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El liberal José Miguel Gómez (izq.) y el presidente conservador Mario García Menocal, (der.).
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Dicen que los extremos se tocan, y eso es una verdad como un puño cuando se afirma que en Cuba nada resultaba más parecido a un liberal que un conservador.
Sí, pero ello no era óbice para que ambas banderías intercambiasen, de vez en cuando, su tirito bobo.
Cuando arriba el Año del Señor de 1916, Cuba se polariza entre dos figuras de la vida pública. Por un lado, el presidente conservador Mario García Menocal, hombre huérfano de adornos personales, a menos que entre ellos se cuente el don de mando de los mayorales. Dicho sea en buen romance cubiche: era el clásico e intransitable pesa´o.
En la otra esquina del ring republicano, el liberal José Miguel Gómez, un personaje que anticipaba al mandón pecuario garciamarqueano, ése del cual se espera que las vacas vaguen por su despacho.
Gómez tenía fama de arrestado —bien ganada en la contienda libertadora—, la cual le aseguraba una imagen pública de "macho a todas", muy del gusto de amplios sectores del electorado. Durante su mandato presidencial (1909-13) había instaurado el paraíso de la botella o sinecura, pregonando con total descoco que "Tiburón se baña, pero salpica".
Por aquellos días turbulentos de 1916, estaban de moda "Si llego a besarte", de Luis Casas Romero; "Longina", de Manuel Corona; "Quiéreme mucho", obra de Gonzalo Roig. Pero los liberales necesitaban algo menos lírico y más pachangoso. No en vano se ha dicho que "los liberales eran los políticos más divertidos". De ahí nacería "La Chambelona".
OTRA GUERRITA REPUBLICANA
Según narra cualquier texto elemental de Historia, los liberales llevaban como mascarón de proa, en la campaña de 1916, al escritor, lexicógrafo y orador Alfredo Zayas, quien tenía un pasado glorioso como conspirador y recluso en la tétrica prisión colonial de Ceuta. (Con el tiempo se evidenciaría como el más inteligente y corrupto de los mandatarios republicanos. De su consorte… de su consorte hablaremos más adelante).
Menocal, erre con erre, se empecinó en la reelección, y las urnas dieron más vueltas en el aire que bola en circo de malabaristas.
José Miguel se alzó en armas cuando transcurría febrero de 1917, junto con buena parte del ejército. Pero los americanos, metidos hasta el cuello en la Primera Guerra Mundial, no deseaban complicaciones en la retaguardia, por lo cual dieron el espaldarazo a Menocal, acusando de germanófilos a sus adversarios.
Y ahí mismo se formó el desbande. No es broma, sino dato histórico riguroso: líder insurreccional hubo que en su carrera no paró sino hasta llegar a Haití. Para el 8 de marzo, ya José Miguel estaba en chirona.
Y aquella intentona bélica de utilería iba a ser conocida con el nombre del himno-conga de los liberales: "La Chambelona" (1).
CÓMO NACIÓ "LA CHAMBELONA"
Durante la campaña electoral del 16, un tren atiborrado de liberales arriba a la estación capitalina.
Los aguerridos zayistas traen consigo un arma ultrasecreta, que no es precisamente el forifái cuyo bulto se adivina bajo la guayabera.
El novísimo armamento es invención del músico Rigoberto Leyva, y consiste en una conga-himno, "La Chambelona", que Helio Orovio ha definido como "un canto popular, con ritmo de conga" que utiliza "la estructura de una vieja cancioncilla española, mezclada con elementos rítmicos de origen congo".
La tropa liberal, tan pronto desciende del tren, se organiza en una comparsa que enfila hacia la viejohabanera calle Morro, donde reside Zayas.
En el trayecto, la policía intenta detenerlos, aduciendo que iban cantando "cosas de la negrá´ ".
Por racistas que fuesen las autoridades, ése no era el principal motivo de escándalo, sino que la gente había alterado la letra original, con un texto que ponía en entredicho la decencia de la señora de Menocal, Primera Dama (2) .
Pero donde las dan las toman, y lo que no podían predecir los liberales congueros era que, con el pasar del tiempo, su candidato se elevaría hasta la silla presidencial, y entonces el pueblo iba a recordar que a la señora Zayas se le conocía en su juventud como María Centén, pues ésa era la moneda que abonaban sus marchantes para que ella dispensase sus favores amatorios.
NOTAS:
(1)"La Chambelona" se convertiría en conspicua pieza de nuestra historia. Hasta el punto de que el guasón de marca mayor que respondía al nombre de Pablo de la Torriente Brau, al delinear su jodedor Soldado Desconocido Cubano, lo pone en un frente de la Primera Guerra Mundial, declarando que, como buen descendiente de los indios caníbales cubanos, él se alimenta de pólvora y de sangre de españoles, mientras entona su himno de guerra: "La Chambelona".
(2)Las letras de "La Chambelona" valen más que un tratado de psicosociología. En ellas se conjugan corrupción a todo trapo, alegre desentendimiento, imprevisión en los negocios de la cosa pública: "Aspiazu me dio botella / y yo voté por Varona…", "Yo no tengo la culpita / ni tampoco la culpona…", ""Nosotros los liberales nos comimos la lechona…". Muchos años después, una parodia fustigaría al Mulato Lindo de Banes: "Batista no tiene madre / porque lo parió una mona…".
* ARGELIO SANTIESTEBAN (Cuba, 1945): Periodista y escritor. Recibió el Premio Nacional de la Crítica.
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Fuente: EXCLUSIVO,
29/07/10