial Afrodescendiente de Cuba representa un fenómeno de gran relevancia: el surgimiento de un movimiento social afrocubano contemporáneo que, con pragmatismo y profundo amor por sus raíces, está redefiniendo desde los márgenes lo que significa luchar contra el racismo y la desigualdad. Su historia es, en esencia, la de una comunidad escribiendo su propio relato, “de poquito en poquito”, hasta que sea imposible ignorarlo.


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Maya Ivonne Quiroga Paneque

Periodista, locutora, guionista y directora de radio y televisión


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