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El 29 de junio de 1856 volvió el intrépido navegante de las alturas al Campo de Marte con su globo, para desaparecer en el espacio
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En 1796 se conocieron por vez primera las ascensiones aerostáticas en la villa de San Cristóbal de La Habana, cuando fue lanzado un globo desde una casa de altos a la entrada de la calle Sol, pero sin pasajero.
El primero en utilizar uno de estos artefactos voladores en La Habana fue el francés Eugenio Roberston quien constituyó la principal atracción cuando, el 19 de marzo de 1828, el obispo Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa, celebró una misa con la que dejaba inaugurado El Templete. Roberston poco a poco fue levantando su globo, ante las miradas atónitas del Capitán General Francisco Dionisio Vives y miles de espectadores. El viento primaveral de aquella tarde impulso la nave y a su pasajero a uno de los extremos de la villa.
Un año más tarde, la norteamericana Virginia Morotte despegaba desde el Campo de Marte, actual Parque de la Fraternidad, para convertirse en la primera mujer aeronauta de Cuba. Su vuelo terminó en el barrio del Cerro.
Por aquella fecha, los lugares públicos de la capital eran utilizados como un paseo de globos, una gran diversión y mucha emoción, además, resultaban muy económicos.
MATÍAS PÉREZ
Los toldos fueron un sello distintivo de La Habana de aquellos tiempos. Casi todos los establecimientos los tenían, pues además de ornamentales eran muy prácticos para nuestro clima, ya que protegían a los transeúntes de la lluvia y del sol tropical. Y con un fin publicitario además pues servían para anunciar los establecimientos a los cuales pertenecían, como La Isabelita, El León de Oro, Palo Gordo, Delicias de las Damas y muchos más, a veces abarcaban toda la calle como un bazar.
Entonces el oficio de fabricante de toldos era bien remunerado, uno de los más reconocidos fabricantes: "Rey de los Toldos", como llamaban a Matías Pérez, un ex-marino portugués especialista en hacer y reparar velas y en prepararlas para su ardua tarea contra el viento.
Matías compró el globo La Villa de Paris por 1250 pesos y con su nave se dirigió al Campo de Marte. Era el 12 de junio de 1856, desde todos los puntos los habaneros acudían a ver la anunciada ascensión del nuevo aeronauta. La plaza estaba abarrotada de público y una orquesta amenizaba el acto.
En cuanto La Villa de Paris comenzó a ganar altura, miles de pañuelos se agitaron. Pero ya en lo alto, el globo comenzó a descender con cierta rapidez, lo que hizo pensar a los espectadores que la tela se había roto. En realidad se había trabado la cuerda que habría la válvula del globo, y Matías Pérez tuvo que subir por las sogas que sujetaban la barquilla. Abrió la boca del globo y la mantuvo así con sus brazos para que penetrara el aire y aminorara la rapidez del descenso.
Su primer vuelo constituyó un rotundo éxito a pesar del percance, ya que superó a los dos franceses. En otras dos ocasiones se presentó de nuevo el público en el Campo de Marte, pero debido a inclemencias de tiempo hubo que suspender los vuelos.
Pero el 29 de junio de 1856 volvió el intrépido navegante de las alturas al Campo de Marte con su globo, para desaparecer en el espacio y permanecer en el tiempo y en la memoria de todos los cubanos.
Los últimos en verlo fueron unos pescadores que realizaban su faena por el torreón de la Chorrera. Estaban cerca de la costa y lo conminaron a bajar, pero el aeronauta les respondió dejando caer sacos de arena e internándose sobre la mar. Se hicieron minuciosas investigaciones por mar y tierra para dar con el aeronauta o con su cadáver; pero nunca se encontró nada.
No logró sentar precedentes en la aeronáutica, pero sí una frase para todos los tiempos: "Voló como Matías Pérez".
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Fuente: EXCLUSIVO, 28/06/10