RETOMANDO UNA FIGURA
Entre los mártires de este trascendental hecho histórico se encontraba un atleta…
Para volver nuevamente a esa figura preferimos hacerlo con un fragmento de la novela testimonio El látigo del jab sobre los rostros, del veterano y destacado periodista deportivo Víctor Joaquín Ortega, uno de mis primeros profesores.
Vi boxear a Giraldo Córdova Cardín
Yo era amigo de Lázaro, le decían Chacho, el padre de Giraldo Córdova Cardín, quien había tirado sus golpes en el ring semipro, y como llevaba a su hijo al entrenamiento, algo se le pegó a este. Vivían en Marianao. Me acuerdo muy bien de ese niño tan simpático imitando al papá en los ejercicios. Y se metió a boxeador. Ya andaba batido en los cuadriláteros cuando el golpe del 10 de marzo. Un vejigo, que no era estudiante universitario, fue para la Colina porque decían que allí iban a dar armas —las que jamás llegaron—, para fajarse con Batista.
Chacho era guagüero, trabajaba en el turno de noche y no podía asistir a los combates del hijo, que, por cierto, laboraba de mecánico en la ruta 20. Si iba a verlo, no cobraba. Entonces, me pidió que presenciara la actuación de su muchacho entre las cuerdas. No podía fallarle a mi amigo y no me perdí ninguno de los combates del joven.
Debutó en la Arena Trejo frente a un rival de mayor alcance y más maldad en el asunto. Giraldo iba hacia delante, guapísimo; las piernas y las manos, rápidas y, pran, pran, se echó la victoria en el bolsillo. Como no era cine, la cara del vencedor se fue con sus hinchazones. Oye, que en el boxeo uno ganando, pierde; dime tú el perdedor. Tenía madera y se lo dije al padre.
Pero no se aferraba al combate solo allá arriba. En una ocasión lo acompañé de vuelta a la casa después de la práctica y, por Menocal y calle Real, un teniente de la tiranía, sale tambaleándose, de un barcito por la curda que tiene, y comienza a orinar sobre la acera. Dos mujeres pasan; a una de ellas se le va un grito que todavía guardo en mis orejas.
El tipejo responde: "¡Tanta finura! Seguro que no es la primera vez que ven una… ¡" Giraldo no se controló y le dijo: "¡Usted es un irresponsable! No le da pena hacer lo que hace…" El guardia lo mandó bien lejos con palabras sucias, sacó la pistola y apuntó a quien lo criticaba.
Me entró un frío por todo el cuerpo. Giraldo se abrió la camisa y le dijo: "¡A mí no me asusta: si tiene valor, tire aquí…!" Por suerte, otro teniente que estaba por allí, más inteligente o menos bestial, intervino, se llevó al borracho y la sangre no llegó al río.
Me acuerdo de otro hecho: un guardia había amenazado a un viejito, chofer de la 20. Giraldo se enteró, buscó al abusador y le dio una clase de trompada que sonó en todo Marianao. No le dio chance a sacar el arma y el policía se arratonó tanto que prefirió no tomar venganza.
Nunca supe que, tiempo después de estos sucesos, encauzaría su repudio a la tiranía al formar parte de la Generación del Centenario: integraba la célula de Fernando Chenard, que cayó como él en el asalto al Moncada. Sus amigos nos quedamos esperando a Giraldo en el Trejo aquella noche, le habíamos comprado una bata y unas zapatillas con el dinero que habíamos recolectado centavo a centavo; no entendimos, nos agarró la frustración, y Giraldo peleando por nosotros, por nuestros hijos, por todos.
La pelea que no se efectuó. Giraldo Córdova, /candidato al título/por sus rápidas manos, /por su punch que podía/dejar una leyenda/de huesos rotos,/por el ansioso baile/de sus piernas,/por el destacado juego/de sus hombros,/solo tuvo una derrota /en el récord/-por no presentación-/por lo demás,/su brazo siempre le tiró/un jab final al techo./En su última pelea/la afición se quedó esperando/y chifló y pateó con ganas/por aquella falta de respeto./Mientras, Giraldo lanzaba uppercuts/ a la muerte/en un cuerpo a cuerpo/en el cuartel Moncada.
OTROS RECUERDOS
Una precisión: el más importante de los torneos internacionales de boxeo que se organizan en Cuba lleva el nombre de Giraldo Córdova Cardín. No es todo: se trata del deporte que impulsa hacia arriba al país en las tablas de medallas de las competencias más fuertes.
Sigo apelando a la memoria (no quiero ir a los papeles hoy, 26 de Julio, en busca de datos…)
Los llamados juegos múltiples, es decir, Centroamericanos y del Caribe, Panamericanos, u Olímpicos, muchas veces son montados en el mes de julio.
Ello ha llevado a impulsos adicionales, en los deseos para saludar a la fecha, que han propiciado la obtención de grandes éxitos, ya sea el mismo día 26, o en la víspera, el 25.
Uno de ellos, y sigo apelando a la memoria, lo protagonizó Alberto Juantorena, en los Juegos Olímpicos de Montreal, Canadá (1976), quien el 25 consiguió la primera de sus dos medallas de oro ahí, en los 800 metros planos, con 1:43.50 minutos, récord mundial.
En esos eventos, inevitablemente, la delegación cubana organiza actos recordatorios.
Y pongo un ejemplo en otro tema…
Los principales directivos cubanos, sigo recordando, nos visitaron a los periodistas que cubrimos los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Cartagena de Indias, Colombia (2006), al final de otra dura jornada de trabajo. Y se analizaron aspectos cruciales, críticos, pues en ese momento México se encontraba todavía al frente de la tabla de medallas.
Al caer el telón de esa cita, como es conocido, Cuba mantuvo un dominio regional surgido desde la edición de Panamá 1970.
Y en todo ello (Panamá, Montreal, Cartagena…) ha estado, por supuesto, el heroico aporte de Giraldo Córdova Cardín.
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Fuente: EXCLUSIVO,
26/07/10