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Fotograma de la reconocida película coproducida entre Hong Kong y Francia titulada In the Mood for Love, de Won Kar-Wai.
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Durante todo el mes de mayo y hasta principios de junio, los cines Acapulco y La Rampa proyectan el ciclo "La imagen del deseo". Vamos a pasar de largo sobre la ironía de sean las pantallas de estos dos sitios, sus butacas, pletóricas de algo más profano que el amor durante décadas, que sean ellas y no otras las que alberguen estos filmes eróticos. Vamos mejor a concentrarnos en otros asuntos.
Las muestra agrupa películas francamente eróticas como Deseo, peligro (China, 2007) del director Ang Lee, que obtuvo en 2005 un Oscar por Broke Back Mountain. En ella defiende una tesis que se ha convertido en una de las obsesiones de su carrera (y está presente también en Broke Back Mountain): que la necesidad física es la esencia del amor y no puede superarse. Pero esta atracción trasciende el mero contacto de pieles para convertirse una sed de personalidades, algo así como lo que implica comúnmente encontrase con la media naranja. En el caso de Deseo, peligro son las diferencias ideológicas de cada enamorado las que tensan el deseo carnal, a pesar de que esas ideologías rayan en el fanatismo absoluto.
De Asia también es La flor congelada (Corea del Sur, 2008), que reconstruye ciertos rumores que rodearon la corte coreana. No es una película fácil de etiquetar, para ser sinceros. Tan polémico sería decir que es cine erótico como histórico. Ahora, nadie pone en duda que sus escenas están cargadas de erotismo. El maquillaje, el diseño de vestuario y de arte en general recurren a cierta mezcla de colores (amarillo, rojo…) que bien puede calificarse de sensual. Pero la historia se basta sola. Es la prueba fehaciente de que los límites de la atracción sexual son plurales, que el sexo trasciende los géneros, los propósitos e incluso la mera necesidad física, todo eso, hasta que aparece el amor en el paisaje. Hay momentos donde la imagen del sexo se hace más explícita, pero es en una escena de batalla, la batalla final, donde la sensualidad en el sentido cinematográfico echa chispas.
El cine francés es toda una galería de Eros, y por supuesto, también está presente en el ciclo. Se encuentran películas relativamente recientes como El amante (1992) de Jean-Jacques Annaud, Intimidad (2001) de Patrice Chéreua, y La piscina (2003) de François Ozon, entre otros. Esta última se estrenó en Cuba durante una edición cercana del Festival de Cine Francés y parece más preocupada por los regodeos estéticos de una escritora, el proceso de elaboración de una novela, la imaginación humana en general, que por el sexo, la sensualidad y sus intermedios. No obstante, uno de sus personajes secundarios, interpretado por Ludivine Sagnier, es lo suficiente erótico como para robarse el show incluso tiempo después de terminado el filme. Y en esto no hubo casualidad alguna, este era el propósito del director, y para fortuna de todos así lo logró.
Fueron incluidas otras francesas más lejanas en el tiempo y no por eso menos actuales. Es el caso de los clásicos Ese oscuro objeto del deseo y Bella de día del director español Luis Buñuel. Bella de día parece hecha para un ciclo de este tipo, pero es con películas de esta naturaleza que las múltiples definiciones del cine erótico se vuelven excluyentes. Sí, es cierto que desfila por la cámara todo género de preferencias sexuales: masoquismo, necrofilia, pederastia, sadismo y también ese tipo de sexo que no tiene nombre porque todos reconocemos como normal. Pero el cine erótico, así lo creo, consiste en despertar sensaciones en el espectador, en trasladar los deseos de la pantalla a las butacas y poner a jugar la imaginación, el subconsciente. Sin embargo, Bella de día es un estudio de las conductas sexuales humanas, un estudio racional y en cierto sentido moralizante.
Si alguien todavía no ha visto Gia (Estados Unidos, 1997) este es el momento. Cuenta la vida de la modelo norteamericana Gia Marie Carangi, hermosa como una Venus, lesbiana, terriblemente sensual y portadora de VIH. Gia recoge una de las mejores actuaciones de Angelina Jolie, que de por sí tiene las virtud de jugar con los deseos eróticos del público en todas sus películas, pero esta vez logra trasladar a su personaje hacia los márgenes del misterio, tal y como se propusieron sus realizadores. Son pocos sus parlamentos pero el silencio se convirtió en su mejor arma. Descubrimos la vida de la modelo a través de lo que cuentan sus amigos y familiares, y por toda evidencia tenemos una Jolie que sonríe como si el mundo le quedara pequeño. No en balde, obtuvo un Globo de Oro con este papel. También de Estados Unidos son ¿Hacemos una porno? (2008) de Kevin Smith y Ojos bien cerrados (1999) de Stanley Kubrick.
Tampoco falta una representación del cine latinoamericano con La mujer de mi hermano (México, 2005) de Ricardo de Montreuil, La tarea (México, 2004) de Jaime Humberto Hermosillo, entre otras. Hace poco estuvo en cartelera la película argentina No mires para debajo (2008) de Eliseo Subiela, director muy popular, odiado y venerado por El lado oscuro del corazón. Pero no estamos en este caso frente un filme de culto, de eso no hay duda. La historia de No mires… deja muchas insatisfacciones porque pretende explicar el sexo con una tesis poco organizada, llena de lagunas y flaca. La fotografía de esta película sin embargo es toda una orgía de creatividad, y de hecho, cualquiera diría que Subiela imaginó así cada escena, a partir de ciertas figuras de ensueño.
Bienvenida sea Pantaleón y las visitadoras (Perú, 2000) de Francisco Lombarda por mucho que haya aparecido en la televisión y el cine. No hay dudas de que el erotismo latinoamericano transita generalmente por los mismos caminos que esta película, basada en el libro homónimo de Mario Vargas Llosa. Y de hecho, este es uno de los propósitos de la historia, desentrañar las formas del sexo y el amor a la sazón de nuestro clima.
El ciclo "La imagen del deseo" también incluye películas de Alemania, España, Italia, y la cubana Amor vertical (1997) de Arturo Sotto. Pero cada minuto de la muestra es solo el comienzo. De esto se trata el cine erótico ¿no?, de que las sombras de la pantalla las complete nuestra mente.
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Fuente: EXCLUSIVO,
29/05/10