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El Doctor Ramón Cuétara López ha dedicado más de 40 años al magisterio.
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"¿Voy bien, Camilo?" "Vas bien Fidel." Desde una tribuna aledaña al polígono militar de Columbia, con una palma real al fondo, el Comandante en Jefe le habla por primera vez al pueblo de la capital.
Unas palomas de inmaculado plumaje blanco hacen vibrar de emoción al pueblo que se agolpa delante del estrado. Luego de sobrevolar el lugar, dos aves se posan sobre el podio y una encuentra cómodo abrigo en el hombro de Fidel.
El siniestro lugar, madriguera de odio y muerte, se convertía para siempre en paraje de paz. Era el 8 de enero de 1959, sobre las siete de la noche. Ese día había entrado triunfante en la capital la Caravana de la Libertad.
LLEGARON LOS BARBUDOS
"Unos días antes, el 2 de enero, el Comandante Camilo Cienfuegos y su columna invasora tomaron la ciudad militar de Columbia. Era el mayor cuartel de la dictadura, sin embargo las tropas desmoralizadas no ofrecieron resistencia. Entró por la posta tres, frente al Obelisco de la calle 100. Por ese mismo lugar lo hace luego Fidel, el día 8".
Así narra aquellos hechos el doctor Ramón Cuétara López, quien consagró 30 años de su vida a investigar en la memoria histórica de ese lugar que es hoy una ciudad escolar.
Para el profesor, lo más importante es conservar la verdad: "Con el paso del tiempo surgen leyendas, cuentos, personas que fabulan: ‘Vi aquello, hice lo otro". Lo que trato es que se conserve la historia lo más fiel posible."
Cuando triunfa la Revolución, Cuétara tiene nueve años y vive en un central azucarero en Ciego de Ávila, en el centro del país: "¿Quién me iba a decir que iba a dedicar tanto esfuerzo a estudiar estos hechos, que yo ni sabía que estaban ocurriendo?", comenta.
El doctor Cuétara llega en 1964 a Ciudad Libertad, luego se gradúa en el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona, como licenciado en Educación en las especialidades de Geografía e Historia, y hace el doctorado en Ciencias Pedagógicas, con una tesis donde estudia la localidad donde está enclavada la Ciudad Libertad. Recorrer con él estos lugares es encontrar respuestas y sorpresas: "Puedo decir, sin autosuficiencia, qué era y qué es hoy cada edificio, qué había donde está cada árbol", afirmó.
ÚLTIMA NOCHE DEL TIRANO
Diciembre 31 de 1959. "El dictador Fulgencio Batista, rodeado de sus más fieles seguidores, toma una pose histriónica y hace su brindis habitual ‘salud, salud, salud…’ Luego de levantar las copas en este salón de su casa de Columbia, y haciendo votos por un feliz año 1959, sale al patio y huye por este túnel que lo lleva hasta el aeropuerto aledaño", narra Cuétara.
"En cada espacio hay por lo menos dos puertas, y escaleras de caracol que llevan a la planta baja. El tirano sabía que sus crímenes iban a ser cobrados algún día, por eso fabricó su casa aquí con esas características, de forma que pudiera huir rápidamente, como lo hizo finalmente."
Techos, vitrales y pisos llaman la atención por su belleza. El chalet, convertido hoy en Casa de la FEU (Federación Estudiantil Universitaria) del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona, está lleno de muchachos que realizan actividades culturales y deportivas; nadie podría sospechar su sombrío pasado.
"Si miras con detenimiento la fachada, te podrás dar cuenta que está divida en tres —puntualiza Cuétara—. En el centro es un castillo, a la derecha un cuartel y a la izquierda una casa. Quizás en ese diseño Batista resumió muy bien sus pensamientos."
Caminamos hasta el lugar donde estaba el túnel que llevó a Batista y sus secuaces hasta el aeropuerto, el cual está tapiado como medida de seguridad de los niños que hoy estudian en el lugar.
Cuétara recuerda que en 1966, Esteban Ventura Novo, uno de los sicarios de la dictadura, publicó sus memorias. En ellas narró su partida junto al dictador.
"Ya en la nave —dijo Ventura— uno de los asesores le recomendó a Batista dirigirse a Santo Domingo", donde estaba el tristemente celebre dictador Rafael Leonidas Trujillo. Luego Batista se fue a vivir a Portugal, donde murió en 1973."
En el camino, por las calles pobladas hoy de árboles —una de las características fundamentales del lugar— y ante las filas de pioneros que nos miran con curiosidad mientras se dirigen a sus diversas actividades, Cuétara se detiene ante una biblioteca: "Este era el alto mando de la aviación. Orestes Gutiérrez Escalona era un niño campesino que murió en los brazos de Fidel, en la Sierra Maestra, a consecuencia de un bombardeo contra la población civil. Probablemente la orden de ametrallar aquella zona salió de aquí, por eso la instalación lleva hoy su nombre."
LA POSTA SEIS
"¿Dónde está el lugar por donde entró ese hijo de… a dar el golpe de Estado?, pregunta Camilo. Y espera que fuera más o menos la misma hora, las 2:40 de la madrugada del 10 de marzo de 1959 y, mandarria en mano, va para la posta seis y derriba la pared", cuenta Cuétara. "Habían transcurrido exactamente siete años del último cuartelazo de Batista, pues también había entrado por allí el 4 de septiembre de 1933", precisa.
El doctor Cuétara asegura que Columbia fue la primera fortaleza militar en el país que se convierte en escuela. "Esto hay que aclararlo —puntualiza— porque algunos piensan que fue el cuartel Moncada, de Santiago de Cuba.
"Cuando Camilo derriba el muro aquel día, simbólicamente convierte el cuartel en una escuela. Luego el 14 de septiembre de 1959, Fidel viene en compañía de Camilo, Raúl Castro y Armando Hart, entonces el ministro de Educación. Se hace un gran acto, con 40 mil niños, en el cual la instalación se entrega a ese Ministerio. Se realizan entonces los trabajos de acondicionamiento y las clases comienzan aquí el 3 de octubre de 1960.
"El Moncada requirió de menos remodelación y empezó su labor ese mismo año, por ello tiene un curso más que Ciudad Libertad. Ahí radica la confusión", resume.
Entonces Cuétara recuerda momentos de aquella ceremonia. "Aquel 14 de septiembre se colocó una bandera cubana en una nueva asta, fuera del polígono. Junto a ella se sembró una ceiba que aún se conserva y es un símbolo de Ciudad Libertad.
"En aquella jornada Fidel dijo: ‘De todos los actos realizados desde que comenzó la lucha revolucionaria, ninguno es tan feliz como este. Porque este acto de hoy, esta reunión de ustedes, los niños cubanos con nosotros, es el más hermoso de esta Revolución… Cuba es el único país del mundo que ha logrado convertir una fortaleza en un centro de educación."
NUNCA MÁS SERÁ CUARTEL
La mayoría de los cubanos de hoy no tiene otro recuerdo de Ciudad Libertad que el bullicio de los casi 11 mil niños y jóvenes que estudian en sus aulas, pues se ha convertido en un complejo educacional que tiene círculos infantiles, escuelas primarias, secundarias básicas y el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona.
También cuenta con dos escuelas para niños con necesidades educativas especiales: Dora Alonso, para niños autistas y Abel Santamaría, para estudiantes ciegos y débiles visuales.
Los teatros Manuel Ascunce y Conrado Benítez, el Museo de la Alfabetización, así como áreas deportivas, bibliotecas y residencias estudiantiles conforman las múltiples instalaciones del lugar.
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Fuente: EXCLUSIVO,
06/01/10