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La extensión del permiso a ciudadanos estadounidenses para visitar a sus familiares en Cuba no cambian el bloqueo de Estados Unidos.
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El Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció el jueves último (3 de septiembre) el levantamiento de restricciones a los viajes y contactos de ciudadanos cubanos radicados en ese país con sus familiares en Cuba, lo cual ha sido interpretado como "flexibilización" de la política de bloqueo que mantiene ese país contra la nación caribeña y que ya cumplió casi cincuenta años.
Las medidas anunciadas por el vocero del Tesoro y divulgadas por numerosos medios de prensa extranjeros, en su mayoría referidos a despachos de agencia radicados en Washington, consistirían, según esas fuentes, en la extensión del permiso a ciudadanos estadounidenses para visitar a sus familiares en la isla hasta el segundo grado de consanguinidad (tíos, sobrinos, primos primeros y segundos) sin límites de veces en el año ni en el tiempo de permanencia.
Asimismo, el gobierno de Estados Unidos le permitiría a los viajeros autorizados, obligatoriamente cubanos residentes y nacionalizados norteamericanos, llevar consigo una cantidad mayor de dinero para gastar o entregar a sus familiares, extendiendo los anteriores límites a la autorización de gastar hasta 179 USD diario, permanecer el tiempo que deseen y llevar hasta tres mil dólares para obsequiar a sus familiares.
Para cualquier sensato conocedor de la realidad, las cacareadas flexibilizaciones modificarían aspectos de las medidas adicionales tomadas por el presidente W. Bush en 2004, destinadas aquellas a complementar con nuevas prohibiciones en varias áreas y restricciones impuestas por Estados Unidos a la comunicación entre cubanos residentes en uno y otro lado, como parte del castigo infligido a Cuba por su política soberana.
Otros aspectos de las disposiciones anunciadas se refieren a supuestas facilidades para las telecomunicaciones desde Estados Unidos mediante compañías norteamericanas de terceros países autorizadas o de otros proveedores particulares de esos servicios, mismas entidades inexistentes o que por leyes del bloqueo tienen prohibido establecer negocios con su similar cubana.
Las medidas encubiertas bajo el manto de flexibilización a las relaciones familiares y de comunicación con ciudadanos cubanos se anuncian como instrumentación del anuncio hecho el 13 de abril pasado por el presidente Barack Obama.
Parecería un absurdo de Perogrullo o de pobre comedia, si no se tratase de una pantomima cuyos autores pretenden aminorar la crítica creciente al mantenimiento del bloqueo y aparentan desconocer las urdimbres de las limitaciones que incluyen severas sanciones a los transgresores de las reglas del juego impuestas por Washington.
En última instancia, como no pocos empezarán a comprender, lo aprobado recientemente tras casi cinco meses de haber sido anunciado por la nueva administración no deja de ser positivo, aunque su alcance no llegue a las expectativas de una nueva política que ponga término al fracasado e injusto bloqueo comercial, financiero y tecnológico contra Cuba.
DEMENCIAL GUERRA ANTICUBANA
Se trata de medidas colaterales que rompen con disposiciones extremistas de la anterior administración en su demencial guerra anticubana, apoyadas fervientemente en su momento por los grupos de los llamados mafiosos de la ultraderecha cubano-americana muy vinculados a Bush y al Partido Republicano.
Pareciera que con la ejecución de estas decisiones, a los ciudadanos estadounidenses de origen cubano les estarían devolviendo parte de los derechos que disfrutan los emigrantes y nacionalizados procedentes de cualquier otro rincón del planeta, radicados por diversas razones en la gran metrópoli.
Espectacular privilegio: a residentes en USA que nacieron en Cuba o mantienen familiares en la isla, el Tio Sam les da el derecho de relacionarse, cuantas veces quieran, con sus familiares en la isla, llevarles algún regalo que no exceda una cifra determinada por el gobierno del Norte, les regula cuánto pueden gastar diariamente en su tierra natal y les deja la libertad de enviar remesas a sus parientes más cercanos (según definición del Departamento del Tesoro), solo a estos y no a otros amigos que allá no sean reconocidos en la anterior categoría familiar, siempre y cuando estos últimos no sean miembros del gobierno o del Partido Comunista.
¿Sabrá el gobierno norteamericano si son comunistas o empleados gubernamentales en sus respectivos países los millones de latinoamericanos, europeos, asiáticos y africanos que reciben remesas de sus familiares radicados en Estados Unidos?
Ni una palabra contiene la resolución del Departamento del Tesoro para restituir el derecho, ahora inhabilitado, de los ciudadanos norteamericanos de otro origen que deseen viajar a Cuba en calidad de turistas o por otros intereses.
Del lobo, aunque sea un pelo, dicen algunos. Otros se consuelan con pensar que el deshielo del Antártico es más lento que el inevitable desmoronamiento de la maraña de trampas que obstaculizan el normal desenvolvimiento de las relaciones respetuosas entre ambos países, sobre la base de la igualdad y el respeto a la independencia de cada cual.
Lo cierto es que, como han reiterado las autoridades cubanas, tendremos paciencia para esperar con calma el trasquilado de la fiera antes de que las aguas de los océanos se traguen las zonas más bajas del planeta.
El desarrollo de Cuba y la felicidad de su pueblo no dependen del Departamento del Tesoro de Washington.
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● La importancia de llamarse… ¿cubano?
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Fuente: EXCLUSIVO,
10/09/09