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Bolívar para toda la lucha de liberación, fue acción e inspiración
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El l5 de abril de 1799 llegó a La Habana, en el vapor San Idelfonso, procedente de Veracruz, un jovencito que estaba al cumplir los l6 años. Había partido inicialmente de la costa venezolana, su destino sería en realidad España donde iría a continuar sus estudios; su breve estancia en la Isla se debió meramente al proceso que seguía el barco. Era el caraqueño Simón Bolívar y hoy, naturalmente, los estudiosos se afanan en encontrar huellas de aquella estancia —si existieran— porque todo lo que tenga que ver con él es naturalmente histórico y para los cubanos, su relación con nuestro país, especialmente significativa.
Bolívar había nacido en Caracas el 24 de Julio de 1783. Aunque huérfano, era un rico heredero; había recibido la enseñanza de gramática de parte de una de las cumbres de la erudición de su época, Don Andrés Bello, y la enseñanza general de quien iba a ser su maestro por antonomasia, Simón Rodríguez.
No hay que decir, por sabido, que aquel joven se convertiría en la figura fundamental de la lucha independentista de América y que a lo largo de su vida recibió los más altos reconocimientos por su entrega a la causa de la liberación de nuestros pueblos del yugo colonial. También, grandes dolores.
Para toda la lucha de liberación, Bolívar fue acción y fue inspiración.
Así figura en la historia de Cuba.
Su nombre simplemente o su presencia en las cercanías de Cuba —como cuando estuvo en Jamaica en 1815— bastaba para provocar la sospecha y el temor por parte de las autoridades españolas. Una de las primeras y más importantes conspiraciones por la independencia de nuestra Patria tuvo su nombre e inspiración: La de los Soles y Rayos de Bolívar en la que estuvieron comprometidos junto a revolucionarios cubanos —algunos de la significación del poeta José María Heredia, entonces con apenas 20 años de edad—, destacados latinoamericanos. Se había planificado el alzamiento para agosto de 1823, pero el Capitán General Francisco Dionisio Vives lo descubrió y detuvo a sus principales directivos. El poeta pudo escapar y huyó luego a México.
Más tarde Heredia escribiría su poema a Bolívar:
¡OH Bolívar divino!
Tu nombre diamantino
Rechazará las olas con que el tiempo
Sepulta de los reyes la memoria.
Las razas venideras
Con estupor profundo
Tu genio admirarán, tu ardor triunfante
Viéndote sostener, sublime Atlante
La independencia y libertad de un mundo
A lo largo de su lucha, Bolívar tuvo en cuenta la libertad de Cuba y de Puerto Rico. Más de una vez se pensó en Sucre, el inmortal guerrero de Ayacucho para comandar la expedición a Cuba. Sucre fue entusiasta partidario de la independencia antillana. En el Congreso de Panamá una de cuyas metas era lograr la unidad hispanoamericana, la posibilidad de que se propiciara la independencia de Cuba y Puerto Rico —únicos rezagos del colonialismo español en el Continente, para esa fecha y bastiones enfilados hacia la reconquista que España pretendía—era cierta; la oposición en todo momento de Estados Unidos obligó, una vez más, a aplazarla.
El gran caraqueño murió en 1830, en la soledad y el desconocimiento. La historia no tardaría en situarlo en su lugar entre los inmortales. Martí, tanto como lo hicieron Céspedes, Maceo —que llevaba consigo, con devoción, un puñal de oro que había pertenecido a Bolívar, regalo del patriota Lorenzo Mercado—, Gómez y todos los grandes patriotas cubanos recibieron la lección de su ejemplo luminoso.
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Fuente: EXCLUSIVO,
17/07/10