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Murió Michael Jackson, el rey del pop.
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Mocasines de charol negro, gruesas medias blancas, pantalones tubo sobre los tobillos... es imposible narrar los años ´80 cubanos sin mencionar la furia que desató aquí Michael Jackson, el rey cuya súbita muerte dejó vacante un trono donde nadie fue ni será tan grande como él...
En la era del Krimm 218 y los TV Caribe, cuando nadie sospechaba que algún día sería inventado el DVD, la juventud escuchaba al "Maicol" en cassetes ORWO o TDK, hasta que de tanto pasarlo y rebobinarlo acababan por enredarse en los cabezales de las escasas grabadoras.
Para mis escasos 5 años, el "Annie, Are you Ok?" del Smooth Criminal era en verdad "Beibi Ayuboki", y miles de veces me fui de narices contra el piso intentando imitar aquella inclinación suya que desafiaba toda ley gravitacional, pero que yo creía posible.
Recuerdo las colas en el cine Camilo Cienfuegos de Santa Clara para ver al mejor de los hermanos Jackson en "Moonwalker", y al salir los chiquillos repasábamos los pasillos que nadie bailó como él, en especial aquel suave caminar hacia atrás que nos hacía alucinar.
Precisamente el "moonwalk" fue una de sus marcas registradas, como su guante blanco cubierto con cristales de swarovski, su chaqueta de lentejuelas, sus gafas de aviador y su nariz… bueno… lo que quedó de ella tras un seremil de correcciones quirúrgicas…
No recuerdo si fue "Don´t stop ´till get enough" o "Beat it" lo primero que oí del Rey, el verdadero, no ese gordo de Memphis con cuya hija Lisa Marie se casó por puro marketing, algo que dominó con tal maestría que muchos lo creímos casi inmortal.
De hecho, menos de 24 horas después de enterarme de su muerte por un paro cardiaco, me sorprendí disertando sobre su obra ante una joven pareja que me miraba y oía como a un ingeniero que les habla entusiasmado sobre ese nuevo invento… el sacacorcho.
Fue duro despedirme del risueño mulatico que imploraba el regreso de "María", o del esbelto joven que fruncía el ceño al agarrarse la bragueta, para verlo transformarse en el caricaturesco Hombre sin Rostro, opacado por rumores, acusaciones y escándalos…
Sus admiradores cubanos, machistas a morir, le perdonábamos incluso su supuesto homosexualismo y sus insolutos traumas infantiles, que lo llevaron a una vergonzosa pedofilia que nunca logró desmentir: tan grande era su música, tan inmensa su leyenda…
Sigo pensando que "Billie Jean", con guitarras de Van Halen, es quizás la mejor canción de todos los tiempos, o al menos una de las cinco imprescindibles. Sigo coreando "We are the World" aunque me parezca hipócrita. Sigo venerando el "History: Past, Present and Future" como un álbum de culto. Y sigo pegándome en las narices tratando de imitar aquella inclinación que me niego a creer que era puro efecto de cámara…
El "Maicol" se nos fue, su leyenda continúa… y el chisme también…
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Fuente: EXCLUSIVO,
27/06/09