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El agricultor debe aplicar medidas eficaces para proteger sus suelos de la sequía y la desertificación.
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La erosión es el principal problema que afecta la productividad de los suelos agrícolas cubanos. Además de la acidez, la salinidad y las afectaciones a la fertilidad natural que también inciden negativamente en la agricultura. El 43 por ciento de las tierras agrícolas de Cuba están limitadas por la erosión fuerte o mediana y el 15 por ciento presentan algún grado de salinidad, mientras el 24 por ciento están dañados por la compactación.
El Ministerio de la Agricultura realiza amplios programas para corregir los daños que el propio hombre ha causado durante siglos a este recurso natural.
Solo el 23 por ciento de los suelos cubanos clasifican como productivos y el resto está entre poco o muy poco productivos. Por ello se realizan las labores de mejoramiento en busca de rescatar los valores naturales mediante la siembra de barreras vivas, bordos de desagüe, siembras en curvas de nivel, contención de las cárcavas, aplicación de materia orgánica y otros bio-mejoradores, y la reforestación, para de esta forma evitar o, al menos, contener los procesos de destrucción.
En el 2009 el Estado destinó alrededor de 18 millones de pesos a estos trabajos; se crearon el Consejo Nacional de Cuencas Hidrográficas y el Programa Nacional de Conservación y mejoramiento de los Suelos para gestionar las labores hacia esos procesos.
DEGRADACIÓN Y SEQUÍA
La Estrategia Ambiental Nacional identifica a la degradación de tierras como uno de los cinco problemas ambientales principales de Cuba, con 76,8 por ciento de la tierra productiva afectada por procesos que conducen a la desertificación, y los suelos correspondientes se clasifican como de muy baja productividad. Los cuatro problemas restantes identificados en esta estrategia también se relacionan directamente o indirectamente con la degradación de tierras: la deforestación, la contaminación de las aguas terrestres y marítimas, la pérdida de biodiversidad y la salud de las comunidades.
Los modelos de uso de la tierra dentro de las condiciones cubanas han llevado a la creciente degradación de la tierra a través de todo el país. Los procesos de degradación de tierras varían a través del país y dependen de variaciones locales en el clima y en la topografía que han determinado tanto los tipos de uso de la tierra, la vulnerabilidad de la tierra y de los recursos hídricos a la degradación.
Por otro lado, el Programa de Acción Nacional de Lucha contra la Desertificación y la Sequía indica que en el 14 por ciento de los suelos productivos afectados por la desertificación y la sequía las condiciones de degradación de tierras son extremas, particularmente en las áreas de las llanuras costeras bajas hasta 40 metros sobre el nivel del mar y en las llanuras asociadas con las cordilleras hasta 500 metros.
Otro de los problemas en la agricultura mecanizada en las llanuras cubanas, pero no limitado a ellas, es el manejo inadecuado e inapropiado de nutrientes el cual produce acidificación de los suelos y bajos rendimientos de los cultivos. Cuba ha realizado grandes adelantos en la agricultura orgánica en los años recientes, lo que incluye prácticas tales como la rotación de cosechas, el uso de cultivos de cobertura y abono verde, y la producción y aplicación de cantidades masivas de abono orgánico y humus de lombriz, en respuesta a las dificultades que el país afronta para obtener fertilizantes minerales importados.
Sin embargo, aunque el uso de estos insumos se ha reducido significativamente, todavía se utilizan los fertilizantes minerales en algunas cosechas para asegurar la satisfacción de las necesidades de producción a corto plazo y el suministro de alimentos a la población.
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Fuente: EXCLUSIVO, 19/07/10