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Mayor general "Máximo Gómez Báez, insigne revolucionario y jefe militar.
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De las grandes figuras de nuestras luchas independentistas, Máximo Gómez fue el único que sobrevivió a la guerra, pese haber sido el de más edad. Nacido en 1836, le llevaba nueve años a Antonio Maceo y 17 a José Martí. Era, además, el único con sólida experiencia militar anterior, que mostró y acrecentó en la lucha por Cuba.
Natural de Baní, en la República Dominicana, a la que estuvo ligado siempre por lazos afectivos, había sido militar en el ejército español en su tierra. Se trasladó a Cuba en 1865 y pronto se hizo parte de nuestra patria. Cuando estalló la Guerra del 68, no tardó en empuñar las armas por la causa patriótica. El 16 de octubre, viviendo en la finca El Dátil, cerca de Bayamo, se incorporó a la contienda.
Sólo diez días después, al mando de unos doscientos hombres, dirigió en Pinos de Baire, la primera carga al machete del Ejército libertador, acción vital para impedir que los españoles —fuertemente impactados por aquella forma de combate— atacaran Bayamo, entonces en manos cubanas.
No cesaría de pelear el dominicano. Cuando hubo tregua, no dejó nunca de buscar la manera de reanudar la lucha.
La vida combativa de Máximo Gómez, solo enumerando sus acciones, tomaría más espacio del que disponemos. Baste señalar que fue jefe y maestro de nuestros más destacados combatientes, sin excluir a Antonio Maceo. Con este formó la pareja heroica que llevó a cabo tantas campañas e inició la invasión de Oriente a Occidente, en la Guerra del 95.
Gómez fue maestro de disciplina y de táctica militar al servicio de la estrategia. De cómo se enroló en la lucha emancipadora en Cuba el que llegaría a ser General en Jefe de los patriotas refiere:
"Por mis relaciones con cubanos prominentes entré luego en la conspiración. Yo fui a la guerra llevando aquellos recuerdos en el alma, a pelear por la libertad del negro esclavo y luego fue que comprendí que también fui para justificar el deseo de independencia de los cubanos, lo que entonces y hoy puede llamarse la esclavitud blanca; uní en mi voluntad las dos ideas y a ellas consagré mis esfuerzos, pero a pesar de los años que han pasado, no puedo olvidar que acepté al principio la Revolución para buscar en ella la libertad redentora del negro esclavo, humillado por la trata que España sostuvo para humillar a Cuba".
Fue fiel a este propósito durante toda su vida.
Cuando la Guerra cesó, Gómez fue adversario de la intervención norteamericana. Un preciso estudio del historiador Jorge Ibarra, Gómez frente al Imperio, revela la grandeza del dominicano ante el afán hegemónico estadounidense.
Se casó, por la ley de la República en Armas, en 1870, con la patriota Bernarda Toro Pelegrín (Manana). Vio morir en medio de la guerra a sus dos primeros hijos.
La legislación cubana le asignó la condición de cubano por nacimiento. No aceptó cargo alguno en la República, aunque la mayor parte de los cubanos lo situaban en la dirección del país, Tampoco se desentendió de los destinos nacionales. Desde su modesta posición de ciudadano, siguió su combate por Cuba.
Falleció en La Habana el 17 de junio de 1905. Nos legó escritos valiosos sobre la campaña y su Diario de la Guerra, uno de los documentos fundamentales de la historia de nuestro pueblo. Y algo más valioso, su obra, su ejemplo, su lealtad y su internacionalismo.
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Fuente: EXCLUSIVO,
17/06/10