 |
|
Paralelamente a su batalla de ideas contra la tiranía batistiana, Fidel fue estructurando secretamente la organización que le permitiría desarrollar su estrategia revolucionaria.
|
|
Durante su estancia en el presidio Modelo, ubicado en la hoy Isla de la Juventud, al sur de Cuba, entre finales de 1953 y mayo de 1955, Fidel Castro fue delineando en conversaciones y cartas a sus compañeros, dentro y fuera de la prisión, su estrategia revolucionaria, ya concebida desde antes del asalto al Moncada.
Para el entonces joven abogado era necesario “vertebrar un movimiento independiente y ajeno a los politiqueros corrompidos y antiimperialistas, y desarrollar la insurrección popular armada como la forma más alta de la lucha de masas”.
A su salida del Presidio Modelo el 15 de mayo de 1955, durante el trayecto de Gerona a Batabanó y luego, de este poblado a La Habana, Fidel consultó con varios de sus compañeros la nueva denominación de la organización con la que llevaría a cabo su estrategia revolucionaria, aunque propuso que debía someterse a la aprobación de otros compañeros.
El 12 de junio de 1955, en una vivienda ubicada en la calle Factoría número 62, al reestructurarse la Dirección Nacional del Movimiento Revolucionario que él encabezaba, es que se adopta el nombre de 26 de Julio.
CREAR LAS CONDICIONES SUBJETIVAS
Desde su salida de prisión, Fidel Castro siempre declaró a la prensa en diversas entrevistas y declaraciones: “Estamos por una solución democrática. El único que se ha opuesto aquí a soluciones pacíficas es el régimen”.
Conocedor de la máxima leninista sobre la importancia de las condiciones subjetivas, sabía que no bastaba la existencia de una situación revolucionaria para el triunfo de una insurrección popular.
Era necesaria la existencia de una vanguardia, cohesionada ideológicamente y dispuesta a luchar hasta las últimas consecuencias, para que dirigiera la insurrección popular.
Además, y esto es algo muy importante que a veces han olvidado algunos revolucionarios en otras latitudes, había que convencer al pueblo de que no existía otra opción que la lucha armada.
La propia tiranía batistiana no tardaría en darle la razón al Jefe de los moncadistas sobre la imposibilidad de las vías pacíficas de oposición. El 19 de mayo, la emisora que había trasmitido una comparecencia radial suya fue asaltada por la policía, la cual detuvo al administrador de la planta y requisó documentos.
Un día después, agentes de los aparatos represivos del Gobierno se personaron en casa del moncadista Pedro Miret y sin mandamiento judicial, procedieron a un minucioso registro de su hogar, incautando documentos y hurtando pertenencias de la familia.
Esa misma noche, la Universidad de La Habana, adonde Fidel había sido invitado a pronunciar un discurso, fue rodeada por la policía del régimen, que no solo privó al centro docente de fluido eléctrico sino que además lo cercó con una gran cantidad de uniformados, que impidieron el acceso del pueblo al acto.
Una denuncia de la revista Bohemia sobre la agresión a dos locutores de la radioemisora CMKC de Santiago de Cuba por parte de la soldadesca del régimen, provocó el enojo de la tiranía.
El 22 de mayo, en una pretendida réplica a la revista, el coronel Alberto del Río Chaviano, jefe militar del cuartel Moncada en julio de 1953, lejos de responder a las acusaciones de los periodistas. Profirió una serie de calumnias sobre Fidel y sus compañeros.
La viril respuesta del líder histórico de la Revolución no se hizo esperar. Al igual que en su alegato La Historia me absolverá, durante el juicio por los sucesos del 26 de julio de 1953, denunció al militar por el asesinato a sangre fría de 55 asaltantes al Moncada en las horas posteriores a la acción.
La tiranía reaccionó de forma estúpida. Lanzó a sus alabarderos a calumniar a Fidel y a proferir amenazas contra su vida. Pero se quedó sin argumentos cuando un periódico capitalino publicó las espectaculares declaraciones de Waldo Pérez Almaguer, gobernador de Oriente en los días del asalto al Moncada.
Pérez Almaguer, batistiano hasta que repugnado por tantos crímenes y barbarie se apartó del bando de la tiranía, confirmó las denuncias de Fidel acerca de los asesinatos perpetrados por Chaviano y sus secuaces.
La tiranía siguió con su política torpe y homicida. Al oposicionista Juan Manuel Márquez, identificado con Fidel en cuanto a ideales, lo apaleó cruelmente la policía. Días después, otro oposicionista, Jorge Agostini, era baleado en plena vía público y rematado en el piso ante el estupor de los vecinos del Vedado.
EL MOVIMIENTO AJENO A LA POLITIQUERÍA
Paralelamente a su batalla de ideas contra la tiranía batistiana, emprendida sin descanso por aquellos días, Fidel fue estructurando secretamente la organización que le permitiría, cuando las condiciones fueran propicias, desarrollar la lucha armada contra la tiranía.
En la histórica reunión del 12 de junio de 1955, se acordó además del nombre de la organización, que Fidel partiera al extranjero a preparar un contingente armado para iniciar la lucha guerrillera en las montañas orientales, viejo sueño de Mella y de Guiteras que nunca pudieron culminar.
A Pedro Miret lo designaron responsable bélico del Movimiento; Ñico López y Pepe Suárez asumirían la atención a la Juventud; Faustino Pérez, el importante sector de las finanzas.
Integraban además la Dirección Nacional, Haydée Santamaría, Melba Hernández, Jesús Montané, Armando Hart, Pedro Celestino Aguilera y Luis Bonito. Sería una dirección colectiva, con Fidel como máximo dirigente.
El 7 de julio de 1955, tras dejar fehacientemente demostrado que eran imposibles las vías pacíficas de oposición, Fidel partió a México. Como Martí en 1892, centavo a centavo, dólar a dólar, fue recolectando en la emigración revolucionaria, sin menospreciar los aportes procedentes de Cuba, el dinero necesario para la expedición.
El 25 de noviembre Fidel y sus compañeros partirían de Tuxpan, México, en el yate Granma para iniciar la lucha armada en la Sierra Maestra y hacer válido el compromiso contraído: “En 1956, seremos libres o mártires”.