Artesanía: ¿arte, cultura o utilidad? (+Fotos)

La manifestación enfrenta hoy importantes derroteros ante la proliferación del trabajo por cuenta propia...

21/04/2012

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Aunque la artesanía cubana no cuenta con un historial enjundioso, comparándola por ejemplo con la de las culturas sudamericanas, su desarrollo en los últimos años resulta llamativo y la pone en la palestra pública, junto con la polémica, no nueva, de hasta dónde es arte, o producto utilitario, o de valor tradicional y cultural.

Etimológicamente “arte con las manos”, la artesanía tiene como principal sostén el trabajo manual, desde formas primigenias hasta la perfección artística, pero siempre matizada por su propósito de satisfacción de necesidades. Mediante ella podemos comprender y hasta historiar las costumbres y tradiciones políticas, religiosas y económicas de un país.

Si en Perú, Chile, México, Ecuador y otras naciones latinoamericanas encuentra raíces en épocas pasadas como la precolombina, en Cuba no ha ocurrido así. Se conoce muy poco del legado indígena y los conquistadores ibéricos apenas introdujeron contados productos de ebanistería.

Ya para las primeras etapas coloniales las producciones artesanales del país adquirieron un sello de autenticidad, aunque para algunos estudiosos del tema, solo fueron casos aislados.

En la artesanía popular cubana, son vitales las herencias españolas y africanas, que le impregnaron, y aún hoy lo hacen, un sentido utilitario y ritual. Alfarería y cerámica, tallado, cestería, talabartería, tejidos y bordados; carpintería, modelado, trabajo en metales y pirograbados, son algunas de sus principales vertientes en Cuba.

Y CUANDO DESPERTÉ, LA ACAA YA ESTABA AHÍ

Según los propios implicados, uno de los hechos que incentivó el trabajo artesanal, fue la creación en 1981 de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA). De acuerdo con sus estatutos, es una organización de filiación voluntaria y selectiva; sus integrantes deben poseer conocimientos y dominio de técnicas para alcanzar los objetivos del desarrollo pleno y superior de las artesanías.

La Asociación reúne a los principales creadores del país, favorece su capacitación y vela por el trabajo con rigor en las diversas líneas creativas, dependiendo de las disímiles materias primas: madera, metal, vidrio, cerámica, textil, fibras, papier maché y otras. También garantiza la comercialización y promoción de las obras dentro del país y en el exterior.

Pero el desafío hoy es mayor. Los artistas artesanos aspiran a continuar siendo referencia cualitativa de la producción de este tipo en el país e ir más allá de lo meramente utilitario, responder a necesidades domésticas, personales y ornamentales, siempre desde la concepción artística de cada pieza.

El surgimiento a mediados de los noventa de la Feria Internacional de Artesanía (FIART), celebrada en diciembre de cada año en el recinto Pabexpo de la capital cubana, es una contribución a esos objetivos, además de espacio de comercialización en el que asimismo se dignifica el aporte de los artesanos y se estimula la creación de valores culturales.

Además de las ventas, coloquios y jornadas teóricas propician espacios para la reflexión y el debate del trabajo artesanal y su proyección social en diferentes naciones.

Las consecuencias del mercado en los productos, la renovación de dinámicas ante la flexibilización del trabajo por cuenta propia y la renovación del modelo económico cubano, traducido en la proliferación de oficios con procedimientos artesanales, son temas de los últimos encuentros.

VS CUENTAPROPISMO ARTESANAL

Cuba asume en la actualidad la transformación de su modelo económico y social. La artesanía, los artesanos y su Asociación, no están al margen.

La ampliación del trabajo por cuenta propia pone a la artesanía ante el reto de superar lo puramente utilitario en medio de la proliferación de modalidades de dudosa factura, pero aceptadas por la población por los precios asequibles.

En ese escenario existen practicantes de oficios artesanales inscritos en el Registro Nacional del Creador de las Artes Plásticas y miembros de la ACAA, y no inscritos. Entre estos últimos se pueden encontrar, por ejemplo, modista o sastre, productor de alfarería o de calzado, talabartero, bordadora-tejedora, entre otros.

Ello conduce, en muchos casos, a la confusión de manualidades con artesanía y, por consiguiente a una batalla emprendida por la ACAA por hacer valer la técnica y la maestría de sus miembros.

Los nuevos precios, tiempos y necesidades, hacen emerger una artesanía rápida de mercadillo que pone en jaque a la que preserva la identidad y los valores culturales.

Muchos “nuevos artesanos” conciben sus ofertas a partir de un interés económico marcado, que resulta en productos de baja calidad, elaborados con cuestionables materias primas, y por ende, mucho más baratos que los de la artesanía tradicional.

Hoy, en no pocos espacios en Cuba, se venden como artesanía productos que desvirtúan la función y esencia de la manifestación, y colocan al artesano artista y a su organización ante muchas paradojas.

Para Dámaso Crespo, uno de los peleteros más reconocidos del país y presidente de la ACAA, la solución no está en ver al cuentapropismo como competencia, sino como complementación. “La singularidad de la artesanía artística no puede ni debe perder terreno, en tanto no hagamos concesiones a la mediocridad ni al mal gusto”, agrega.

“Habrá que adecuar y flexibilizar mecanismos para la adquisición de nuestros insumos y la comercialización de nuestras producciones”, puntualiza.

INICIATIVA DE DESARROLLO SOCIOCULTURAL

Como parte esencial del patrimonio y de la memoria colectiva de la comunidad, la artesanía se convierte dentro del escenario cubano en elemento necesario para todo proyecto de desarrollo local y sociocultural.

Trasmitida usualmente de generación en generación, la cultura artesanal se posesiona como canal de comunicación, de trasmisión de códigos, de historia y hasta de autofinanciamiento y desarrollo sustentable para proyectos socioculturales en beneficio de las comunidades.

La artesanía popular cubana está ligada a las tradiciones más legítimas del pueblo. Su rescate, revitalización y no enajenación ante el auge de una esfera artesanal puramente mercantil es de vital importancia.

Trascender la calificación de “cosa bonita” y “objeto curioso”, es hoy uno de sus principales retos, junto al de no ser confundida con la de tipo comercial.

Sobre el autor

Mayra García Cardentey

Graduada de Periodismo. Profesora de la Universidad de Pinar del Río. Periodista del semanario Guerrillero. Amante de las nuevas tecnologías y del periodismo digital.

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