viernes, 19 de abril de 2024

Aventuras con Nube

¿Sumar o no sumar una mascota al caos intrínseco de la crianza? Depende de cada familia emprender esa aventura...

Yeilén Delgado Calvo
en Exclusivo 27/01/2024
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Niño y su mascota
Una mascota ayuda a fomentar la empatía en niñas y niños.

Yo quería un perro, decidida a completar ese sueño de una casa feliz, con hijos y ¡el perro! Había tenido dos, hembras, durante mi infancia y adolescencia: Linda y Shakira, y aunque nunca fui muy dada a los animales, guardaba recuerdos lindos de su presencia en mi hogar.

Sopesé los pros y los contra en solitario antes de iniciar la paciente y sostenida labor de convencimiento de mi esposo (que, valga aclarar, ahora se dice dueño único del animal y es su más ferviente enamorado).

Cuando al final lo logré, iniciamos el camino de buscar un cachorro, algo más difícil ahora de lo que yo suponía, porque -para bien de los animales- existe un amplio movimiento de protección que se asegura de la responsabilidad de las adopciones.

Así llegamos a Nube, un cachorro adorable, que había sido rescatado luego de un inhumano abandono, sin haberse destetado, y recibido un considerable maltrato en la calle.

Ahora, después de que realizáramos su adopción responsable, es maravilloso cómo -gracias a las manos nobles de su rescatadora, y nuestro amor de familia- Nube ha florecido, y no quedan atisbos de su padecer anterior.

Gracias a él hemos comenzado a enseñarle a nuestro hijo menor cómo tratar a los animalitos, sin hacerles daño, y su hermana le ha ido perdiendo paulatinamente el miedo.

Aunque la responsabilidad de cuidar al perro es de nosotros los adultos, poco a poco vamos dándoles tareas en su cuidado, y nos divertimos mucho pasando tiempo en familia con él. "Perrihijo", le decimos, y es indudable que nos aporta una felicidad sustancial.

Lleva dinero y tiempo tener un perro alimentado y con sus vacunas al día, con sus áreas limpias y sin bichos; pero eso ya lo sabíamos antes de traerlo a casa, así que nos ha funcionado bien.

Tener una mascota, del tipo que sea, puede ser una excelente experiencia para niñas y niños, pero son sus responsables quienes deben pensarlo con detenimiento.

No se regala un animal como respuesta a una ilusión o capricho del momento, porque después ello puede dar lugar a abandonos; ni se puede poner en hombros infantiles la atención que supone un ser vivo.

La decisión de adoptar un animal, en específico un perro, si se tienen las condiciones, puede ser muy favorable. En general, implica una experiencia positiva para las familias y, en especial para los infantes: se establecen vínculos intensos, se regulan los niveles de cortisol en sangre, y con ello el estrés; y garantiza actividad física, al sacarlo a pasear o jugar con él.

Según la ciencia, los perros ayudan a los pequeños a aceptarse, valorarse y aumentar su autoestima; a afianzar valores como la incondicionalidad, la responsabilidad, y sentimientos como la compasión, la empatía y la seguridad.

Quienes poseen necesidades educativas especiales se benefician más de ese intercambio, y llegan incluso, como el resto de los niños, a reducir la agresividad y aprender más habilidades sociales.

La labor de cuidado, de conjunto con sus padres, influye en la organización, la comunicación y el trabajo en equipo; y las familias tienden a pasar más tiempo de calidad juntas en función del animal.

"Las interacciones con las mascotas ayudan a estimular la creatividad e imaginación y desarrollar su pensamiento crítico y creativo", dice una página especializada en el tema, respecto a la relación niñez y perros.

Otro beneficio apunta al fortalecimiento del sistema inmunológico y la prevención de alergias e infecciones respiratorias.

Nube es bien pillo, ya sabe pedir que lo carguen, se roba las medias, y le ha arrebatado un pan y una croqueta a cierto niño despistado, dando origen a serios conflictos.

Ver cómo crece saludable y cómo emociona a mis hijos saber sus desventuras y venturas, jugar, y mimarlo, me ratifica en lo acertado de sumar un alma más a nuestro planeta Felicidad.


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Yeilén Delgado Calvo

Periodista, escritora, lectora. Madre de Amalia y Abel, convencida de que la crianza es un camino hermoso y áspero, todo a la vez.


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