lunes, 15 de abril de 2024

Cinco razones para no ofrecer pantallas a nuestros hijos

Las repercusiones negativas de permitir el uso de pantallas en niños menores de dos años y de forma excesiva de ahí en adelante, son tantas, que bien vale luchar contra ellas, aunque hallarles alternativas nos cueste tanto trabajo...

Yeilén Delgado Calvo
en Exclusivo 04/11/2023
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Niños y la adicción a las pantallas
No se nos ocurriría soltar a nuestro hijo pequeño en un país desconocido mientras tomamos café despreocupadamente; dejarlos sumirse en un móvil sin nuestra supervisión ni límites viene a ser casi lo mismo. (Tomada de bbmundo)

Seamos sinceras, no es que a nuestros hijos les encanten las pantallas (móviles, tablets, tv) es que a nosotras también. Por muchísimos años, madres y padres buscaron un método para que los niños se quedaran quietos el tiempo suficiente y los adultos pudiesen cumplir con sus responsabilidades o simplemente descansar un poco: y nada en el mundo logra eso mejor que un celular con jueguitos o con YouTube.

Los colores, el brillo, la música estridente… todo los seduce y se están ahí, obnubilados, con la vista fija; no saltan, brincan ni pelean, no nos piden upa, no se ponen en situaciones de peligro. Parece perfecto. Pero solo parece.

La verdad es que los niños, para su sano y normal desarrollo, necesitan moverse, interactuar con nosotros e, incluso, aburrirse. No es extremismo, la ciencia ha demostrado con creces el impacto negativo del abuso de las pantallas; un indicador que en tiempo de pandemia se disparó, causando una explosión de niñas y niños con retraso en el habla, irritabilidad, conductas violentas, falta de regulación, problemas de sueño y obesidad.

Un llamado de Unicef es más que claro: "los bebés necesitan humanos, no pantallas". Según la neurocientífica Patricia Kuhl, que realiza experimentos con más de 4.000 bebés cada año, los menores de un año no aprenden de una máquina: “Incluso si les muestras videos cautivadores, la diferencia en el aprendizaje es extraordinaria. Obtienes un genio aprendiendo de un ser humano vivo, y obtienes cero aprendizaje de una máquina”.

Queda claro, incidencias negativas en el desarrollo cerebral, emocional y social de los niños son consecuencias de un uso excesivo de pantallas; lo cual no quiera decir que un uso limitado, con contenidos de calidad y control parental no pueda ser educativo; e incluso imprescindible, pues no sería adecuado criar un analfabeto tecnológico en un mundo cada vez más conectado.

Las pautas de gestión del tiempo brindadas por los especialistas coinciden en que antes de los 18 meses lo correcto es cero pantallas. De acuerdo con la Academia Estadounidense de Pediatría, la única excepción para ese grupo etario son las videoconferencias con familiares; de 18 a 24 meses, aconseja ofrecer contenido de alta calidad y que siempre lo consuman acompañados por un adulto. Para niños de dos a cinco años de edad, limita el tiempo de pantalla a una hora al día de programación también de alta calidad.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece de dos a cuatro años hasta una hora, y de cinco a 17 años que no debe pasar de dos horas.

A continuación resumimos cinco razones para regular el uso de pantallas:

1. El uso problemático de dispositivos puede ser similar al abuso de sustancias.

Es común ver en niños habituados a usar constantemente el móvil, reacciones como falta de interés en las relaciones con otras personas, en la práctica de actividades que impliquen la desconexión, y en las tareas escolares; asimismo, lidian con sentimientos negativos como enojo, tristeza o frustración, refugiándose en las pantallas, y hacen berrinches si se les limita el tiempo de uso de las mismas.
 

Los especialistas afirman que estas conductas evasivas y desreguladas se parecen mucho a las de quienes abusan de sustancias tóxicas; pues los niños, que obtienen placer a través de sus dispositivos, tienen modificados sus niveles de dopamina en el cerebro, y de ahí viene la sobrestimulación y la dependencia.

La “desintoxicación de pantallas” es un término cada vez más utilizado por sicólogos infantiles.

2. La sobreexposición a pantallas afecta el desarrollo cerebral y emocional

La exposición y consumo constante de imágenes y mensajes en pantalla afecta la capacidad de atención y enfoque de los niños, el lenguaje, el aprendizaje  y la resolución de problemas.

Sus cerebros son altamente moldeables en los primeros años de vida y necesitan juegos no estructurados e interacción con el entorno físico y social.

3. Se limitan las oportunidades de aprendizaje de habilidades sociales y emocionales fundamentales

Comunicación no verbal, empatía y resolución de conflictos son algunas habilidades que pueden verse limitadas, porque para formarlas necesitan pasar tiempo real con sus cuidadores y otros niños.

Además, acostumbrados a recibir la gratificación de las pantallas cuando quieren, pueden desarrollar baja tolerancia a la frustración, conductas violentas y ansiedad. Muchas veces no saben leer las emociones humanas.

4. Desarrollan problemas físicos

La luz de onda corta que emiten los dispositivos puede llegar a dañar a la retina de manera irreversible. Los niños son tan propensos a ello porque su cristalino se encuentra en desarrollo. De hecho, la OMS pronostica que en el año 2050 cerca del 50% de la población mundial padecerá miopía. 

Otras dificultades se asocian a mala postura, dificultad para conciliar el sueño o que este sea profundo; sedentarismo y obesidad.

5. Limitan el tiempo de calidad en familia

Aunque parezca una panacea, el tiempo en que los niños y los adultos pasan inmersos en sus pantallas es tiempo que les restan a dinámicas familiares sanas. Falta de comunicación, de contacto físico y desconexión emocional pueden ser resultado de ese orden de cosas.

Aunque casi todos hemos sucumbido alguna vez a la “magia” de las pantallas, bien vale regularlas con herramientas. Para ayudarnos en esa misión, que no es imposible, reproducimos algunos consejos proporcionados en páginas especializadas en el tema:

  • Comunica límites de tiempo de pantalla adecuados para tu hijo de manera clara y consistente. Utiliza temporizadores o alarmas para ayudar a controlar el tiempo de pantalla.
  • Proporciona una variedad de juguetes y materiales que fomenten la imaginación, la creatividad y el juego activo.
  • Involúcrate en el juego activo con tu hijo. Realicen actividades al aire libre y jueguen juntos.
  • Establece momentos regulares para el juego en familia, como noches de juegos de mesa o manualidades.
  • Crea áreas libres de pantallas en el hogar, donde no se permita el uso de dispositivos electrónicos.
  • Limita tu propio tiempo de pantalla y muestra interés en otras actividades fuera de las pantallas.
  • Utiliza aplicaciones o programas educativos apropiados para la edad de tu hijo de manera selectiva y controlada.
  • Previsualiza los programas, los juegos y las aplicaciones antes de permitir que tu hijo los vea o juegue con ellos. Mejor aún, míralos, juega o úsalos con tu hijo. Habla sobre lo que están viendo.
  • Asegúrate de que tu hijo esté cerca durante el tiempo frente a la pantalla para que puedas supervisar sus actividades.

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Yeilén Delgado Calvo

Periodista, escritora, lectora. Madre de Amalia y Abel, convencida de que la crianza es un camino hermoso y áspero, todo a la vez.


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