Dilemas de La Gallina

Kevin Fernández, el ganador del Concurso Internacional de Minicuentos “El Dinosaurio” conversa sobre los retos del género y de su generación…

12/06/2012

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La voz de Kevin Fernández, curiosamente apagada y aguda al inicio de la conversación, se fue haciendo cada vez más grave y honda. Sus palabras parecían tender una capa sobre el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. De pronto 5ta avenida hizo silencio, los carros apagaron sus motores para escucharlo. Y la pequeña gallina de su cuento, su mini-cuento, a medida que la explicaba fue tomando las dimensiones de un dinosaurio, la altura simbólica de El Dinosaurio, de Monterroso.

Ahora que podemos leer la media página en que su historia nace, se desarrolla y muere como todo ser vivo, ahora que la editorial Caja China recién publicó La gallina y otros minicuentos, donde tenemos la oportunidad de comparar esta obra, la ganadora, con aquellas otras con las que compitió, ahora podemos entrever el difícil arte de escribir un minicuento. Pero solo entreverlo.

Es necesario escuchar (o leer en este caso) a Kevin explicar las sutiles piezas que conforman el género, para comprenderlo. Incluso desde el susurro, este joven escritor va sentando cátedra, como lo que es: un profesor. Y como profesor de Español y Literatura, resuelve con ideas sólidas, con definiciones limpias y profundas como disparos, cada pregunta que uno le hace. He aquí cómo su voz de David empuña la onda.

- En el prólogo a La gallina y otros minicuentos, Eduardo Heras León ve en tu obra una vocación borgeana. ¿Tiene tu historia alguna relación con Borges?

Dice Monterroso que Borges es de esos escritores que son como una enfermedad, como Kafka, que tú los lees y se te quedan dentro. Entonces, cuando escribes empiezan a salir las cosas de él casi que involuntariamente. Lo que creo es que no estoy imitando conscientemente a Borges, sino que utilizo elementos de los que él se sirviera, como la personificación de fenómenos abstractos como el destino.

En realidad lo que yo buscaba con La Gallina era homenajear a Augusto Monterroso. Vuelvo sobre su minicuento El Dinosaurio. Él nos entrega un animal inmenso y lo introduce en un cuento muy pequeño, un minicuento. Yo elijo una gallina y la pongo sobre el ferrocarril transiberiano, que es inmenso.

- ¿Qué cualidades distinguen al minicuento de otros géneros?

El minicuento, en mi opinión, puede aprovechar casi todo el arsenal retórico, técnicas literarias, que utilizan los demás géneros, pero el valor de las palabras es mucho mayor. En una novela de Tolstoi, una palabra aislada no tiene mucho valor, sin embargo, en un minicuento sí, porque utiliza una menor cantidad en el texto, y despierta lógicamente más atención de manera individual. Por ejemplo, puedo hacer planos paralelos, pero lo que me tomaría una escena entera en una novela, debo aquí resolverlo con una línea.

Muchos minicuentos buenos son historias que necesitaban de ese espacio para contarse. Hay personas que pueden escribir una historia que tome 15 páginas solo porque sienten que tienen que utilizar ese número, ni más ni menos. Pero si uno necesita una página debe utilizar esa sola, si son cinco líneas pues cinco.

Lo que distingue al minicuento principalmente es su brevedad y el ejercicio de la síntesis, que todos los recursos deben estar en función de lo mínimo.

- Según Eduardo Heras León, tu generación de escritores tiene un interés marcado por el minicuento. ¿Qué características, en tu opinión, las distinguen de las pasadas en cuanto a intereses, preocupaciones, estéticas, géneros...?

Es como un acto de ligera frescura hacerse portavoz de una generación literaria. Porque realmente estás hablando de ti, pero te da vergüenza mostrar tu megalomanía a campo abierto, entonces dices que la generación tal..., o el grupo tal... o los escritores de Cuba, incluso que el pueblo, el país y el mundo; cuando en realidad eres tú. Lo único que puedo decirte es las cosas que yo veo que hay que hacer.

- Como lector, también debes tener una opinión formada

Creo que hay que abandonar los personajes escritores, o reducirlos al mínimo. Es casi un síndrome, si lees la mayoría de la literatura que se ha hecho después de 2003 en Cuba, y puede que en el mundo, casi siempre se está hablando de la literatura dentro de la literatura y los personajes que hay son escritores. A eso yo le llamo bolañismo, porque si lees a Roberto Bolaño te das cuenta de que todos los personajes que hay ahí son escritores. Llega un barrendero y resulta que escribe, eso no casa con la realidad.

- Monterroso también tiene sus buenos cuentos con personajes escritores.

Eso se debe a que el mundo especializa más las profesiones. Pero un escritor debe mantener su universalidad. Porque en el fondo a las personas les interesa eso hasta cierto punto, incluso a los colegas. Si soy escritor, puedo leer un libro que hable de eso por simpatía, al segundo ya no me interesa lo que estás diciendo, porque son los mismos problemas que yo tengo. Para eso lo escribo yo mismo. Ese libro hecho para escritores tiene problemas a los que ni su propio público le es fiel.

Por ejemplo, Bioy Casares en los 80 se estaba dando cuenta de ese problema y fue cuando escribió La aventura de un fotógrafo en La Plata. Tenía que pensar en un fotógrafo porque no venía bien un escritor, terminas en esos casos hablando de ti mismo con mucha facilidad.

El otro problema de mi generación es que tenemos que llevar la literatura al nivel que han alcanzado las demás manifestaciones artísticas. En Cuba y el mundo, algo que queda pendiente que más o menos se ha tratado de hacer en el Centro Onelio Jorge Cardoso pero con resultados muy escasos, son estudios organizados de creación literaria.

La mayoría de las personas que trabajan en el mundo de la literatura ni siquiera creen que sea posible hacerlo, pero si existen escuelas de pintura, de música, de escultura, ¿por qué no pueden existir escuelas de creación literaria? Todas las materias que se imparten en otras manifestaciones se pueden traducir a la literatura.

Fíjate, el ciclo de que dispone un escritor para alcanzar obras de madurez se acortaría. Uno compara los premios nacionales de literatura con los premios de artes plásticas y en el caso de los primeros se trata de ancianos, enfermos los pobres. En ocasiones, el de la plástica lo recibe alguien con 50 años.

Los escritores también queremos eso. Pero no lo vamos a lograr si tenemos que aprenderlo todo por nuestra cuenta, confiar en que un amigo nos diga lo que necesitamos saber. Necesitamos estudios organizados y convencer a las autoridades de que eso vale la pena.

Nuestro reto es seguir haciendo literatura, seguir escribiéndola bien y lograr insertarnos en un mundo que nos rechaza y que nosotros, en reacción, rechazamos. No podemos encerrarnos en nosotros mismos. Debemos intentar de involucrarnos con él.

Sobre el autor

Justo Planas Cabreja

Periodista que aborda temas culturales, especificamente cine y literatura. Recibió el II Premio de Ensayo “José Juan Arrom” por el trabajo “El reverso mítico de Elpidio Valdés”.

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