Como pudiera haber narrado Augusto Monterroso, cuando Barack Obama despertó, el dinosaurio del bloqueo todavía estaba allí.
Pensaron tal vez algunos que el actual Presidente sería el primero en quebrar una vieja rutina que han seguido todos los mandatarios desde el liberal John F. Kennedy, pero llegado su turno, Obama hizo lo que sus antecesores.
Firmó el pasado 11 de septiembre la Orden presidencial que mantiene vigente para Cuba la Ley de Comercio con el Enemigo, por la cual se prohíbe intercambiar mercancías y tecnologías con países a los que se alinea como tales por la potencia del norte.
Esta ley data originalmente de 1917, cuando se aprobó antes de que entrara EE.UU. en la Primera Guerra Mundial y fue la que se empleó en 1963 para darle visos de legalidad a la guerra económica contra Cuba, comenzada desde tres años antes por la administración de Eisenhower.
Desde entonces, el bloqueo se ha reforzado y ampliado mediante otras leyes, como la Torricelli en 1992 y la Helms Burton de 1996.
La antigua URSS, China, Corea popular y democrática, Viet Nam, Irak e Irán, forman parte de los países sancionados con esta ley que recuerda los tiempos del "peligro rojo", considerando como enemigos a la mayoría de países cuyos sistemas políticos y económicos diferían del modelo norteamericano.
Cuba es el único país del mundo sujeto actualmente a las sanciones de esta ley de EE.UU, después de que en 2008 la administración del presidente George W. Bush optara por no renovar su aplicación a la República Popular y Democrática de Corea.
Las víctimas de dicha legislación sufrieron numerosas presiones de la potencia del Norte para obligarlas a ceder en sus principios prometiéndoles a cambio los favores de la zanahoria.
En opinión de muchos comentaristas de la política que sigue la Casa Blanca, el presidente Obama pensó y tal vez desea cambiar esa práctica discriminatoria y excluyente con su vecino del Caribe, pero no se ha atrevido más que a decisiones parciales, como el reciente levantamiento de las restricciones adicionales ordenadas por Bush para los viajes y remesas a Cuba de ciudadanos cubanoamericanos.
Las autoridades cubanas han reiterado públicamente su disposición a discutir en términos de igualdad los múltiples problemas pendientes entre los dos países, sin excluir ningún tema, y de hecho este proceso se ha emprendido en áreas importantes como las regulaciones migratorias y servicios de correos.
Pero el dinosaurio está allí, al pie de la cama de Obama, recordándole que no está muerto ni dormido. .
Lo demuestra que solo dos días antes de firmar la prórroga de la prohibición de comercio, un proveedor de software de Colorado, la Platte River Associates (PRA), fue condenado a una multa de 14 500 dólares por vender un software a la empresa española Repsol, aditamento que se utilizó en trabajos de desarrollo petrolero en la Isla, de acuerdo con un anuncio del Departamento de Justicia de EE.UU. y del Departamento de Inmigración y Aduanas de ese país revelado a una agencia de prensa.
Según esa misma fuente, el Departamento de Justicia acusó a la empresa de Colorado de violar el bloqueo al proporcionar en el 2000 un software especializado y capacitación en informática, que luego fueron utilizados para crear un modelo para la posible exploración y desarrollo de petróleo y gas en las aguas territoriales de Cuba, sin haber obtenido previamente una licencia del Departamento del Tesoro.
NO HACE FALTA SER SOCIALISTA
Como dejó dicho recientemente el canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, el presidente Obama no tiene facultades para cambiar las leyes de su país, pero si para anular regulaciones y disposiciones presidenciales heredadas de los anteriores inquilinos de la Casa Blanca.
Todo está en que se desee realmente cambiar una política evidentemente fracasada y para ello no habría que ser socialista ni intentar romper con el sistema, como acusan los ultraconservadores los proyectos reformistas del primer mandatario para intimidar a la opinión pública norteamericana.
Basta que se oigan los reclamos de la comunidad internacional expresados en la Asamblea General de la ONU donde 185 estados, la última vez, votaron por decimoséptima ocasión en contra de esta inmoral e injusta política de sanciones económicas, tecnológicas y financieras.
El bloqueo tiene costos incalculables en sus más de cuarenta años de vigencia, se calcula que le ha infligido a la isla pérdidas por más de 98 mil millones de dólares, que al valor actual de la moneda estadounidense ascendería a una cifra mayor de 236 mil millones.
En cálculos conservadores por lo difícil de precisar su verdadero volumen, sobre todo en privaciones y sacrificios, se estima que en el año 2008 Cuba tuvo que pagar adicionalmente más de 277 millones en productos agropecuarios y otros alimentos, el transporte sufrió afectaciones valoradas en más de 357 millones y la construcción por otros 47 millones.
El próximo 28 de octubre la nueva administración tendrá posibilidad de expresarse con transparencia sobre la exigencia de cambiar la política de bloqueo, la misma que reclaman Cuba, la aplastante mayoría de estados de la ONU y numerosas personalidades mundiales.
Allí se analizará por décimo octava ocasión el informe de la isla sobre la necesidad de poner punto final sin condicionamiento a esta práctica de guerra económica contra una pequeña nación del Caribe que no tiene razones para avergonzarse del régimen social escogido por su pueblo.
En su discurso de asunción del cargo, el nuevo Presidente de la Asamblea General de la ONU, Abdussalem Treki Ali reiteró su rechazo al bloqueo de Estados Unidos contra Cuba, y destacó la amplia y constante condena internacional a esa política de asedio.
Los bloqueos son infructuosos, socavan la voluntad de la comunidad internacional y solo afectan a las poblaciones, dijo el diplomático libio, quien convocó al diálogo y el entendimiento entre los países, al cese de los bloqueos y al fin de las guerras.
El mundo pide a gritos que desaparezca el dinosaurio para que emprenda vuelo cada mañana la paloma blanca de la paz.
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Fuente: EXCLUSIVO, 23/09/09