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Año XI  08/09/2010 16:21 "Año 52 de la Revolución"

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El placer no tiene puntos ni letras (II y final)
MAYTE MARÍA JIMÉNEZ
Aunque la sociedad aún guarda algunos tabúes sobre el erotismo masculino, muchos hombres aprenden a descubrir sus zonas erógenas y disfrutarla en compañía de su pareja.

Encontrar el placer y disfrutar de una sexualidad plena no puede ser motivo de tabú ni diferenciaciones. En cada ser humano se halla la capacidad de relacionar de forma consciente la libido con las caricias, ambientes y gestos que lo desencadenan, elaborando así sus propias rutinas eróticas e íntimas.

En este descubrimiento, tanto las mujeres como los hombres han de vivir el éxtasis según sus deseos. Sin embargo, para ellos el mapa erógeno del cuerpo ha sido cuestionado, especialmente si del punto P se habla, o también conocido como el punto G masculino.

Prejuicios que solo responden a la conductas de una sociedad marcadamente patriarcal, hacen que tanto ellas como ellos relacionen la estimulación de esta zona erógena con identidades sexuales como la homosexualidad.

Ubicado en el área justo detrás de la raíz del pene, entre este y el ano, el punto abarca también la piel que rodea al orificio rectal. Según las encuestas y pesquisas realizadas son excepcionalmente sensibles al tacto, con un rol bien descrito tanto en la erección como en el orgasmo.

Muchas veces las zonas erógenas son estimuladas durante el acto sexual sin que la pareja se de cuenta, pues en este momento de entrega, deseos y pasiones todo el organismo es un detonante del placer. Incluso practican habitualmente la estimulación de este punto P sin estar consciente de ello.

Durante el coito la zona del perineo, ese espacio que media entre el ano y los órganos sexuales es una de las localizaciones más excitantes para el hombre. Un masaje erótico en ella ayuda a enfrentar problemas con la erección y, además, al combinarse con otras técnicas, facilita el control de la eyaculación, ya sea precoz o muy retardada.

Toda esta región se conecta con la próstata, un órgano glandular, de tamaño similar al de una nuez, que se encuentra debajo de la vejiga y delante del recto, cuya función es producir y segregar un líquido por el cual salen los espermatozoides.

Según advierten los expertos, a veces los hombres heterosexuales suelen negarse este placer, hasta el punto que algunos rechazan que su proctólogo les realice un examen rectal, y palpe la próstata con el dedo, poniendo en peligro incluso la vida, pues este análisis médico puede detectar anomalías peligrosas de la próstata.

En esta zona existe una gran cantidad de terminaciones nerviosas por lo que el placer está, como diría el refrán… «a flor de piel». Al igual que el resto del cuerpo, en medio del juego erótico se disfruta de todo tipo de mimos proporcionados por el ser amado o deseado.

SIN TEMOR A DESCUBRIRNOS

Los sexólogos recomiendan que estas caricias sean siempre suaves y abarquen toda la zona, incluidos los testículos, dando una especie de masaje circular, que además de placentero es relajante, pues actúa contra las presiones psicológicas que sienten algunos hombres, sobre todo los más jóvenes, cuando temen fallar a su compañera.

Amen de sus funciones biológicas se asocia con la detonación del orgasmo, pues incide en la erección y las sensaciones de voluptuosidad en el hombre.

Si bien es cierto que este punto erógeno del hombre tiene potencialidades sexuales, al igual que en la mujer el cuerpo de ellos es un mapa a descubrir de sensaciones, máxime porque todo este juego de caricias y besos genera fantasías eróticas en la mente de los hombres que pueden un detonante tan fuerte como el punto P en la búsqueda del orgasmo.

El hombre gusta de la recreación del juego amoroso, busca la provocación, disfruta de lo que aún no tiene, de ahí que los terapeutas sexuales sugieran buscar formas creativas en el preludio del coito, que inciten al deseo.

Los besos y las caricias son los mejores aliados para desencadenar el placer. El cuello, los lóbulos de las orejas, la zona de la ingle, entre otros puntos del cuerpo pueden ser muy bien conjugados en fase clímax.

DESPUÉS DEL PUNTO

Los ingredientes fundamentales para obtener una buena compenetración en la pareja son sin dudas la receptividad, el sentirse cómodos mutuamente y no olvidar, desde el punto de vista práctico, la higiene adecuada de la zona y de las manos, y el estado de salud general de ambos.

Alerta la psiquiatra cubana Elvia de Dios, quien atiende trastornos de la sexualidad masculina, que en la vida íntima nada debe ser impuesto, pues en estas vivencias como en cualquier otra, no puede desconocerse que somos seres sociales y por tanto es imprescindible lograr un clima de confianza, de fortaleza espiritual en la relación.

Tal como en su momento se descubrió que el placer femenino existía, y que el punto G y el clítoris podían ser aliados, existe hoy una cruzada para rescatar también al hombre de la prisión cultural en el tema erótico.

Desde entonces se ha validado una estrecha relación entre lo biológico, con la aprobación de las relaciones sin penetración, o el «permiso» para la autosatisfacción de forma desprejuiciada, y por otra, la sociedad ha ido permitiendo la libre expresión de los sentimientos.

Los seres humanos han aprendido a decir no cuando alguien no les gusta, y defender el derecho a enamorarse y ser románticos.

El organismo es en sí mismo un gran mapa común de zonas erógenas, donde la piel y la mente se unen para develar el deseo y la pasión. En este juego de descubrimientos y creatividad cada quien traduce el placer de una forma muy propia, que puede variar con el tiempo, o el compañero sexual.

Negarse a la vivencia íntima desde los prejuicios sociales, es hacerlo también a la libertad para disfrutar de una sexualidad plena, sin discriminaciones. Más allá del orgasmo como fase cumbre en el acto amoroso, hombres y mujeres tienen derecho a sentirse y disfrutarse en el más amplio sentido de la palabra, sin verificación de letras o puntos.

Consulte además

El placer no tiene puntos ni letras (I)

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Fuente: EXCLUSIVO,
29/07/10

 
 
 
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