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Año XI  08/02/2010 16:36 "Año 52 de la Revolución"

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Nobleza en las venas
BÁRBARA AVENDAÑO y TONI PRADAS
El sistema de bancos de sangre del país ha emprendido la ruta de la informatización. (Foto: Antonio Pons Beato)

Aun azul, la sangre de muchos soberanos no lograba coagular. En un intento por romper el círculo vicioso de los matrimonios consanguíneos, de refrescar un linaje idóneo de heredar nuevos territorios del mapamundi y, sin embargo, incapaz de trasmitir a los descendientes factores para contener un imprevisto sangrado, en vez de lograr limpieza las hijas de la reina Victoria de Inglaterra expandieron la hemofilia a las casas reales de España y Rusia.

Cuando Nicolás Romanov nació en 1868, ya estaba escrito que sería zar y gobernaría a su antojo el imperio más extenso del mundo, mas su autoridad no era respetada por sus propias venas ni las de sus allegados. Como muchas mujeres de su corte, una dama portaba la hemofilia a su línea descendiente, incluso tras mermar la fortuna que puso en duda su nobleza antes de la Revolución de Octubre y a pesar de la posterior ejecución de Nicolás II.

Generaciones después, Nadiezhda Kondakova, biznieta de aquella dama, llevaba con la hemofilia en su sangre, el odio al invasor nazi, y con su mensaje genético el correo en el frente soviético durante el sitio de Leningrado. Años después nacieron sus dos hijas y un varón, Alexei, heredero de la enfermedad. Una de las hembras, la bella Liudmila, se casó con un cubano que fue a estudiar a la Unión Soviética y de la unión nació Antón Milián Kondakov, un "agua tibia", como llaman en Cuba a la genética resultante de la mezcla un país frío y otro caliente.

En La Habana, el joven Antón llegó a la adultez sorteando los contratiempos de la hemofilia y las hospitalizaciones, sometido a traumáticas operaciones y a las veleidades de la existencia de concentrados de sangre fresca. Probablemente tarareara más de una vez ciertos versos de su padrastro, el cantautor Noel Nicola: "¡Terminaré muriéndome de joven / terminaré muriéndome de vida!".

Para que esto no sucediera, para que medicamentos y transfusiones estuvieran al alcance de todos los ciudadanos, el sistema de salud cubano organizó desde décadas atrás la industria para la producción de hemoderivados y el aporte voluntario de donaciones de la vital materia prima. Hoy, además, los pasos se encaminan hacia la informatización de los bancos de sangre.

PURA SANGRE

Décadas atrás, soviéticos y cubanos fueron juntos al cosmos y el ingeniero en Sistemas Automatizados de Dirección, Luis Guillermo Fernández, fue uno de los que intervino en un experimento para medir parámetros fisiológicos de individuos sometidos a condiciones especiales. Hoy Fernández dirige la empresa Softel, dedicada a brindar soluciones informáticas a la salud.

Uno de los sistemas de Softel, GalenLab, informatiza la gestión de los servicios de diagnóstico y consultas, así como las órdenes de laboratorio y otros estudios de acuerdo con los servicios que brinda el policlínico, según explica el ingeniero. En lugares como el capitalino hospital Hermanos Ameijeiras se conecta a los equipos autoanalizadores de sangre para devolver los resultados al paciente.

Pero donde el GalenLab ha tenido su verdadera prueba de fuego es en la red que incluye los 48 bancos de sangre de la Isla, cuyos primeros pasos se dieron en 2004 en la entidad provincial de Ciudad de La Habana, ubicada en las calles 23 y 2, Vedado. El doctor René Ortega, subdirector técnico del centro, precisa:

"Antes todos los datos se llevaban en papeles y la historia del donante se archivaba en cajas, quizás por cinco años. En nuestro centro, que atiende diariamente no menos de cien personas, era difícil saber los resultados de la última donación de alguien (los hombres pueden hacerlo cada tres meses y las mujeres cada cuatro) y casi imposible identificar a los donantes seguros —brindan su sangre dos y tres veces al año— cuyas pruebas dieron negativo.

"La primera fase del proyecto de informatización apenas incluyó los registros de donantes —es decir, la creación de las bases de datos— y del despacho de la sangre a los hospitales. Tres meses después ya habían dicho adiós al papeleo y el sistema se clonó a los demás bancos del país.

"Con la segunda etapa la preocupación creció: había que adiestrar a una buena parte del personal. Se situaron computadoras en todos los puestos clave, en red, lo que permitió llevar de manera mucho más segura la trazabilidad de la sangre y sus componentes hasta el destino final".

Otra de las facilidades que ofrece GalenLab es el acceso al registro centralizado de donantes, a través de un nodo de la red médica Infomed. "Si al teclear el número de carné de identidad de una persona durante la inscripción, aparece que en la última donación tuvo alguna prueba positiva (serología, hepatitis C o B, o VIH), una alerta indica que porta riesgo biológico. Solo el médico a cargo del chequeo está autorizado a introducir una contraseña para comprobar qué tipo de examen dio positivo y dónde fue hecho", detalla René.

Entusiasta, ya imagina cómo será cuando posean el lector de huellas digitales para imprimirlas en la ficha del donante. Por ahora espera el momento de poder arrancar con la tercera fase del proyecto: el enlace de los bancos de sangre con los servicios de transfusión de los hospitales, cuando todos estén informatizados.

SANGRE, SUDOR Y LÁGRIMAS

Una, dos, tres veces la niña Viviana debió entrar al salón de operaciones ese día, a pesar de haber llegado por una sencilla cirugía de amígdalas: su garganta se negaba a dejar de sangrar. Al quirófano llegó con 14,7 de hemoglobina, pero, al filo de la medianoche, el médico le advirtió a los padres que, ante la abundante pérdida, debía transfundir a la muchachita.

Hoy aquella nena tiene 20 años, y el episodio contado es solo una pesadilla en la memoria de la familia. Sin embargo, para todos sus integrantes, como para cualquier cubano, el hecho de recibir una donación de sangre gratuita es algo trivial, únicamente reciprocado con el agradecimiento.

En Cuba los primeros servicios de transfusión se organizaron en 1925 en algunos hospitales de maternidad, pero no pocas fueron las tribulaciones enfrentadas desde entonces para que asistencia tan vital llegara a todos. El triunfo revolucionario de 1959 trajo con las reformas sociales, políticas y económicas, un programa de salud pública integral. Tres años después, la llamada Crisis de Octubre o de los Misiles, en 1962, marcó un hito en la donación voluntaria de la sangre, pues en solo 72 horas se obtuvieron ocho mil unidades en La Habana.

Desde entonces, ese acto altruista se convirtió en un compromiso de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) —organización de masas comunitaria— y una tarea controlada por el Ministerio de Salud Pública (MINSAP). Incluso, la legislación laboral cubana, considera ese tiempo como licencia retribuida al trabajador.

La disposición a salvar vidas ha traído consigo que la donación voluntaria se incrementara progresivamente y haya llegado a sobrepasar las 500 mil anuales, lo que ha permitido efectuar más de 375 mil transfusiones de sangre por año. Ello ha contribuido a la realización de complejas intervenciones quirúrgicas, al avance de la cirugía cardiovascular, la trasplantología y otras especialidades, así como a la producción de diversos componentes: gammaglobulinas, albúmina, factor de transferencia e interferón, y de sueros hemoclasificadores.

Los recientes huracanes que azotaron a la Isla provocaron nuevas jornadas de generosidad y entrega de sangre. Esta voluntad de los cubanos ha sido reconocida en varias ocasiones por organismos internacionales de sanidad.

Durante la VIII Jornada Latinoamericana de Hematología, Inmunología y Medicina Transfusional, recientemente celebrada en La Habana, Mario Pichardo, consultor en sistemas y servicios de la Organización Panamericana de la Salud en el país, dijo que Cuba se destaca por ser una de las naciones más eficientes en la colecta voluntaria de sangre dentro de América Latina.

La Isla hoy supera la meta trazada por la Organización Mundial de la Salud, de conseguir una donación por cada 20 habitantes y si bien no es sangre azul, sí derrocha su nobleza.

Registro en rojo

-La primera transfusión a un ser humano la realizó el matemático francés Jean Baptiste Denis en 1667.
-Los primeros grupos sanguíneos se descubrieron en 1901, por el austriaco Kart Landsteiner.
-La primera transfusión en Cuba la efectuó el médico Claudio Delgado Amestoy, colaborador del doctor Carlos J. Finlay, con sangre procedente de un carnero a un sujeto atacado de rabia. En 1878, en el habanero hospital de San Juan de Dios, también transfundió a un paciente, esta vez con sangre humana. Sin embargo, no fue hasta después del descubrimiento de los grupos sanguíneos ABO que la transfusión de sangre se consolidó en nuestro país.
-En 1922, el doctor Alfredo Figueroa Ballester, comandante médico del Ejercito Nacional, contaba con 800 donantes jóvenes y sanos, clasificados, casi todos procedentes del cuerpo armado.

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Fuente: EXCLUSIVO,
23/06/09

 
 
 
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