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La industria turística cubana tendría la posibilidad de recibir tres millones más de visitantes anuales en caso de liberarse la prohibición de viajar a la Isla.
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Sentado a la orilla de la playa, Thomas sonríe malicioso cuando se le pregunta cómo llegó a Cuba. Son ciudadanos norteamericanos tanto él como su esposa Shalia, aunque ella es de ascendencia árabe, algo que delata su piel aceitunada que contrasta con la pálida tez de su marido.
La pareja elude la pregunta y sólo dicen que viven en Houston. Están ahora en Varadero, adonde llegaron por las referencias de un amigo y después de un viaje que se extendió más de la cuenta al no poder volar directamente hasta Cuba.
Y es que Washington prohíbe a los ciudadanos norteamericanos viajar, y mucho más hacer turismo, en la isla. Esa prohibición forma parte del apretado entramado legal que conforma el bloqueo a Cuba decretado hace casi medio siglo por la administración de John F, Kennedy.
Precisamente el turismo, que se ha convertido en la locomotora de la economía nacional, ha sido uno de los sectores más golpeados por ese cerco, que desde abril de 2008 hasta marzo último costó al país más de mil 200 millones de dólares, por ingresos dejados de percibir.
Según proyecciones de la Asociación de Agencias de Viajes de América, (ASTA por sus siglas en inglés) y que coinciden con las de otras fuentes vinculadas al turismo internacional, de no existir la prohibición del gobierno de Estados Unidos, 1,75 millones de norteamericanos hubieran disfrutado de sus vacaciones en Cuba durante el 2008.
Por ese concepto, la industria turística cubana dejó de ingresar en ese período no menos de mil 120 millones de dólares, considerando incluso una disminución en los gastos diarios de esos visitantes, motivada por la crisis que afecta a la economía norteamericana desde el pasado año.
Pero la cosa va mucho más allá, pues la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC por siglas en inglés) del Departamento del Tesoro continua impidiendo las transacciones comerciales a La Habana derivadas de la oferta turística cubana, incluidos los servicios ofrecidos a través de Internet, entre los cuales están las reservaciones, compra de pasajes, alojamiento, arrendamiento de aviones y operaciones relativas al turismo de crucero y náutico.
El pasado año, la OFAC prohibió a la empresa GDS SABRE continuar prestando servicios globales de distribución de reservas de habitaciones a hoteles cubanos administrados por cadenas extranjeras.
Las empresas turísticas cubanas tampoco pueden anunciarse en los sistemas de servicios en la red, como Google, Yahoo y MSN, por ser todos estadounidenses.
La persecución llega al punto de que las líneas aéreas canadienses deben entregar a las autoridades de Estados Unidos, con 72 horas de antelación, la información sobre los pasajeros en vuelos que cruzan el territorio norteamericano hacia Cuba.
Ese nuevo control es utilizado por la OFAC para descubrir a los ciudadanos estadounidenses que viajen a Cuba sin permiso y aplicarles la correspondiente sanción que puede ser desde multas hasta penas de cárcel.
Y como si fuera poco, el bloqueo imposibilita la compra de equipos, piezas, partes y agregados en el mercado de Estados Unidos y en sus filiales y sucursales en otros países, así como de tecnología y servicios de marcas norteamericanas que son conocidas por los turistas.
Esas trabas, reveladas en el informe de Cuba sobre las afectaciones provocadas al país por el bloqueo, encarecen el suministro a la industria turística cubana, al hacer más altos los precios, aumentar los inventarios, incrementar los fletes y elevar las tasas de interés por créditos.
No hay dudas de que esas dificultades impiden el arribo masivo de norteamericanos, pero un grupo no despreciable, como Thomas y Shalia, corren los riesgos y llegan a vacacionar a la isla, aunque Washington se empeñe en acabar con el turismo en Cuba.
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Fuente: EXCLUSIVO, 26/10/09