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Banco Central Europeo.
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Cuando la primera cumbre del G20 se realizó en Londres en abril de 2009, la clara responsabilidad del capital especulativo y los mercados financieros en el inicio de la crisis mundial, puso en completo descrédito las doctrinas neoliberales de los últimos 30 años y parecía que los Estados recuperarían paulatinamente las riendas primordiales de sus economías.
Apenas un año después la situación ha mutado radicalmente. La deuda soberana de la mayoría de los países industrializados, incrementada por los rescates multimillonarios destinados a salvar a los bancos, ha sido aprovechada por éstos y por los mercados financieros para desatar ataques especulativos contra las naciones más vulnerables del sistema. En este contexto, la adopción de draconianas medidas de austeridad pretende descargar el costo de la crisis sobre las clases trabajadoras.
En Europa, el gobierno alemán ha asumido la receta neoliberal de corte monetarista defendida por el Banco Central Europeo (BCE). En nombre de la estabilidad del euro se ha impuesto una dura política de ajustes en el continente (hasta ahora sólo aplicada con rigor en países del Tercer Mundo), que amenaza con roer hasta sus cimientos el Estado de bienestar heredado de otras épocas. Todos los gobiernos europeos han seguido a Berlín, temiendo, que de no actuar así, los mercados financieros puedan someterlos a la humillante situación vivida por Grecia.
Paradójicamente, en la reciente reunión del G20 efectuada en Toronto, EE.UU.: artífice principal del Consenso de Washington, criticó a la UE por su estrategia económica y propuso mantener los estímulos fiscales. La Casa Blanca teme que las políticas de austeridad debiliten la demanda mundial, socavando las exportaciones norteamericanas y los endebles indicios de crecimiento económico. Tales discrepancias entre europeos y norteamericanos aspiran a decidir cuál región del sistema asume una mayor porción del peso de la crisis.
Curiosamente ni en Europa ni en Norteamérica los políticos se han propuesto recortar los gastos militares para mitigar las dificultades. Por el contrario, el último informe del Instituto de Investigación para la Paz Internacional de Estocolmo (SIPRI) indica que los desembolsos militares mundiales crecieron en el 2009.
A diferencia de los polos desarrollados, las llamadas potencias emergentes (China, India, Brasil, entre otras) son las únicas que pueden presentar ritmos de crecimiento decentes en estos momentos, sin embargo, su peso relativo es aún insuficiente para poder halar al resto de la economía mundial.
Por eso, las políticas de austeridad que se han entronizado en Europa, no sólo comportarían efectos negativos para esa región, pues podrían extenderse a otras latitudes gracias a la interdependencia y conducir a una nueva fase recesiva a nivel planetario.
En definitiva, la ortodoxia neoliberal que retorna con nuevos bríos y que nadie se atreve a contrariar, amenaza con empujar a la economía mundial hacia ulteriores recaídas.
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Fuente: EXCLUSIVO,
16/07/10