Indignados-España

Tormenta ibérica

El gobierno derechista español acaba de enfrentar su primera huelga nacional a escasos cien días de su estreno, pero la pugna sigue...

Nestor Nuñez Dorta

4/04/2012

EXCLUSIVO

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No es para sorprenderse. Si con el ejercicio oficial de una titulada agrupación de corte moderado como el Partido Socialista Obrero Español, la gente en aquel país europeo se las vio con la soga al cuello en materia económica, era inevitable que con el regreso de la derecha neoliberal amontonada en el Partido Popular, el asunto equivaldría al suicidio.

De manera que el ascenso de Mariano Rajoy a la jefatura del gobierno hispánico en medio de los severos embates de la crisis económica surgida en los Estados Unidos en 2008 y convertida en pandemia universal a estas alturas, no podía augurar nada más que desgracias.

Con más razón cuando Europa tiene tantos agujeros como un colador, y por tanto lo peor de la debacle encontró el hábitat necesario para establecerse, crecer, multiplicarse, y hundir y acogotar a diestra y siniestra.

De hecho, el Viejo Continente vive con el peso de una creciente etapa recesiva sobre sus curvados hombros, junto a los sobresaltos y angustias derivados del severo endeudamiento de muchos de sus gobiernos, la conversión en polvo del titulado “estado de bienestar general” con el que se engatusaba a buena parte de la población, tasas de desempleo entre diez y veinte por ciento según el caso, y con la demanda de recortes y ajustes como pretendidas soluciones al problema, no importa la suerte del más débil, el más vulnerable, o de aquel que un golpe inesperado le colocó en franca desgracia.

Y España no era ni es una excepción, por el contrario. Ha sido de las primeras economías en resquebrajarse y llevar a la exasperación a su gente, situación que con el gobierno del PP ha elevado su rango traumático.

A nombre de sacar al país de la crisis y hacerlo “aceptable” como integrante de la quebradiza Unión Europea, la administración Rajoy asumió “trasformar la realidad”, solo que a cuenta de las más rancias medidas neoliberales con su carga de ajustes arrojados sobre las mayorías.

En ese sentido, el sitio WEB 20minutos.es, relacionaba precisamente las principales decisiones oficiales frente a la crisis que afecta a la sociedad española, y se hacía eco de la huelga general y las masivas protestas populares que le secundaron, violentamente reprimidas por cierto. Jornadas en las cuales diversas fuentes aseguran que tomaron parte unos diez millones de ciudadanos.

Así, la ya citada página digital subraya que en el sensible campo económico y laboral, el Partido Popular , entre otras cosas, ha otorgado el derecho a los empresarios a recortar los salarios sin previa negociación, ha prohibido recurrir demandas ante los tribunales por situaciones anómalas con los empleos si no afectan a más de cincuenta trabajadores, y ha implantado la reducción de las indemnizaciones por despido.

A ello se unen paquetes que reducen drásticamente los gastos sociales de las administraciones, establecen congelamientos de salarios, instituyen cortes presupuestarios superiores a los 8 mil millones de euros, y estimulan las privatizaciones de medios públicos de comunicación, sobre todo en el sector autonómico.

En fin, todo un programa dedicado, no precisamente a la mejoría de la vida de los más urgidos, sino a remarcar su papel de entes desechables para economías que únicamente apuntan a la opulencia de minorías privilegiadas.

La huelga general de fines de este marzo ha sido entonces la reacción lógica de los agredidos contra los agresores. La advertencia de que los recortes, ajustes y brutales cargas no van a ser asumidas con tranquilidad ni sumisión, y el reiterado anuncio de que España sigue transitando también por la senda de la intranquilidad, el descontento y las inestabilidad que ya enfrentan varias naciones de la titulada zona euro, como Grecia, Portugal o Italia, entre otras.

Por lo demás, junto al papel que puedan desempeñar los gobiernos con sus políticas más o menos drásticas, más o menos represivas, lo cierto es que el asunto apunta a la propia estructura del capitalismo, a sus cimientos y a sus pilares claves.

Y es que no hay futuro para un orden que reparte la injusticia en vez de procurar la equidad, que discrimina en vez de unir, que excluye en vez de apoyar, y que mantiene como pivote de su diseño el bienestar de unos pocos a costa de las limitantes para los más, no importan al final los sofismas y disfraces con los que se intenta recurrentemente torcer las mentes de la gente y envolverlas en el oropel, las luces y los disfraces de supuesta prosperidad.

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