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El carnaval santiaguero se mantiene con sus tradiciones y modernidades.
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Los
carnavales de Santiago de Cuba son los más calientes del Caribe, con sus congas del Cocoyé acompañada de gente arrollando por las calles. Estos carnavales, según escritos de Argeliers León, tuvieron otros modelos y motivaciones que los de La Habana, estableciendo una fiesta de participación colectiva más igualitaria y sin carácter de espectáculo contemplado desde afuera. En este carnaval la gente participa como espectador y actuante.
El carnaval santiaguero posee algunas particularidades, tales como la fecha de celebración del 25 de julio coincidentemente con varias fiestas del santoral católico, y por otra parte, el importante papel político y económico de esa ciudad.
El carnaval santiaguero, según datos de Rafael Breá y José Millet, fue inicialmente concebido como Fiesta de Máscaras o Los Mamarrachos, tiene un antiguo linaje que se remonta al periodo colonial. A fines del siglo XVII, todos los años, una procesión recorría las calles de los alrededores de la catedral para celebrar el Día de Santiago Apóstol, patrono de la villa. En la ciudad estas fiestas se extendían desde San Juan (24 de junio) hasta San Joaquín (16 de agosto)
Durante la Guerra de los Diez Años, Manuel Palacios Estrada nos cuenta que "los mambises disfrazados de comparseros penetraban en la ciudad para llevar mensajes estratégicos, con el objetivo de conspirar y, a su vez, poder encontrarse con sus familiares.
Las comparsas activaban la propaganda con sus mímicas, el cultivo del retruécano, el doble sentido alusivo a acontecimientos de la guerra; para ello empleaban animales. Resaltaban los defectos de los generalotes y los funcionarios españoles: "Compay, mi machetito santo, todo campo lo evita, / ¿no es verdad, Doña Latina?/" (Esto era dedicado al Coronel español Arsenio Martínez Campo).
Un año después del Grito de Yara la comparsa de Los Guajiros simbolizaba la insurrección de cubanos, con el levantisco sombrero de yarey y el afilado machete libertador en la cintura. Vestían faldas negras de larga cola, rostros cubiertos de largo capuchón y a modo de cresta un moco de pavo. Llevaban sobre la frente un pompón o regencia colorada, mientras todos cantaban. "¿Qué quieres que te dé? ¿Candela, aura cuerera?"/
Algunas veces eran detenidos, otras comparsas, Los hijos de Nené, Los montunos, Los camagüeyanos, Los de arriba intensos, hacían duras criticas contra el gobierno español.
El ataque al Cuartel Moncada por Fidel Castro y sus seguidores fue justamente en pleno carnaval del 26 de julio de 1953.
La periodista Mireya Castañeda habla de festejos con tambores que desfilaban desde el siglo XVII. "Ya en el siglo XVII una fuerte inmigración francesa proviene de Saint Dominingue, y sus nuevos amos llegan acompañados de sus esclavos haitianos domésticos, quienes han recibido una refinada influencia. Esos esclavos franco-haitianos habían formado sus cabildos y al asentarse en Santiago fundan las Tumbas Francesas, sociedades de baile, las cuales poco a poco se incorporan a las celebraciones de las fiestas de mamarrachos, con sus bailes con coreografías, sus cantos y su música"
La Tumba Francesa de Santiago de Cuba es Patrimonio de la Humanidad, en la Cultura inmaterial.
Lógicamente los carnavales se desarrollaron con más fuerza cuando tuvieron una amplia participación de artesanos, campesinos y libertos, negros y mulatos, que habían adquirido cierta solvencia económica. Juan Pérez Villareal nos ha proporcionado importantes datos acerca de cómo se realizaba el carnaval santiaguero a fines del siglo XIX.
"En los carnavales destaca el amplio público que se concentraba para disfrutar las improvisadas obras del teatro de relaciones y la participación de comparsas y cabildos. Los cabildos negros sobresalen por el lujo de los vistosos adornos y los trajes suntuarios que llevan reinas de diversas naciones. Las reinas con sus tronos eran llevadas en andas. Los amos de esclavos participaban de estos desfiles al compás de los cantos y tambores, ruidos de almirez, botijuelas y maracas".
Aunque oficialmente los cabildos cambiaron de denominación, particularmente se les siguió conociendo con los antiguos nombres. En Santiago de Cuba se ha podido documentar la existencia del Cabildo Cocoyé, El Club Juan Góngora (Cabildo Congo), la Sociedad El Tíbere, el Cabildo de Santa Bárbara, el Cabildo San Salvador de Horta (Cabildo Viví), La Sociedad Nuestra Señora del Carmen (Cabildo Carabalí Olugo) y la Sociedad Cabildo Carabalí Izuama.
En ocasiones de estas fiestas, a los cabildos se les permitía desfilar vestidos con disfraces y acompañándose de banderolas, estandartes, farolas y la sabrosa conga que no lleva altoparlantes. Así paseaban por las calles de los barrios más antiguos de la ciudad, los que han sido generadores de las más celebradas comparsas de todos los tiempos, como el barrio El Tivolí, Los Hoyos y la zona de la Plaza de Marte, Los mamarrachos llegaban hasta el ayuntamiento, donde se entonaban sus cantos, esperando recibir a cambio un estímulo en metálico conocido como aguinaldo.
Breá y Millet nos cuentan que "en Santiago existieron comparsas de géneros diferentes, como los cabildos de nación, las tajonas (afro haitiana) y las congas, cuyos antecedentes se remontan al siglo XIX, aunque su perfil definitivo cristalizó sobre 1920. Es imposible referirse al carnaval santiaguero sin hurgar detenidamente los cabildos, verdadero crisol donde se forjaría el carácter típicamente tradicional de este fenómeno festivo".
Todas las agrupaciones se caracterizan por emplear conjuntos instrumentales de percusión, en lo esencial de ascendencia africana, con excepción de las congas que, "hablan lengua". Especial mención hay que hacerle a la corneta china, instrumento pequeño de tono agudo, de cinco notas y timbre gangoso, que por su melodía se parece a la gaita. La primera en estrenar en Santiago la corneta fueron la comparsa de Los Colombianos, de Feliciano Mesa ,del Tivolí con un éxito asombroso. Al año siguiente la asumen la comparsa de Los Hoyos. Algunos de estos cornetistas recibieron atentados y se ideó montarlos encima de un caballo (Rafael Breá).
La trompeta china, Breá la sitúa en Santiago en 1919, el musicólogo Pepe Reyes considera que llega a Santiago, procedente del Barrio Chino de La Habana, en 1908.
Los carnavales de Santiago de Cuba revelan la importancia que tienen las fiestas para la expansión, revelación y cohesión social masiva a la hora de preservar su dignidad y afirmar la identidad. Es una forma de reproducir, trasmitir y conservar las tradiciones festivas y ceremoniales, con sus mitologías, bailes, músicas, cantos, pantomima y fábulas milenarias, procedentes de los africanos.
En este carnaval se funde lo religioso y lo profano, mantiene la solidaridad de un pueblo en la resistencia y transgresión cultural.
En la actualidad el carnaval santiaguero se mantiene con sus tradiciones y modernidades, muchas de sus tradiciones provienen de lejanos tiempos; es como si asistiésemos a una ciudad medieval, con sus misterios y sus costumbres.
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Fuente: EXCLUSIVO,
19/07/10